Ale López Bemsh: “Estas perversidades se tienen que terminar de una vez por todas”
Escrito por Violeta Cetino
Imagina que al nacer le hacen creer a tu mamá que deben someterte a una cirugía de hernias cuando en realidad se trataba de extraer tus ovarios o testículos; que a lo largo de tu infancia te realizan distintos análisis médicos, fotografías, videos y revisiones constantes y los doctores determinan que deben someterte a otras cirugías, todas innecesarias. Estas y otras violencias viven muchas personas intersex en el mundo, y ante esta realidad algunas de ellas deciden romper el silencio y visibilizar sus historias para evitar que se sigan cometiendo estos y otros abusos.
Por Violeta Cetino
Ale López Bemsch es un activista trans e intersex, tiene 36 años y es originario de la provincia de Tucumán, Argentina. Desde su infancia enfrentó la frialdad y negligencia médica con la que fue abordada su intersexualidad, lo que le llevó en su adultez a fundar Argentina Intersex, una organización que busca unir esfuerzos para combatir las concepciones hegemónicas, patologizantes, medicalizadoras y normalizadoras de la violencia que afectan a las personas intersexuales.
Según la organización mexicana Brújula Intersexual, la intersexualidad es el término utilizado “para englobar diferentes corporalidades en las cuales una persona nace con variaciones de las características sexuales —es decir, nace con variaciones en las formas genitales, en la composición de las gónadas, en los niveles hormonales o en los patrones cromosómicos— que no parece encajar en las definiciones típicas de hombre o mujer”.
La Organización de las Naciones Unidas calcula que las personas intersexuales son el 1.7 % de la población mundial. Sin embargo, activistas estiman que realmente es el 2 % de la población mundial, lo que equivale a 160 millones de personas.
Alex compartió con Ruda su valiosa historia, que a la vez es la historia de miles de personas en el planeta y aquí compartimos su transcripción:
Nací en el año 1989, tengo 36 años. A los 12 años nunca tuve conocimiento sobre si era una persona intersexo o no. Únicamente asistía al médico con frecuencia porque supuestamente había nacido con un problema de salud y el médico me iba a curar.
A partir de ahí mi mamá empieza a buscar, por recomendación de la ginecóloga, un urólogo, que sea especialista en cirugía plástica. Yo pensaba que todas mis compañeras de la escuela tenían mi misma genitalidad. Para mí eso nunca fue, nada, pensaba que todos tenían (los genitales) igual que yo.
Cuando empecé a ir al médico, ellos me mostraron que mi cuerpo, y me dijeron con esas palabras, que tenía una deformidad que había que corregirla. Y bueno, ahí mi mamá empieza a buscar los mejores médicos urólogos que sean especialistas en cirugía plástica, en la provincia de Tucumán. Supuestamente me iban a hacer un estudio y terminé en una intervención de casi nueve horas.
Me levanté como a los tres días sin saber qué es lo que me había pasado. Sí tengo recuerdos de que me despertaba y me dormía, me despertaba y me dormía. Me habré despertado al 100% al tercer día y lo único que me decían los médicos era “No te mirés de la cintura para abajo”, yo por supuesto hacía caso, no quería saber nada porque sabía que ahí había algo que me hicieron, algo malo.
Como estaba en terapia intensiva, estuve como tres semanas, me visitaba mi mamá media ahora, y después tenía visitas puntuales de la psicóloga, que también me decía que me lo hicieron por mi bien, que voy a disfrutar mejor, que voy a tener otra vida.
Yo, antes de esa intervención quirúrgica, era una persona como cualquier otro niño, niña feliz; andaba en bicicleta, corría, andaba en la calle, jugaba a las bolillas. Después de esa intervención, todo cambió. Ya había cosas que no podía hacer porque eso era “juegos de varón” y no era “juegos de mujer”. Ya me prohibieron jugar a la pelota, ya no me dejaron andar en la calle jugando, ya hubo como una bajada de línea de la psicóloga para que me empiecen a socializar de una forma más contundente como mujer.
Esa cirugía se trató de una cirugía irreversible, que se trató de hacer una vagina con un pedazo de intestino.
A partir de ahí vinieron dilataciones, que tenía que llegar a un tamaño de un pene promedio, sin preguntarme si yo el día de mañana quería o no tener una relación sexual con un hombre cis (cisgénero), por ejemplo. Empiezan tratamientos hormonales sumamente fuertes para que me empiece a desarrollar como una mujer.
Yo hasta ese momento fui un buen paciente porque, si bien me parecía que algo andaba mal, no cuestionaba porque me llevaba mi mamá al médico. ¿Quién iba a desconfiar del médico? ¿Y quién iba a desconfiar de mi mamá? Porque mi mamá era la que estaba detrás mío, mi papá no, porque trabajaba y bueno, mayormente se da estos casos que andan las madres detrás de sus niños, niñas intersex.
