Una historia llena de garras, pelos y amor
Hay distintas fechas en que se conmemora el Día Internacional del Gato. Por ejemplo, el 8 de agosto que coincide con su temporada de mayor fertilidad; o el 29 de octubre en honor a la defensora estadounidense del bienestar animal, Colleen Paige. Pero este 20 de febrero es una fecha para promover la adopción de gatos y gatas que no tienen hogar.
Por Violeta Cetino
El origen de la conmemoración del 20 de febrero se lo debemos a Socks, (Calcetines, en español), el gato que vivía en la Casa Blanca cuando Bill Clinton era presidente de los Estados Unidos y que cobró popularidad al ingresar a los actos públicos. Socks murió el 20 de febrero de 2009.
Hay gatos por todas partes. Solo hace falta dar una vuelta nocturna por tu barrio y elevar la vista hacia los techos, o asomarse a las ventanas de las casas desde donde ven el movimiento de la calle. Pero no todos tienen un hogar ni una familia.
Yo tengo dos gatas. Gary y (Hello) Kitty, ambas rescatadas de la calle, incluso una de ellas, antes de nacer.
Gary nació en los techos de una colonia en Mixco. Quienes la hallaron junto a sus tres hermanos dentro de un drenaje, intentaron reconstruir cómo fue que llegaron hasta allí con tan solo días de nacidos. Creen que su madre fue en busca de comida y ellos al encontrarse solos, se arrastraron hacia el canal resbalando en la tubería que conduce al drenaje.
Al escuchar los maullidos, esta familia debió romper el piso de su casa para lograr rescatarlos. La única hembra de esa camada es Gary, mi peculiar gata naranja, casi cumpliendo la estadística de que de cada cinco gatos naranja, una es hembra.
El veterinario les calculó 10 días de nacidos, a lo mucho, y a nuestra familia ella llegó cuando tenía cinco semanas de vida para robarse nuestro corazón. Su nombre, utilizado en su mayoría en masculino, es en honor al caracol de Bob Esponja, una de las caricaturas favoritas de mi hija. Gary es una excelente amiga, va con nosotros a hacer caminatas y en ocasiones nos acompaña a jugar al parque.
Los patojos que salen a jugar fútbol en las tardes aprovechan a saludarla y cargarla, aceptan sus caricias y en ocasiones paran el juego cuando a ella se le antoja atravesar la cancha. Mis vecinos y vecinas la quieren mucho, es una gata muy sociable y en ocasiones va a dormir la siesta con uno de ellos o bien, la he encontrado sentada sobre la mesa de otros vecinos mientras se echan los tragos con la puerta de la casa abierta.
Kitty es lo opuesto a Gary. Una amiga mía rescató del duro invierno en la calle a una gata embarazada. Cuidó de ella y atendió amorosamente su parto, donde tuvo cuatro gatas, todas hembras y de diferente color. Una vez crecidas, mi amiga las ofreció en adopción.
Vi detenidamente las fotos del anuncio, una por una, pero hubo algo que me enterneció de la única gatita blanca: sus ojos torneados. Le escribí a mi amiga para decirle mi elección pero me hizo una advertencia: había nacido con una patita deforme que tenía seis garritas. “¡No me importa!”, le dije, “su destino está aquí con mi familia”.
Kitty llegó a nuestro hogar a la edad de dos meses. Es bastante asustadiza, muy poco sociable, pero muy valiente. Aunque Gary es mayor en edad, tamaño y fuerza, Kitty sabe defenderse y asegura un par de zarpazos si a su hermana se le antoja molestarla.
Además, la gatita es sumamente amorosa. Todas las noches, antes de dormir, se posa sobre mi pecho, empieza el ronroneo, y hace un amasado de entre 10 o 15 minutos en mi garganta. Personas de ciencia aseguran que el ronroneo de los gatos vibra en un rango de 25 a 150 hertzios. Esta frecuencia vibratoria está asociada con acciones terapéuticas que incluyen la curación ósea, reparación de tejidos blandos y la reducción del dolor. Años atrás, yo sufría constantemente de amigdalitis y creo que su masaje ha beneficiado mi salud.
Una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida fue adoptar a Gary y a Kitty. Su amistad y compañía han sumado alegría y amor a mi familia. La adopción de gatos y gatas es una gran responsabilidad, implica completar y mantener al día sus vacunas, procurar un espacio para su recreación, garantizar una alimentación adecuada, tratarlos con respeto y brindarles amor.