Hombre trans

Integrantes de colectiva de Hombres Trans Trans-Formacion

Sobre la colectividad, la organización y su poder transformador

Nos han contado la misma historia tantas veces que a veces se nos olvida que es mentira. Nos dicen que solos no podemos, que somos pocos, que el sistema es demasiado grande y nosotres demasiado pequeñes; que los cambios reales los deciden otras personas en otros lugares, con otros apellidos. Esa narrativa es una herramienta. Quienes sostienen el poder opresor necesitan que creamos que estamos desamparados, porque una persona que se cree sola no organiza nada. No exige. No incomoda. No transforma.

Siete años de compromiso, cero planes: la CIE-11 y el arte de posponer

Hay una diferencia entre no saber y no querer. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) de Guatemala lleva años demostrando que domina esa diferencia mejor que nadie: sabe exactamente qué le falta, tiene las propuestas técnicas sobre el escritorio, cuenta con cronogramas internacionales de referencia y hasta con el personal capacitado para avanzar. Y aun así, no avanza.

La casa que nos encierra no es un hogar

Hay una imagen que el imaginario colectivo repite cuando se habla de personas trans abandonadas: la de alguien con una maleta en la puerta de su casa, echado a la calle por una familia que no quiere comprenderle. Es una imagen real. Sucede. Y sucede con demasiada frecuencia, especialmente entre mujeres trans que son expulsadas de sus hogares en el momento en que se atreven a decir quiénes son.

La doble invisibilidad

Hay una forma de desaparecer que no hace ruido. No es una expulsión violenta ni una negación explícita. Es más sutil: es simplemente no ser nombrado. Es que los formularios no tengan una casilla para ti, que los estudios no incluyan tu categoría, que los fondos se repartan entre quienes sí aparecen en el papel. Para los hombres trans y las personas transmasculinas, esa desaparición tiene capas.

2025, un año difícil que también nos enseñó a sostenernos

El 2025 fue uno de los años más retadores en la historia de nuestro colectivo. La reducción de fondos en varios proyectos impactó directamente nuestra capacidad de acción. Tuvimos que tomar decisiones dolorosas, entre ellas despedir a parte de nuestro valioso personal trans, personas que no solo sostenían programas, sino también sueños, procesos comunitarios y acompañamientos vitales.

Hombre trans, no “chico trans”

Ser un hombre trans no es sinónimo de machismo. Aunque a muchos les parezca contradictorio, habemos muchas transmasculinidades alejadas del modelo hegemónico de lo que es ser un hombre, y no disfrutamos de muchos de los privilegios que nombrarse en masculino supuestamente conlleva, porque sencillamente no cabemos en esa masculinidad. No encajamos en la idea tradicional, rígida y violenta de lo que significa “ser hombre”. Nuestro camino parte de otras experiencias, otras heridas, otras resistencias.