Tintas
Entre recuerdos, crianza y academia, esta Tinta cuestiona el falso dilema de ser o no madre en este ámbito, ubicando el análisis en las condiciones estructurales para ejercer la maternidad.
A lo largo del tiempo, históricamente el Primero de Mayo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores, cuyo origen nace de una lucha concreta: la jornada laboral de 8 horas. No fue un regalo, fue pelea, calle y organización. Una lucha de los sectores obreros que tuvo un tono más político que festivo y que incluso, hoy sigue siendo un termómetro de conflicto social: salarios injustos, informalidad, migración laboral, represión. Y es donde entra también un tema que incomoda, porque no se quiere ver: la historia de las mujeres mal pagadas, invisibilizadas y doblemente explotadas.
Hay una forma de desaparecer que no hace ruido. No es una expulsión violenta ni una negación explícita. Es más sutil: es simplemente no ser nombrado. Es que los formularios no tengan una casilla para ti, que los estudios no incluyan tu categoría, que los fondos se repartan entre quienes sí aparecen en el papel. Para los hombres trans y las personas transmasculinas, esa desaparición tiene capas.
Hoy estamos viviendo cosas que ingenuamente pensé que nunca vería, crecí con una idea de que como humanidad habíamos aprendido los peligros del odio y que no repetiremos nuestros errores. Lastimosamente me di cuenta, desde la primera vez que Trump fue electo y escuchando discursos de líderes como Bolsonaro y Narendra Modi, que no es así. Esto me llevó, como siempre, a sumergirme en la historia para encontrar consuelo en un mayor entendimiento o simplemente escapar, y me di cuenta de que estamos viviendo un patrón que se ha repetido durante siglos.
En el marco del 1º de Mayo, Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores, desde el Consorcio por los Derechos Laborales y del Cuidado Remunerado y no Remunerado de las Mujeres, alzamos nuestra voz para reconocer, visibilizar y dignificar el trabajo de las mujeres en todas sus formas: remunerado y no remunerado.
Si nos preguntaran de frente y una a una o uno a uno, seguramente coincidiríamos en el repudio y condena que nos causa la violencia sexual, y la urgencia que tenemos como país para su erradicación; sin embargo, cuando nos adentramos en la conversación, las formas de hacerlo suelen variar, y esto está relacionado a nuestra experiencia situada, nuestra formación, nuestros valores, las emociones que nos atraviesan y básicamente las formas en las que comprendemos el mundo.
El “nail art” (arte de uñas) siempre ha sido algo que me ha gustado. Antes, yo no tenía las uñas largas; de hecho, en ese entonces me regañaban por morderlas. Ahora no imagino mi vida sin las uñas largas y pintadas. Incluso, ahora bromeo con que cuando me corto las uñas siento “la mano corta”. Las uñas largas y pintadas me dan un sentimiento de movimiento (y no solo porque muevo mucho las manos cuando hablo).
Las mujeres lideran la búsqueda de sus familiares y personas víctimas de desaparición forzada. En noviembre de 2025 Daniela Andrea Mostacilla, buscadora e investigadora colombiana, profesora de matemáticas, presentó en la ciudad de Guatemala y en Quetzaltenango su libro titulado “Resistiendo al olvido, Memorias de una mujer indígena sobre la búsqueda de un desconocido”, editado por John Sabogal y Elisa Ribeiro. En su libro, Daniela narra el proceso de búsqueda de su padre y el contexto e historia de la Colombia en conflicto.
El verano llegó y con él los días soleados. Para muchas personas, eso significa playa. Para mí, en cambio, significa enfrentar algo más que el calor o la arena. Quizá soy la única que se siente así, pero desde mi historia, una en la que ni siquiera sé nadar, la playa no es un espacio cómodo, al menos para mí. Es un lugar donde el cuerpo se vuelve visible, donde no hay capas que lo oculten, donde el traje de baño deja poco espacio para esconder inseguridades que, al menos en mi mente, enfrento.
La narrativa oficial insiste en que la migración es un problema de fronteras, de flujos desordenados y de contención que debe resolverse mediante la fuerza. Sin embargo, para miles de mujeres centroamericanas y mexicanas, la movilidad humana es, en realidad, un éxodo desesperado frente a un Estado que las ha abandonado o, peor aún, que las persigue.
El 25 de marzo de 2026 se dio un acto muy importante para el pueblo negro en el mundo. Al leer la resolución de la ONU, llegaron a mi mente muchos rostros, bellos rostros de mis abuelas y abuelos, de hombres y mujeres valientes que hasta el día de hoy han permitido el sostén de la vida, de muchos pueblos y de muchos hombres y mujeres en el mundo, gratitud infinita para ellas y ellos.
A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas, solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó, porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar. El futuro conviviente, entonces arregló con su papá sin que su mamá ni ella supieran y éste aceptó la dote de tres vacas y dos yeguas, diez quintales de máiz y dos de maicillo.
Feminismo y Día Internacional de la Mujer. El feminismo me ha dado unos nuevos ojos y oídos. A veces lo que estamos buscando está allí nomás.
Hay algo profundamente atractivo en la idea de que toda decisión que tomamos como mujeres por definición es feminista. Que sin importar lo que hagamos, ya sea querer o no maquillarnos, casarnos etc., el simple hecho de haberlo decidido convierte ese acto en emancipador. Esta versión simplificada y poco profunda de qué es el feminismo es comúnmente conocida como choice feminism. Lo peligroso de este es que ignora que el movimiento feminista es un movimiento político y que busca activamente luchar contra las estructuras patriarcales dentro de las cuales existimos.
Soy la hija de la última generación de mujeres maltratadas. Tiradas en una esquina, sin valía, sin amor las siempre olvidadas. Las obligadas
Era 1994, tenía aproximadamente 17 años y estaba en V Magisterio de Primaria en un colegio religioso de mujeres. Llevábamos un curso que, para la época y el contexto, resultaba pionero: “Teoría de género”. Esa fue la primera vez que empecé a escuchar de feminismo. No dimensionaba lo que esto significaría para mi vida.
El 8M se acerca y con la efeméride marcas que la inundan de publicidad, utilizando el día para el consumismo. Tiendas con descuentos “para ellas”, frases empoderadoras impresas en camisetas hechas en fábricas donde otras mujeres trabajan en condiciones precarias. Claro, esa es la función del marketing: convertir cualquier fecha en oportunidad de venta y esta no es la excepción a la regla. Pero, ¿qué significa para nosotras el 8M? ¿Es celebración o conmemoración?
Este territorio mío Con sus planicies Con sus montes Con sus ríos