Foto: Yeimi Alonzo

Festival de tejeduría en Alta Verapaz reúne historias hiladas desde las cinturas de las mujeres Poqomchi’ y Q’eqchi’

  Agujas e hilos multicolor danzan sobre los telares al ritmo de la infaltable marimba, amarrados a las cinturas de más de 800 tejedoras de todas las comunidades y aldeas que conforman al municipio de Tactic, en Alta Verapaz, mujeres que, mediante este festival, alzaron la voz una vez más para proteger la propiedad intelectual colectiva del tejido, así como la dignificación de su trabajo y el ejercicio de sus derechos políticos y económicos.

Por Yeimi Juárez Alonzo

En Tactic, tierra del durazno y cuna del tejido en la región, el pasado sábado 21 de marzo de 2026 se celebró el “4to Festival de Tejeduría, Conocimiento Ancestral en Telar de Cintura”, que reunió a cientos de mujeres de la Red de Tejedoras Poqomchi’,  para mostrar la riqueza artística de sus tejidos, quienes han hilado no solo piezas textiles de gran valor cultural e histórico, sino también historias de vida bordadas desde la resistencia y dignidad, como la vida de Julia, tejedora que ahora forma parte de este tejido colectivo y red viva que lo sostiene.

Foto: Yeimi Alonzo

Una historia tejida con hilos de perseverancia

Julia Quej, de 47 años de edad, es originaria del Caserío Pansalche, a unos 15 minutos del centro de Tactic. Compartió que aprendió a tejer al lado de su madre quien le enseñó el valor de cada puntada y el significado de varias figuras que conforman su identidad dentro de la familia y su comunidad. Formas como el venado, caballitos y mulas hechas en crucetas a mano en el güipil que sostiene, es uno de los diseños más representativos del lugar, tejido que tardó poco más de mes y medio en realizar.   

Mientras muestra otro de varios güipiles que llevó al festival para vender, Julia se acomodó en su asiento, al lado de otras mujeres de todas las edades que también se encuentran tejiendo en el lugar y explicó con emoción cada uno de los detalles que conforman la pieza. A su vez, va contando cómo aprendió a tejer y qué le motivó, dejando entre ver que los hilos que conforman su propia historia no han sido del todo fáciles de tejer, pero que se siente muy orgullosa y feliz de lo que ha logrado hilar hasta hoy.

“Yo solo miré cómo lo hacía mi mamá, somos siete mujeres y ella nos enseñó. A ella le enseñó mi abuela y pensé que yo no iba a poder aprender porque solo tengo una mano. Pero gracias a Dios, un día miré arriba y le dije: ‘¿Señor, será que así voy a ser todo el tiempo? Porque a mí me gustan mucho los tejidos y quisiera aprenderlo’. Entonces solo vi a mi mamá cómo lo hacía y enseñaba a mis hermanas, y así empecé a hacerlo yo. Así fue como aprendí a los 13 años. Fue gracias a Dios que empecé a hacer los güipiles, Él fue mi fuerza, motivación y guía, ahora tengo 46 años y sigo tejiendo”, narró con enorme satisfacción y una sonrisa inigualable, adornada con detalles de oro en sus dientes.

También expresó que el no tener completo uno de sus brazos desde su nacimiento no ha sido causa para detener sus sueños y anhelos; al contrario, ha sido motivación para luchar y seguir adelante. “Ahora soy muy conocida, ahí vendo siempre en el corredor de la municipalidad los días jueves. Gracias a mis clientes muchos ya me conocen y me han comprado y apoyado”, añadió mientras hizo la invitación a visitar su puesto de venta donde encontrarán piezas únicas hechas 100 % a mano y con materiales de calidad. 

