Perfiles falsos, niñas en riesgo
Escrito por Mariela Castañón
Hace un año realizamos la investigación periodística “Violaciones tras las rejas” y descubrimos que detrás de los perfiles de redes sociales que suponían pertenecer a jóvenes adolescentes, había reclusos vinculados con el crimen organizado.
Por Mariela Castañón
Las redes sociales son un mecanismo útil para facilitar la comunicación e interacción en el trabajo y en la formación académica, sin embargo, también es un medio que pone en riesgo a las niñas, niños y adolescentes, que carecen de la supervisión o acompañamiento de sus padres, madres o tutores.
En la investigación “Violaciones tras las rejas”, descubrimos que en nueve de 12 casos de niñas y adolescentes que sufrieron una violación sexual adentro de las cárceles de hombres, fueron contactadas y seleccionadas por medio de las redes sociales.
Los pandilleros y narcotraficantes que las contactaron utilizaban fotografías falsas en su perfil y todo iniciaba como una “relación de amistad”, que escalaba al “noviazgo”. Una vez tenían “la confianza” de las niñas acordaban un “punto de encuentro” para “conocerse”.
En ese encuentro, las proxenetas, integrantes de las bandas, secuestraban a las niñas y adolescentes en taxis o mototaxis y las trasladaban a los centros de detención donde dejaban a las menores de edad a merced de los reos, frente a la mirada pasiva o complicidad de trabajadores penitenciarios.
Adentro las adolescentes eran violentadas sexualmente por uno o más hombres, que las obligaban a pernoctar en los recintos hasta 48 horas. Adentro algunas perdían la conciencia porque las obligaban a ingerir alcohol o drogas. Las niñas y adolescentes, después de ser usadas como objetos sexuales eran lanzadas a la calle, algunas con la consigna, bajo amenazas, de “colaborar” con los grupos criminales para captar a nuevas víctimas.
El ciclo de violencia no terminaba para las jóvenes, después de sufrir un delito tan grave, seguían siendo hostigadas por las estructuras criminales para regresar a las prisiones como “novias” de los pandilleros, reclutar a otras niñas o involucrarse con extorsiones al transporte o a comercios.
En las audiencias pude escuchar la forma cómo los grupos criminales acosaban con violencia a estas jóvenes y el miedo que infundían con sus amenazas y palabras soeces que dejaban paralizado a cualquiera que los escuchara.
Cuando concluí la investigación me preocupó el nivel de riesgo en el que se encuentra la niñez y la adolescencia al usar un teléfono, una computadora o cualquier dispositivo, sin la verificación de una persona adulta que pueda acompañarlos o informarles sobre los riesgos en el ciberespacio, internet o redes sociales.
Aunque estos temas parecen una historia repetitiva hasta el cansancio, es importante retomarlo en las escuelas, en las charlas de prevención del delito con la Policía Nacional Civil, la Secretaría contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas (SVET), la sociedad civil y todos los espacios donde exista oportunidad.
Otra de las reflexiones de este trabajo, es la vinculación entre lo digital y lo real. En estos casos todo empezó con una solicitud de amistad, que antes fue analizada por estructuras criminales, que tenían una logística establecida para captar a niñas con perfiles vulnerables.
Esta investigación evidenció que no se trataba de una elección de niñas por casualidad, sino de planificación de delitos sexuales con alevosía y ventaja, utilizando las redes sociales.
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Mariela Castañón
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