A pesar del colapso, seguimos plantando fuego
La humanidad atraviesa por una transformación profunda y estructural de las sociedades. Todo parece suceder a mil por hora, en espiral, mientras presenciamos el colapso en tiempo real. Archivos de delincuentes sexuales, ataques armados contra poblaciones indefensas y una política antiinmigrantes sin precedentes son los escenarios de esta radicalización de lo inhumano.
En estos tiempos convulsos se han publicado archivos de infamia que desenmascararon a la élite global y que evidenciaron la crudeza de los abusos cometidos por hombres blancos, heterosexuales, que dicen defender la vida, pero que no dudan en montar redes mundiales de abusos sexuales para mercadear los cuerpos de niñas, niños y adolescentes.
La misión de esta élite es sembrar caos, horror y con ello, el silencio. Mientras tanto, respiramos un aire pesado, denso. Voces que se repiten dicen que las juventudes están cansadas, que el feminismo es cosa del pasado y que lo de hoy es volver al conservadurismo. Pero desde este nervio del volcán les decimos que no: ¡estamos vivas y seguimos aquí!
Seguimos aquí porque creemos firmemente en hacer comunidad, en la defensa de nuestros cuerpos-territorios y porque necesitamos narrar la vida desde experiencias amorosas, valientes y resilientes que nos impulsen a salir del espiral.
Reconocemos el cansancio, nosotras mismas lo sentimos. En un contexto donde las posibilidades de justicia se desmoronan vemos en los “Epstein Files” la confirmación de que el poder patriarcal está íntimamente ligado a la explotación de nuestros cuerpos-territorios.
El patriarcado también ataca con misiles que bombardean escuelas, como en Irán, donde más de 180 niñas perdieron la vida. También ataca los sueños de las familias que han debido migrar hacia los Estados Unidos motivadas por la esperanza de “una vida mejor” y que son acechadas por el ICE.
No conforme, artífices del patriarcado generan discursos que desmantelan los derechos que creíamos ganados. Entendemos que estos contextos adversos nos agotan, pero estamos convencidas de que la salida no será en solitario, sino reconociendo las luchas que por siglos las mujeres hemos librado JUNTAS, unidas, en comunidad.
Hacer periodismo feminista en Guatemala no es una tarea neutral, ni tampoco fácil. Es por eso que este año en Ruda lanzamos un grito de fuerza y confirmamos que SEGUIMOS AQUÍ… Como los volcanes que llevan siglos lanzando lava, rodeados de ríos, montañas y resistencias en todos los territorios.
SEGUIMOS AQUÍ. Entre la incertidumbre, el miedo, el horror y el caos. SEGUIMOS AQUÍ, porque creemos firmemente que el futuro que queremos es uno: inclusivo, diverso, seguro y próspero. Hoy, más que nunca, Ruda es tierra fértil para la resiliencia y la resistencia.
SEGUIMOS AQUÍ.