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Julia indicó que este es el cuarto año que asiste al festival y que ha estado desde sus inicios. “El año pasado éramos unas 500 tejedoras, ahora somos más de 800, poco a poco han ido aumentando, al principio solo éramos unas 200 tejedoras. Pero nos están robando nuestras figuras y se cansan nuestras cinturas y manos al hacerlos. De la noche a la mañana no se pueden hacer estos tejidos, llevan hasta tres meses, dependiendo de la figura, en cambio los de máquina rápido los hacen en una sola tira, mientras que nosotras lo hacemos en tres partes que se unen con mucho cuidado, por eso son caros, pero aun así no valoran nuestro trabajo, ahora quieren solo baratos, hechos a máquina”, explicó, e invitó a las mujeres a que les enseñen a tejer a sus hijas así como ella lo está haciendo ahora con la suya, para que este conocimiento tan importante para el pueblo Poqomchi’ y Q’eqchi’ en la región, no se pierda.

Hoolkej, Nukem y Pehrk´ux : el lanzamiento de sus propias marcas

Pese a que este espacio es más que una gran galería de arte vivo, llena de colores y multiformas que cuentan miles de historias, una de las principales dificultades que han enfrentado las asociadas a la Cooperativa creada desde el año 1991, que agrupa a varias asociaciones de tejedoras con más de mil mujeres cada una, es justamente el plagio y copia de las figuras ahora hechas en máquina, lo que ha hecho que baje el precio de sus güipiles, esto sumado al incremento del costo de los materiales. “Por eso estamos aquí por cuarta vez alzando nuestra voz, para que nuestros diseños sean protegidos ya que son figuras que traen historias plasmadas desde nuestras ancestras”, expresó Edna Macz Quej, de la Cooperativa Ixoq Aj Kemool y representante de la marca Hoolkej, una de las tres nuevas marcas que lanzaron recientemente las asociadas como resultado de arduas capacitaciones en diseño, desarrollo de imagen comercial y manejo de redes sociales, recibidas en su propio idioma, proyecto que se replicará en otros departamentos.

Foto: Yeimi Alonzo

Los precios de las piezas de la marca Hoolkej van desde los Q150 hasta los Q2 mil o más, dependiendo de si es una chalina, o son cojines, manteles, carteras, y de todo un poco, indicó Edna, quien aprendió a tejer desde los ocho años con su mamá. “Empezando a estudiar estaba, pero dije ‘Yo quiero tejer’, y ella me decía ‘No, tenés que estudiar’, y le dije: ‘Quiero mi tejido’, y así miraba cómo lo hacía ella. Ahora le voy a enseñar a mi hija”, compartió, recordando aquellos tiempos de aprendiz.

“Quiero además invitar a todo el mundo a que conozcan nuestros tejidos, son hechos a mano en telar de cintura por mujeres de la localidad. El tejido viene de nuestras ancestras, este es el conocimiento que nos han heredado y estamos compartiendo”, agregó.  

Margarita Xoq Isem de la Asociación Nukem de artesanas textil, expresó, “Estoy contenta celebrando este Cuarto Festival de las Tejedoras, tenemos tres organizaciones del área Poqomchi’, que incluye a Brillantes Artesanas y Tejedoras B´atz, y tenemos una red donde recibimos una capacitación, ahí pensamos nuestras marcas, una es Nuxik que tiene ya unas 45 personas activas, ahí hacemos güipiles y aprendimos a hacer chalinas con apoyo de un proyecto de Alas en el año 2000, desde ahí empezamos. Ahora también hacemos bufandas y hacemos por pedido o encargo, por unidad o por mayor”, comentó.

Por otra parte, Floricelda Co, también de la organización B´atz, compartió sobre la creación de la tercera marca nombrada Pehrk´ux. “Año con año tratamos de innovar nuestros diseños y productos en este espacio para no perder las tradiciones en nuestros tejidos e inculcar a las nuevas generaciones que sigan utilizando el telar y el arte de nuestras abuelas y abuelos”, indicó.

