Violencia de género digital, violencia real: cuando el miedo se teclea de forma expansiva
Seriedad y el impacto tangible de la violencia online.
Crecí en Guatemala cuando los teléfonos eran fijos y el correo tardaba días sino meses en llegar; nunca imaginé que en un solo aparato cupiera el mundo. Mi vida transcurrió en analógico mientras lo digital se instalaba sin avisar, transformando todo. La comunicación masiva vino a evolucionar aspectos de la conectividad de manera rápida, fluida y efectiva, no solo con la familia sino con amigos, grupos de personas y organizaciones con intereses comunes y el mismo ejercicio del derecho. Pero … ¿Qué pasa cuando ese mundo en el bolsillo se vuelve un espacio hostil para las mujeres?
En esa constante transformación de la comunicación y de las redes sociales que iniciaron con simples listas de amigos, y dieron un salto a plataformas comunitarias para luego centrarse en el contenido y la comunicación masiva expandiéndose a la mensajería instantánea, mensajes visuales y mensajes de video corto. En menos de dos décadas pasamos de la conexión personal a la comunicación masiva, el marketing y el consumo de contenido viral con una rápida adopción móvil donde el patriarcado digital se instaló en las mismas.
Me fue fácil acostumbrarme al acceso a información en tiempo real, a utilizar y mejorar las habilidades de comunicación de manera creativa. Sin embargo, a partir de mi trabajo en derechos humanos iba lidiando con la violencia de género digital como una forma contemporánea de control patriarcal sobre las mujeres, especialmente aquellas con voz pública.
Inicialmente, antes de sufrir en carne propia la violencia de género en línea, noté que es común que las mujeres seamos objeto o blanco por ser profesionales, estudiantes, trabajadoras, esposas, comerciantes, o simplemente por realizar acciones que nos permiten desarrollarnos plenamente. Simplemente por ser mujer nos “castigan” por ocupar el espacio público.
He logrado advertir que las redes sociales son utilizadas por personas o grupos de personas anónimas que manejan cuentas en las redes con la finalidad de causar miedo, intimidar, acosar, amenazar, humillar y se ha llegado a difundir contenido privado de las mujeres sin consentimiento como un mecanismo de control social sobre los cuerpos y las voces.
La violencia de género en línea ha ido evolucionando a formas que se han vuelto comunes. Tales como difundir contenido íntimo sin consentimiento, eso significa compartir fotos, videos o audios sexuales sin permiso, o bien mensajes ofensivos, amenazas o insultos como en mi caso, que por realizar mi trabajo como abogada soy víctima de injurias, haciendo uso de expresiones grotescas de mi edad, de mi trabajo, así como de mi aspecto físico como si todos tuvieran derecho a opinar sobre mi persona.
Otra forma muy común es la revelación de información privada como la dirección de su casa, su lugar de trabajo, lugar de estudios o número de teléfono para exponer a la víctima. Asimismo, la utilización de la imagen de la víctima suplantando la identidad con la creación de perfiles falsos, hasta llegar a generar discursos de odio y misoginia, es decir la promoción de violencia contra la mujer.
Vemos cómo, las redes sociales, son utilizadas para controlar y silenciar a las mujeres en su vida diaria o profesional teniendo un enorme efecto negativo, limitando u obstaculizando el acceso seguro a la información. Lo más grave es que afecta los derechos humanos y tiene consecuencias negativas de gran impacto personal, familiar e incluso social.
Hasta el momento no hemos visto, que exista un límite, regulación y efectos legales que detengan esa violencia que limita derechos fundamentales para las mujeres y que inevitablemente esa violencia de género en línea provoca consecuencias graves personales como ansiedad, miedo, depresión y pérdida de la autoestima. Incluso fuera del internet existe una sensación de vulnerabilidad por no contar con herramientas legales efectivas que nos protejan.
Además, la violencia de género en línea, lleva a sufrir riesgos físicos al ser identificadas o ubicadas y la dificultad para denunciar o para obtener una respuesta por parte del Estado nos deja en total desprotección. En mi caso, como abogada han intentado de manera irracional desacreditarme como profesional del derecho, haciendo señalamientos y burlas sobre mi aspecto físico, mi edad, mi forma de vestirme, cómo me expreso. Incluso a decir mentiras sin consecuencias siendo de forma evidente como la violencia de género digital se ha convertido en una forma contemporánea de control patriarcal sobre las mujeres, especialmente aquella con voz pública.
Esta forma de violencia es un hecho constante en diferentes mujeres que nos exponemos y somos afectadas por el trabajo que desarrollamos en derechos humanos como el hecho de criticar algunas estudiantes y jóvenes por realizar actividades políticas, mujeres periodistas o comunicadoras que informan de manera efectiva, a mujeres indígenas, migrantes o por el papel que desempeñan las mujeres en la política.
Tampoco existen mecanismos para evitar consecuencias a nivel social, ante la violencia de género en línea se deja de publicar, opinar o participar en debates que lleva al aislamiento digital: abandono de redes o restricciones severas en su uso. Y esta exposición social puede llevar a afectaciones laborales especialmente para quienes trabajan con presencia pública.
No podemos ignorar que la rapidez con que evoluciona la tecnología es un desafío importante que debemos utilizar a favor, también poder generar propuestas para evitar que sea normalizada la cultural de la agresión y promover acciones de parte de las autoridades para atender denuncias de violencia digital de manera efectiva, además de generar en las universidades una educación digital con perspectiva de género.
Existe una claridad de que la violencia de género en línea es violencia real. Que debemos generar políticas para la protección de las mujeres en espacios digitales como un derecho. Y esto solo puede hacerse de manera articulada para que exista una responsabilidad colectiva: instituciones, plataformas, sociedades que puedan evitar que la violencia digital vaya en aumento.