Wingston González: “Mi abuela decidió que yo sería el intelectual de la familia”
Escrito por Jorge Fernández
“El contexto mundial actual, con el avance de la ultraderecha, vuelve más necesario que nunca construir desde el arte, en cualquier idioma, pero sobre todo en aquellos que históricamente han sido relegados”.
Wingston Gonzáles
Por Jorge Fernández
Hace apenas unos días, Wingston González se convirtió en el primer guatemalteco y el primer autor fuera de México en ganar el Premio de Literaturas Indígenas de América, por "Yágütaguarügü", un poemario escrito en Garífuna que él mismo describe como un conjunto de conjuros, de hechizos y ritmos que apelan más al sentimiento que al mensaje.
De LaBuga a los libros
González nació en Livingston, a la que en Garífuna llaman LaBuga. Cuenta que fue un niño muy estimulado intelectualmente desde muy temprano, y que ese estímulo no fue casualidad, pues las mujeres de su familia, empezando por su abuela, lo entrenaron desde pequeño para convertirse en el intelectual de la casa. "Mi proyecto de intelectual ya estaba pensado desde siempre", dice con una pequeña risa, casi como si describiera un oficio heredado más que elegido. Su acercamiento a los libros llegó a los diez años, y desde entonces no se ha apartado de ellos.
El recibimiento de la noticia
Cuando le avisaron que había ganado el PLIA, González estaba en Costa Rica. La noticia lo tomó por sorpresa. Dice que al principio ni siquiera entendió bien el correo, que tuvo que leerlo más de una vez antes de caer en cuenta de lo que decía. "El arte y la literatura son parte esencial de mí, no puedo concebir la existencia sin ellos", explica, y quizás por eso mismo el premio, aunque recibido con gran emoción, no lo cambia tanto como podría pensarse desde afuera.
Para él, el reconocimiento no le pertenece del todo. En la cosmovisión Garífuna, dice, cada persona llega a un mundo ya dado, ya construido por generaciones anteriores, para bien o para mal, y uno mismo termina siendo el resultado de esa construcción. "El premio no es tanto para mí, sino para mis ancestros", repite, una idea que ya había esbozado en la conferencia de prensa tras conocerse el fallo.
Conjuros, hechizos y memoria oral
González define el recorrido de su obra como un conjunto de conjuros y hechizos: historias de la tradición oral Garífuna que él llevó al poema, mezcladas con memoria histórica del pueblo. Una de las raíces de esa forma de escribir está en su casa. Cuenta que su madre y su abuela son de esas mujeres que interpretan sueños, y que por las mañanas dedicaban una hora entera a contarse y descifrar lo que habían soñado. Esa costumbre, dice, terminó filtrándose en su obra sin que él lo planeara del todo.
Pertenece, además, a una generación Garífuna particular, la que creció entendiendo el idioma sin llegar a hablarlo con fluidez. Escribir "Yágütaguarügü" fue, en ese sentido, un ejercicio de rescate: traducir buena parte de sus textos al Garífuna, casi reaprendiendo el idioma en el proceso de escritura. El título mismo es un ejemplo de esa tensión entre dos idiomas, pues aunque se traduce como "Un poco más allá", González dice que la traducción no es exacta, porque es una de esas palabras que casi no tienen equivalente fuera del Garífuna.
Sobre el tono de sus poemas, prefiere no hablar de mensajes. Dice que su obra apela más a la emoción, a la música y al ritmo que a una idea que deba extraerse del texto, y que algunos de sus poemas son, en sus propias palabras, absurdos, aunque bellos. Entre los que forman parte del libro premiado, menciona "La novia" como uno de sus favoritos: un poema que narra, casi en forma de ensueño o de conjuro, una serie de vicisitudes.
Las gayusas y las mujeres que sostienen la cultura
González menciona que le cuesta verse a sí mismo como representante de los Garífuna, aunque su obra esté profundamente marcada por esa identidad. Cuando habla de sus influencias literarias, menciona a las gayusas, las cantantes ceremoniales Garífuna que transmiten los cantos rituales y la espiritualidad ancestral, actuando como mediadora entre los espíritus y la comunidad en los rituales, mientras los hombres llevan el ritmo del tambor. Entre sus escritoras predilectas están Marcela Lewis y Xiomara Cacho, a quienes admira tanto como a su propia abuela.
Esa presencia femenina no es solo literaria. Explica que las familias Garífuna son matrilineales y que, aunque existe machismo dentro de la cultura, la organización social es distinta a la de otros contextos: las mujeres ocupan lugares centrales como cabezas de familia. Esa estructura, dice, marcó tanto su formación intelectual y artística como buena parte de lo que termina apareciendo en su literatura.
Lo que viene
Actualmente, González tiene varios proyectos en marcha: algunas puestas en escena, un trabajo de rescate de literatura Garífuna y una novela sobre el intento de genocidio que sufrió su pueblo por parte de los ingleses tras su expulsión de San Vicente.
Un mensaje a las nuevas generaciones
A las y los escritores jóvenes, indígenas y no indígenas, González les pide que sigan escribiendo, que sigan creando y que no abandonen el compromiso. Cree que el contexto mundial actual, con el avance de la ultraderecha, vuelve más necesario que nunca construir desde el arte, en cualquier idioma, pero sobre todo en aquellos que históricamente han sido relegados.
Sobre sí mismo, dice que antes se definía como alguien que entendía Garífuna pero no lo hablaba. Hoy prefiere otra fórmula más precisa: entiende, no habla, pero medio escribe.
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