Créditos: Comunidad IXIL

Uma’l Chee: el relevo del tiempo y la defensa de la democracia en el Año Nuevo Maya 2026

Escrito por Prensa Comunitaria

En febrero de 2026, el Pueblo Maya celebra el Año Nuevo Maya como parte de su ordenamiento ancestral del tiempo. La transición del año 13 IQ’ al 1 Kej (Jun Kej) marca el inicio de un nuevo ciclo y la llegada del Mam, cargador del año, figura que orienta la vida colectiva. Más que una fecha simbólica, este cambio representa un momento de renovación espiritual y comunitaria que articula la relación entre territorio, comunidad y naturaleza.

Por Wellinton Osorio

El Ciclo del Sol y la Pausa Política de los Oo q’ii

La vigencia del sistema calendárico del Pueblo Maya, basado en los ciclos solares conocidos como Yaab’ o Ab’, constituye un acto de soberanía cultural frente a la hegemonía del calendario gregoriano. 

El tránsito entre ciclos está regido por los Oo q’ii (u O’ Q’II), los cinco días sagrados que funcionan como el último mes del año. No se trata de un “vacío” cronológico, sino de un periodo de prudencia estratégica y purificación ética necesaria para la reorganización de la vida comunitaria.

Durante este umbral, rigen las leyes naturales del Txaa, un código de conducta que prohíbe actividades extractivas, la siembra o el corte de árboles, permitiendo el reposo absoluto de la Madre Tierra. En términos de cuidado colectivo, se aplica la tecnología del Petzu’m: un reordenamiento corporal mediante toques ligeros con ramitas de membrillo o durazno en las 13 articulaciones principales.

Para la visión ixil, esta práctica no es un simple ritual, sino una tecnología de salud comunitaria diseñada para que el “año viejo” y sus cargas salgan del cuerpo, permitiendo que la autoridad asuma el nuevo ciclo con claridad mental y física. Este periodo de pausa sagrada es el cimiento sobre el cual los especialistas de la memoria preparan el relevo de las instituciones indígenas.

La gestión del tiempo en el altiplano no es una tarea mística, sino una función técnica y científica desempeñada por especialistas con roles claramente diferenciados. Es necesario desmontar la etiqueta occidental de “sacerdote” para reconocer a los Aaq’ii o Q’inal (contadores de los días y guías espirituales) y a los K’achalpom, (encargados de las ceremonias) como gestores de conocimiento. 

Créditos: Comunidad IXIL

Junto a ellos, los Aaj Kun (o B’anon txilamil) actúan como mediadores para reparar daños sociales y espirituales. El tejido social ixil se complementa con una sofisticada red de terapeutas que garantizan la salud del territorio: las Ixojkuyintxa (comadronas), los Xulinal (sopladores), los Oksanba’aj  (hueseros), los K’iunal (sobadores) y los expertos en Oksanteetxho, una técnica de acupuntura ancestral que utiliza dientes de culebra. 

Estos actores, junto a los B’aal Vatz Tiixh, sostienen un sistema de gobernanza que ha sobrevivido a siglos de colonialismo y a la violencia del conflicto armado interno, asegurando que el cierre del ciclo cronológico sea también un cierre de filas político.

El proceso de transición hacia el nuevo ciclo se inició formalmente el 13 de febrero de 2026. 

Durante los cinco días de los Oo q’ii, el fuego sagrado en los altares comunitarios no solo fue un espacio de oración, sino un centro de deliberación ciudadana. El 17 de febrero, último día del año viejo, las autoridades indígenas transformaron las ceremonias de despedida en foros de análisis profundo sobre la realidad nacional.

El uso de candelas y veladoras en estos espacios funciona como una mediación ritual para elevar las demandas de los pueblos. En estos foros, el altar se convierte en una plataforma de fiscalización social, donde el fin del año 13 IQ’, una energía asociada a menudo con la fuerza del viento, sirvió para evaluar los vientos políticos que sacuden al país. Esta catarsis colectiva es el preludio necesario para enfrentar los desafíos institucionales que definen el año 2026.

EL Año Nuevo Maya y la defensa de la justicia y la democracia en 2026

En 2026, la democracia guatemalteca se juega en las llamadas elecciones de segundo grado. La designación de magistrados para la Corte Suprema de Justicia (CSJ), la Corte de Constitucionalidad (CC) y el Tribunal Supremo Electoral (TSE) representa una amenaza directa para los pueblos indígenas; la captura de estas cortes suele derivar en la criminalización de las autoridades ancestrales y el despojo territorial. 