Foto: Yeimi Alonzo

“Nuestra lucha es defender nuestro textil y nuestro arte para que no lo utilicen en otras marcas. Gracias a Dios ya se planteó una iniciativa de Ley (No. 6136) para defender y sea patentizada nuestra labor. Motivo a las mujeres a que sigan tejiendo y exhorto a la gente en general a que valoren nuestro arte y no utilicen el textil mal llamado hindú, que viene a utilizar y desvalorizar nuestro textil”, añadió. 

Esta iniciativa de Ley busca reconocer la propiedad intelectual colectiva de los pueblos indígenas sobre sus tejidos, diseños y símbolos mayas, incluyendo los de la cultura Poqomchi’ impulsada por el Movimiento Nacional de Tejedoras Mayas.

Los diseños de estas tres marcas fueron presentados durante el festival mediante una pasarela de modas, donde se lucieron hermosos y elaborados trajes. También se realizó un conversatorio con el objetivo de dignificar las luchas de las mujeres Poqomchi’, en un ambiente de encuentro, venta directa, aprendizajes, gastronomía local y celebración de su identidad.

Por último, todas las asistentes recibieron una dotación de hilos por parte de la municipalidad y mediante la Oficina Municipal de la Mujer, que beneficiará a más de 6 mil 500 mujeres de todo el municipio. “Con estos hilos ellas pueden plasmar en sus telares sus sentimientos, su estado de ánimo y la realidad de las mujeres en cada hilo que ellas van tejiendo a diario. En Tactic un 75 % de mujeres se dedican al tejido y con esto ellas apoyan en los ingresos del hogar, es un trabajo invaluable el que ellas realizan, agrupando no solo a mujeres Poqomchi’, sino Q’eqchi’ y Achi’”, explicó Eugenia Chiquín, directora municipal de la mujer. 

Foto: Yeimi Alonzo

Dilia Margarita Co, gobernadora departamental actual, también compartió que antes de ser gobernadora ha sido tejedora y que fue a partir de una conversación y análisis sobre el tema del plagio y la desvalorización de los tejidos, junto con otra compañera, que se empezó a formar el grupo que con el tiempo fue aumentando, donde la Cooperativa Coopsama les apoyó desde un inicio con la logística. Ahora también el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) forma parte de estos esfuerzos.

Dilia Margarita también recordó que al principio no tenían un nombre para el festival, pero la idea era salir a las calles a alzar la voz y así fue que surgió el nombre de “La Vida se Teje y se Defiende”, y mientras tocaron otras puertas, también se acercaron a la municipalidad, entidad que ayudó a crear este festival por medio de un acuerdo municipal, con el fin de que cada año pueda celebrarse. “Cada vez va mejorando el nivel de organización que ha alcanzado hasta el día de hoy, además del reconocimiento a las tejedoras que hizo La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO por sus siglas en inglés), organismo de las Naciones Unidas, creado en 1967, dedicado a fomentar el uso y la protección de las obras del intelecto humano, que vino a fortalecer las capacidades de las tejedoras dando como resultado la creación de las tres marcas presentadas. “Ver todo este avance es muy importante, sin embargo, el trabajo continúa pues todavía no existe la ley que proteja estos derechos”, concluyó.

Foto: Yeimi Alonzo

En Guatemala, el tejido en telar de cintura y de pedal sigue siendo una práctica transmitida de generación en generación, especialmente entre mujeres indígenas. Sin embargo, enfrenta desafíos como la competencia de productos industriales y la falta de reconocimiento económico. Espacios como este festival buscan visibilizar el valor del trabajo artesanal y fortalecer redes entre quienes lo sostienen.

Julia Quej forma parte de ese tejido colectivo. Su presencia no se presenta como excepción, sino como una de las múltiples formas en que las artesanas continúan adaptando y preservando su oficio desde la resistencia y dignidad de sus propias historias de vida, donde apoyarlas y elegir lo hecho a mano puede volverse un acto consciente de ir contra la lógica dominante del consumo rápido.