Tintas
Las calles ocupadas durante el Paro Nacional de 2023 hicieron visibles otras maneras de ejercer ciudadanía. Allí, la política se expresó mediante consignas, juegos, piñatas, arte, humor, conversaciones y redes de solidaridad. La cocina y la manifestación, la sobremesa y la plaza, la memoria familiar y la defensa del derecho al voto dejaron de ser mundos separados. Las experiencias de adolescentes, madres y abuelas muestran cómo se aprende a defender la democracia, en un encuentro intergeneracional atravesado por la pedagogía política entre mujeres.
El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 66/170 en la que declaraba el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña, con el objetivo de reconocer los derechos de las niñas y los problemas extraordinarios a los que ellas se enfrentan en todo el mundo: discriminación, racismo, trabajo infantil, abandono escolar, violencia sexual, embarazos, matrimonios y uniones forzados; desaparición forzada, trata de personas, violencia física, entre otros.
Quiero empezar esta columna resaltando que el debate con respecto al aborto puede y ha sido abordado desde lo filosófico, lo religioso, lo social o lo sanitario. Los mejores argumentos que buscan des-estigmatizar el aborto, lo retratan en términos estadísticos o ilustrando aquellos casos cuyos panoramas son fatales. No todos los abortos suceden en personas precarizadas, y esos casos no deberían de ser los únicos legítimos.
La serie The Pitt tiene muchos problemas… y el mayor de ellos es dejar a mujeres negras por fuera para darle más protagonismo a los hombres.
Durante gran parte de la historia las mujeres no teníamos elección ni autonomía. Para el mundo, el lugar de la mujer estaba en la casa. Su responsabilidad eran los hijos. Su realización debía hallarse en el matrimonio. Los hombres estaban hechos para trabajar y participar de la vida pública; las mujeres, para cuidar. Incluso, cuando comenzamos a conquistar espacios fuera del hogar, nuestros cuerpos continúan sujetos a reglas escritas por hombres.
Josefina Espinoza es una mujer de 60 años, originaria del municipio de Santa Rosa. Desde hace 10 años es parte del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia, Sitradomsa. Tuve la oportunidad de conocer su historia de vida en un taller dirigido a periodistas y columnistas de Ruda y Prensa Comunitaria junto a trabajadoras domésticas y de casa particular, como parte de la campaña de sensibilización “No es ayuda, es trabajo”. Aquí presento su historia, que merece ser conocida, tal y como ella me la contó.
Seguramente han escuchado la historia de Fátima nombrada bajo este seudónimo. Ella era una niña que asistía a una guardería estatal en la que el director, incluso después de dejar el cargo, permaneció cercano a ella y a su familia, y aprovechando esta confianza la llevó a un viaje, supuestamente a un taller, en el que la violó y como resultado de ello, también la embarazó.
Estar expuestas diariamente a estresores como el tráfico podría afectar tu salud mental más de lo que crees.
“Me sentía como desnuda”, me dijo Caty cuando recordó el día en que dejó de usar su indumentaria maya para ponerse el uniforme de trabajadora de casa particular. Había dejado atrás los campos abiertos de Sacapulas, Quiché, para llegar a un cuarto pequeño en la ciudad de Guatemala. Esta es su historia.
Soy mamá de tres hijos hermosos. Como muchas mujeres del hogar, realizo todos los oficios de casa, como barrer, trapear, hacer limpieza, lavar ropa y hacer comida. Yo me llamo Luna y les voy a contar sobre mi historia alrededor de los cuidados.
Yo era una jovencita de 18 años que deseaba trabajar para poder ayudar a mis papás, ya que tengo varios hermanos y cuatro de ellos son menores, y otros cuatro, mayores. La situación que vivimos es muy difícil, no alcanza lo que se gana y pensé que yo también debía trabajar.