Durante las jornadas del Año Nuevo Maya, se estableció una alianza estratégica con actores de la sociedad civil urbana, representados por Edie Cux y Manfredo Marroquín de Acción Ciudadana. En estos foros territoriales, se analizó técnicamente el riesgo de opacidad en los nombramientos públicos de alto nivel. 

Para las autoridades ixiles, la defensa de la justicia independiente no es un debate académico, sino una forma de proteger su autonomía. La transparencia en la elección de funcionarios es vista como la única garantía para evitar que el Estado siga siendo utilizado como una herramienta de persecución contra quienes defienden el agua y la tierra.

Feliciana Herrera, autoridad indígena del pueblo Maya Ixil, explica que este sistema de servicio es la antítesis del poder por lucro que impera en la política tradicional. “Las actividades se coordinan en conjunto con los contadores del tiempo”, señala Herrera, enfatizando que la fiscalización ciudadana tiene un sustento ético en el orden astronómico. En la estructura ixil, el servicio tiene una duración de cuatro años. La transición es un modelo de memoria institucional: al concluir su periodo, los alcaldes no abandonan sus funciones, sino que pasan a ser principales, integrándose a un consejo de sabios que garantiza la continuidad del conocimiento. 

La vara que portan es el símbolo de una responsabilidad colectiva y no de un privilegio individual. En este contexto, el cambio de mando es un acto de renovación de la energía de servicio para enfrentar las agresiones del Estado capturado.

Créditos: Comunidad IXIL

Una Diplomacia de Naciones: De los 48 Cantones al Pueblo Ch’orti’

La celebración de Uma’l Chee en 2026 no fue un evento local, sino una cumbre diplomática de naciones indígenas. En territorio ixil convergieron la Junta Directiva de los 48 Cantones de Totonicapán y el Consejo de Autoridades del pueblo Maya Ch’orti’ (provenientes de Olopa, San Juan Ermita y Quezaltepeque). Esta articulación demuestra la existencia de una “geografía sagrada viva” que ignora las fronteras departamentales impuestas por el Estado. 

Esta red se extiende por nodos históricos y operativos como Bijolom (Nebaj), Iximche’ (Tecpán), Q’umarkaj (Quiché) y Tikal (Petén). Para los pueblos, estos no son monumentos arqueológicos de una civilización muerta, sino centros políticos vigentes desde donde se coordina la resistencia a nivel nacional. La presencia del pueblo Ch’orti’ y de los K’iche’ de Totonicapán en el área ixil reafirma que la defensa de la democracia es un esfuerzo inter-nacional de los pueblos originarios.

Uno de los días más importantes de la jornada ocurrió el miércoles 18 de febrero, con el amanecer de Jun Kej (1 Venado), el nuevo cargador del año. En la cosmogonía maya, Kej es el guardián de los montes y de las “cuatro esquinas del universo”, representando el equilibrio, la fuerza y el sostén necesario para mantener en pie el mundo. 

Sus colores rojo, blanco, negro y amarillo, simbolizan la cuatripartición y los puntos cardinales que rigen el orden natural. El acto central fue la entrega de la vara a los nuevos integrantes de las autoridades indígenas. Este relevo materializa la entrada de una autoridad que, al igual que el venado, debe tener la fuerza para sostener la carga del pueblo y tener equilibrio para no romper la armonía social. El cambio de ciclo cronológico se traduce así en una renovación del compromiso político y la vigilancia comunitaria.

Al concluir las celebraciones, el mensaje de las autoridades es contundente: el Año Nuevo Maya es un ensamblaje científico, social y espiritual que sostiene la institucionalidad indígena frente a un Estado que intenta desconocerla. 

El año 1 Kej se recibe con una postura de vigilancia y renovación del compromiso comunitario. Mientras el sistema político central atraviesa disputas y tensiones institucionales, los pueblos indígenas reafirman que su sistema de gobernanza se basa en la continuidad del servicio, la memoria colectiva y la responsabilidad compartida. El tiempo, para el pueblo Maya Ixil y sus aliados, no es una línea que avanza hacia una idea única de progreso, sino un territorio que se cuida y se sostiene con la vara en alto y el fuego ceremonial encendido.

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