Tenemos la vida resuelta

Escrito por Colectivo Trans-Formación

Sobre la falacia de creer que, al transicionar, las personas transmasculinas ya lo tenemos todo hecho.

Septiembre, mes de la prevención del suicidio.

Por Colectivo de Hombre Trans Trans-Formación

Hay una frase que escuchamos seguido, dicha a veces con admiración y a veces con reproche: "Ustedes ya tienen la vida resuelta". Se dice cuando alguien empieza su terapia de reemplazo hormonal. Se dice cuando se consigue un trabajo. Se dice cuando por fin un hombre trans logra que en su casa lo llamen por su nombre. Se dice como si la transición fuera una meta que se cruza y no un camino que se sigue caminando, con todo lo que pesa.

Queremos hablar de esa frase porque es falsa, y porque su falsedad tiene consecuencias. Cuando se asume que ya tenemos la vida resuelta, deja de preguntarse cómo estamos. Y cuando deja de preguntarse cómo estamos, el malestar se queda adentro.

Lo que dicen nuestros datos

De las 60 personas que hemos acompañado en el servicio de salud mental del Espacio Trans-Formador, 40 nos han hablado de ideación suicida. No compartimos este dato para alarmar, sino porque nombrarlo es la única forma de atenderlo. Cuarenta personas de nuestra base comunitaria han llegado a un punto en el que la vida se les volvió difícil de sostener. Y cuando revisamos qué había detrás, lo que encontramos no fue la identidad trans: fue el mundo que la rodea.

Lo que hay detrás

Los detonantes que nuestro equipo ha identificado se repiten con una constancia que duele:

El vínculo roto. Rechazo familiar. Conflictos en casa por el nombre, los pronombres, la expresión. Pérdida de la pareja, de las amistades, de la familia. Ausencia de redes de apoyo. Sentirse una carga para los suyos: por no tener empleo, por el qué dirán, por el peso emocional de ser escondido.

El aislamiento. Soledad. Miedo a salir, a socializar, a ser juzgado. Temor a ser descubierto, expuesto o cuestionado en espacios sociales. La sensación de no pertenecer a ningún grupo, ni siquiera a aquellos donde uno esperaría encontrarse.

El futuro que no aparece. Muchos compañeros no logran visualizarse como personas adultas mayores. No es pesimismo: es que no ven referentes, no ven condiciones, no ven un lugar donde llegar a viejos. La desesperanza no nace de la nada; nace de mirar adelante y no encontrar nada.

La violencia y la exclusión. Discriminación en la calle, en el trabajo, en los servicios de salud. Y la trampa perfecta: que a uno le digan "Sos huevón, ponete a trabajar", cuando la razón por la que no le dan trabajo es, precisamente, ser trans. O que le digan que "eso de ser trans no existe", borrando de un plumazo la vida entera de alguien.

La invalidación del sufrimiento. No tener con quién hablar de los pensamientos suicidas sin sentirse invalidado. Que el dolor psicológico se lea como flojera, como capricho, como exageración.

Y lo más difícil de explicar: que pese a los cambios logrados —la hormona, el trabajo, los estudios, un círculo social que respeta la identidad— el malestar emocional persiste. Sentirse solo aun teniendo empleo, familia o estabilidad económica.

Ahí está, exactamente ahí, el daño de la frase con la que abrimos. Porque si supuestamente ya tenemos la vida resuelta, entonces seguir sintiéndose mal parece un defecto propio, una ingratitud, un fracaso personal. Y pedir ayuda se vuelve una vergüenza más. No lo es. La transición resuelve algunas cosas y abre otras. Tener hormonas no repone a la familia que nos dejó de hablar. Tener trabajo no nos devuelve las amistades que se fueron. Y ninguna de las dos cosas basta para construir, solos, todo lo que nos ha sido negado.

Lo que también falla: la clasificación que nos sigue patologizando

Nada de esto ocurre en el vacío. Guatemala sigue operando bajo la CIE-10, donde las identidades trans aparecen catalogadas como un trastorno mental. La CIE-11 corrigió ese error hace años: dejó de tratarnos como enfermos. Pero mientras esa actualización no se implemente aquí, seguimos pagando el precio.

Ese rezago no es un tecnicismo administrativo. Es lo que permite que los mal llamados "centros de conversión" donde se ejerce violencia contra personas trans y LGBTIQ+ bajo la promesa de "corregirlas" no estén regulados ni sancionados. Es lo que le da coartada a profesionales de la salud para cometer faltas: si el marco oficial dice que somos un diagnóstico, siempre habrá quien se sienta autorizado a tratarnos como tal.

Una persona que ya llega con rechazo familiar, aislamiento y desesperanza, y que además se encuentra con un servicio de salud que la patologiza, no recibe atención: recibe una confirmación más de que no cabe en ningún lado.

Lo que hacemos y lo que exigimos

En el Espacio Trans-Formador brindamos atención en salud mental desde una perspectiva no patologizante de las identidades trans:

  • Acompañamiento individual, de pareja, a familias y a redes de apoyo

  • Talleres de formación, psicoeducación y actividades de salud mental

  • Desarrollo y fortalecimiento de herramientas y recursos personales

  • Atención centrada en la persona y en sus necesidades

Lo hacemos porque sabemos que el acompañamiento sostenido cambia trayectorias. Pero también sabemos que una organización comunitaria no puede sustituir a un Estado.

Esta situación tiene que cambiar. No es posible que nuestra juventud crezca sin poder imaginarse vieja. No es posible que hablar de lo que se siente sea más difícil que aguantarlo. No es posible que el sistema de salud siga funcionando con una clasificación que el mundo ya corrigió.

Exigimos la adopción efectiva de la CIE-11, la regulación y sanción de los llamados centros de conversión, y servicios públicos de salud mental capacitados para atender a personas trans sin violentarlas.

Y a cada compañero que esté leyendo esto, sintiendo que no tiene con quién hablar: no tienes la vida resuelta, y está bien. Nadie la tiene. Lo que sí puedes tener es con quién caminarla. Aquí estamos.

Participaron de esta nota

Colectivo Trans-Formación

9 artículos
Un archivo para resguardar y contar la memoria trans y travesti en Centroamérica

Ana Alfaro

Durante décadas, las historias de las personas trans y travestis en Centroamérica quedaron fuera de los archivos oficiales. Un encuentro regional realizado en Guatemala busca revertir ese vacío mediante la recuperación de fotografías, documentos y testimonios que narran sus luchas, resistencias y formas de organización.

Unas manos intentando alcanazar elementos médicos y de salud
A los hombres trans nos borran del derecho a la salud sexual y reproductiva

Colectivo Trans-Formación

Hablar de salud sexual y reproductiva suele traer a la mente imágenes y discursos diseñados casi exclusivamente para relaciones cisgénero heteronormativas. En los consultorios, en las campañas públicas y en los manuales médicos, pareciera que la sexualidad solo se enfoca en poder gestar. Pero, ¿qué pasa con los hombres trans? ¿Qué sucede con quienes, a pesar de identificarnos como hombres, seguimos teniendo cuerpos con capacidad de gestar, menstruar o experimentar placer desde órganos históricamente asociados a lo femenino?