Aprender a relacionarnos fuera de las carencias

En febrero, mes del amor y la amistad, nuestro consultorio psicológico del Espacio Trans-Formador se llena de dudas y de miedos. Nuestra base comunitaria se cuestiona qué clase de amor nos merecemos las personas trans. Muchas veces, por miedo a estar solxs o por esa falsa creencia de que nadie nos va a querer por ser personas trans, terminamos aceptando relaciones que duelen más de lo que abrazan.

Por Colectivo de Hombres Trans Trans‑Formación

Hablar de amor dentro de las comunidades LGBTIQ+ implica también hablar de violencia normalizada. No porque seamos personas diversas estamos exentas de reproducir dinámicas patriarcales aprendidas en una sociedad que nos ha enseñado que amar es aguantar, que los celos son prueba de cariño o que el control es una forma de cuidado. Crecimos viendo relaciones marcadas por el silencio, la dependencia emocional, el miedo al abandono y la idea de que el amor todo lo soporta.

Foto: Colectivo de Hombres Trans Trans‑Formación

Para muchas personas trans, el amor se cruza además con heridas profundas: el rechazo familiar, la discriminación social, la violencia institucional. Cuando el mundo constantemente nos dice que no somos suficientes, es fácil internalizar esa narrativa y conformarnos con vínculos que apenas nos validan. A veces aceptamos migajas afectivas porque creemos que es lo único disponible para nosotrxs.

Pero el amor no debería construirse desde la carencia, sino desde la dignidad.

Relacionarnos fuera de las carencias implica reconocer nuestras heridas sin permitir que definan nuestros límites. Significa entender que no necesitamos tolerar el maltrato para sentirnos acompañadxs. Implica dejar de romantizar el sufrimiento y empezar a preguntarnos: ¿me siento segurx en esta relación?, ¿puedo ser quien soy sin miedo?, ¿mis límites son respetados?, ¿hay reciprocidad?

También implica desmontar la idea de que estar solx es un fracaso. La soltería no es ausencia de amor; puede ser un espacio de reconstrucción, de autoconocimiento y de fortalecimiento emocional. Cuando aprendemos a estar con nosotrxs mismxs, el amor deja de ser una urgencia y se convierte en una elección.

Foto: Colectivo de Hombres Trans Trans‑Formación

Construir vínculos más sanos dentro de nuestras comunidades es un acto político. Es resistir la narrativa que nos dice que debemos conformarnos. Es apostar por relaciones donde haya consentimiento, comunicación honesta, responsabilidad afectiva y cuidado mutuo. Es entender que merecemos amor que no nos esconda, que no nos minimice, que no nos condicione.

Las personas LGBTIQ+, y especialmente las personas trans e intersex, no estamos destinadas a historias de dolor. Merecemos relaciones donde podamos crecer, equivocarnos, dialogar y sanar sin violencia. Merecemos un amor que nos celebre completos, no uno que nos tolere a medias.

Este febrero, más que preguntarnos quién nos va a querer, quizá la pregunta sea: ¿desde qué lugar quiero amar?

Porque cuando aprendemos a relacionarnos fuera de las carencias, descubrimos que el amor no es sobrevivencia, es construcción consciente. Y eso también es parte de nuestra transformación.

Foto: Colectivo de Hombres Trans Trans‑Formación