Tintas
Soy mamá de tres hijos hermosos. Como muchas mujeres del hogar, realizo todos los oficios de casa, como barrer, trapear, hacer limpieza, lavar ropa y hacer comida. Yo me llamo Luna y les voy a contar sobre mi historia alrededor de los cuidados.
Yo era una jovencita de 18 años que deseaba trabajar para poder ayudar a mis papás, ya que tengo varios hermanos y cuatro de ellos son menores, y otros cuatro, mayores. La situación que vivimos es muy difícil, no alcanza lo que se gana y pensé que yo también debía trabajar.
Nos han contado la misma historia tantas veces que a veces se nos olvida que es mentira. Nos dicen que solos no podemos, que somos pocos, que el sistema es demasiado grande y nosotres demasiado pequeñes; que los cambios reales los deciden otras personas en otros lugares, con otros apellidos. Esa narrativa es una herramienta. Quienes sostienen el poder opresor necesitan que creamos que estamos desamparados, porque una persona que se cree sola no organiza nada. No exige. No incomoda. No transforma.
“El exilio no solo afecta a quienes tuvieron que salir de forma forzada, sino a quienes se quedaron”
Compartimos el discurso de presentación de Carlos Beristain, director del informe “La verdad del exilio. Ética, criminalización y lucha por la justicia en Guatemala (2014-2025)”, el cual recoge casos desde 2014, tras la sentencia del caso de genocidio y la salida de la fiscalía de Claudia Paz, un proceso que aumentó de forma notable en 2019 con el cierre de la CICIG y posteriormente el pico de 7 de cada 10 personas entrevistadas que salieron al exilio se dio a partir de 2021 tras la destitución del responsable de la FECI, y un aumento de nuevo en 2024 de quienes fueron detenidos o salieron al exilio por su defensa de la democracia.
2020, Pandemia Covid-19. Sin oportunidad de trabajo profesional decidí migrar a la ciudad donde no había oportunidad de ejercer mi profesión. Acepté un trabajo de trabajadora doméstica. Las reglas eran no revelar para quién trabajaba y no tener comunicación con nadie en horario laboral.
“Los humanos, en su mayoría, son aburridos y torpes. Pero de vez en cuando saben ser criaturas luminosas”.
Hay una diferencia entre no saber y no querer. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) de Guatemala lleva años demostrando que domina esa diferencia mejor que nadie: sabe exactamente qué le falta, tiene las propuestas técnicas sobre el escritorio, cuenta con cronogramas internacionales de referencia y hasta con el personal capacitado para avanzar. Y aun así, no avanza.
“Esperamos que la música pueda ser escuchada y amada por lo que es, en lugar de ser dividida por regiones o idiomas." -BTS-
Tratar de plasmar mis opiniones en esta columna sobre el libro que leí en el último mes es difícil; difícil de describir, difícil de recordar lo que las mujeres viven entre la normalidad de asumir la realidad. Para mí, la maternidad trae un hilo con las mujeres de mi familia, y si leíste mi columna anterior sobre la maternidad, sabrás lo que significa para mí. Pero, ¿qué es maternar? ¿De qué punto estoy hablando yo, qué fue para el resto de mujeres? “Fruto”, de la periodista mexicana Daniela Rea Gómez, se volvió esa red de mujeres para conocer otras realidades o la realidad de la que simplemente evitamos hablar.
Hace un buen tiempo era constante que me dijeran “señorita”. Vino la adultez y con ella, el famoso -y temido- “señora” de los memes fue más recurrente. Estos últimos meses, el “madrecita” ha estado presente en el día a día…y por más que estas expresiones sean dichas con la mayor amabilidad, siempre me generan incomodidad.
Cada semilla era un libro diminuto escrito por generaciones que aprendieron a conversar con la lluvia, a leer el comportamiento de los suelos y a distinguir qué planta resistía una sequía o una plaga.
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM) en su quinta edición, una fobia es definida como “Un miedo o ansiedad intensa, desproporcionada e irracional hacia un objeto o situación en particular”. Y para ser diagnosticada como tal, necesita cumplir ciertos criterios, tales como: miedo o ansiedad intensa; respuesta inmediata, desproporción, evitación activa, persistencia y deterioro funcional.
La gran mayoría de las personas que viven las consecuencias de la desigualdad en América Latina llegan a votar por quienes prometen profundizar el modelo que la genera. El problema a fondo nunca ha sido la economía, sino más bien la falta de identidad, personas que aspiran a estar cerca de un status imaginado antes que defender sus propios derechos; siempre votan por lo que aspiran a ser y no por la realidad en la que viven, omitiendo mejorar su vida de forma concreta. No es falta de información, es exceso de manipulación.
Hoy en día ya es bastante común hacer referencia a los “Derechos Humanos”, hablar de su defensa, así como de la violación a los mismos. Buena parte del imaginario colectivo, no solo de Guatemala, sino del mundo, reconoce a Francia como la propulsora de dichos principios, al haber aprobado la “Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano”, en 1789, sentando bases para la democracia moderna, reconociendo dichos derechos como “naturales e inalienables”.
La ciudad del “futuro” colapsa cada temporada de lluvia, pero esto no es un fenómeno natural: es el resultado directo de decisiones políticas. Calles mal pavimentadas, drenajes sin mantenimiento, banquetas destruidas o inexistentes y una planificación urbanística prácticamente nula. Aquí no hay sorpresas, hay abandono.
“U my baby mama. I won” (Eres la madre de mi hijo. Yo gané). Cuando leí esto, quedé en shock. Literalmente, quedé en shock, boca abierta y viendo la pared por un par de segundos.
Nos enseñaron a identificar el acoso en las calles, en los autobuses o en los espacios públicos. Pero no nos dijeron que también podía perseguirnos hasta nuestras casas; escondido detrás de una notificación, un mensaje privado o un comentario en redes sociales también podía verse.
Hay una imagen que el imaginario colectivo repite cuando se habla de personas trans abandonadas: la de alguien con una maleta en la puerta de su casa, echado a la calle por una familia que no quiere comprenderle. Es una imagen real. Sucede. Y sucede con demasiada frecuencia, especialmente entre mujeres trans que son expulsadas de sus hogares en el momento en que se atreven a decir quiénes son.
La gallina murusha[1] se le atravesó de nuevo en los sueños. La vio corriendo despavorida junto a la bandada buscando las hojas de repollo que les acaba de tirar en el patio para que coman. La nombró Murushona, desde que la pollita nació. Su abuela Tiba le regaló dos huevos de su gallina inglesa, una miniatura de gallina con las plumas colochas[2], mismos que Emelda puso junto a los otros cuando una de las gallinas de la casa se quedó. Durante las tres semanas de incubación estuvo atenta al nacimiento de las crías y fue todo un festejo cuando sus dos pollitas nacieron.
“Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad”, fueron palabras expresadas por el comandante Fidel Castro Ruz ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el 12 de octubre de 1979.