Yo, por un cansancio, empiezo a buscar información sobre por qué me habían hecho todo eso. Cuando empiezo a preguntarle a la ginecóloga por qué me habían operado, ella me dice, "No vas a entenderlo nunca. Vos tenés un hermafroditismo, y bueno, es mejor por ahí no preguntar y seguir con la vida de uno”. Y yo digo, "No, pero quiero saber. Me interesa saber". Hubo una gran resistencia, a lo cual yo cambio de endocrinóloga, yo ya tenía más de 28 años, yo era una persona grande y empecé a buscar una ginecóloga que atendía infancias trans.
Yo le dije, "Me hicieron esto, esto, esto a tal edad", ella me ayudó a tratar de armar ese rompecabezas y tratar de entender qué es lo que me hicieron. Pedí la historia clínica en el médico, esa ginecóloga me la negó, tuve que recurrir a abogados para tener la historia clínica y en esa historia clínica no dice que ella me intervino quirúrgicamente. No dice absolutamente nada sobre que tuve una intervención quirúrgica.
Me empiezan a hacer nuevos estudios, tomografías computadas con contraste, ecografías, y exámenes de cariotipo (estudio genético que analiza el número y la estructura de los cromosomas mediante una muestra de sangre o tejido). Y bueno, así voy descubriendo la verdad.
Cuando intento hablar con mis padres y le pregunto a mi mamá cuántas intervenciones había tenido yo, ella me dice, "Tuviste dos en la infancia, cosa que yo no sabía, pero a mí me dijeron que te habían operado de hernias en la ingle, que te habían salido y que te habían operado". Cuando a mí me hacen un estudio, solo se dan cuenta de que no tengo ni ovarios ni testículos, por lo tanto esas hernias eran ovarios o testículos que habían sacado de mi cuerpo sin que mi mamá supiera.
Fue una conversación sumamente difícil para mí y yo también sé que fue dolorosa para ella, porque le pregunté por qué lo había hecho y ella me dijo, "Imaginate, yo trabajaba todo el día y tu papá también. El médico lo que me dijo fue, -Señora, (la) tiene que operar. ¿Usted con quién deja a su hija en su casa?- Con la señora que nos ayude en la casa", dice, -¿Y qué va a pasar cuando la señora le cambie el pañal? ¿No tiene miedo que vaya a comentar a los vecinos cómo tiene su hija de deforme los genitales?-”. Y ahí intervino el miedo, la presión médica para hacer la intervención quirúrgica. Nunca vamos a saber si esos eran testículos u ovarios, nunca, nunca, vamos a saber bien, pero empezar a cuestionarme a partir de un cansancio fue la manera de empezar a poner un alto.
Empiezo a investigar por internet, llego a diferentes redes que eran de personas intersex, una de ellas es Brújula Intersexual, porque googleé la palabra hermafroditismo y me salió un texto que no recuerdo bien ahora, pero tenía que ver con el hermafroditismo e intersexualidad. Me pongo en contacto con esa organización y le comento, a mí me pasó esto, esto, esto y las historias de vida que vos tenés en en la página son parecidas a la mía.
Y de ahí empiezo a conocer a Natasha Jiménez Mata, de Mulabi, empiezo a conocer a Mauro Cabral, que son personas que a mí me ayudaron muchísimo en este redescubrimiento, sobre qué es lo que me había pasado, y también fue conmigo enfrentarme a una verdad que la cual yo negaba porque al principio yo decía, "Pero los médicos hicieron bien", porque estaba en ese círculo de que tenía una deformidad que me habían “curado”, ¡pero curado de qué si mi cuerpo era sano!
Conoce la historia de Natasha Jiménez Mata, una mujer intersex, en el siguiente enlace:
https://rudagt.org/natasha-jim%C3%A9nez-sanar-desde-la-intersexualidad/
Y bueno, un día me llega una invitación para ir en el año 2020 a la Conferencia de personas Intersex de Latinoamérica y el Caribe y era la primera vez que yo encontraba a personas como yo, porque supuestamente a mí lo que me decían era que nunca iba a encontrar a personas como yo, que no diga nada a nadie, que era una deformidad, y encontré a personas que habían pasado lo mismo que yo, compartir las experiencias y posicionarme desde otro lugar fue sumamente importante para mi vida, y la verdad es que armar la organización, también yo poder ayudar a otras personas, fue un cambio muy importante. Considero que todas las personas intersex, todos los activistas hacen un trabajo enorme para tratar de que esto no se repita, porque lo que me pasó a mí yo no quiero que le pase a ninguna otra persona, porque es sumamente doloroso, es sumamente perverso.
Y por ahí me toca que estoy viendo alguna publicación, algún paper de medicina y yo digo, "Bueno, en qué momento yo voy a abrir un artículo donde van a aparecer mis genitales", porque yo me acuerdo que cuando tenía 11, 12, 13 (años) eran filmaciones, fotos y eso no se tendría que repetir nunca más en en ninguna infancia, en ninguna persona, en nadie, porque estas perversidades se tienen que terminar de una vez por todas.
Y yo, ojalá que tenga suficiente vida para ver que esto ya no suceda en el mundo.
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