“Soñar es una forma de resistir la represión”
Escrito por Desinformémonos
Hay exposiciones que simplemente muestran y hay exposiciones que sanan. Germino–Gemimos–Germinamos, la primera exhibición en México de la artista salvadoreña Gabriela Novoa, que se inaugura el 30 de mayo en la Sala Resquicio de Casa del Lago UNAM, pertenece a la segunda categoría.
A través de pinturas y bordados que tejen botánica, memoria ancestral y ficción especulativa, Novoa transforma la violencia de género y la opresión política que afectan la vida de los cuerpos feminizados en El Salvador en un conjunto de objetos artísticos que son, ante todo, un llamamiento a construir y a sanar.
Gabriela Novoa (El Salvador, 1991) es licenciada en Artes Plásticas y cineasta independiente. Su práctica multidisciplinar, que abarca el bordado, la pintura y el audiovisual, parte de una perspectiva feminista para explorar las estructuras de poder, violencia y sometimiento que atraviesan el género. Forma parte del colectivo centroamericano Unión de Artistas Feministas Engendrando Nuevos Sistemas y su obra se ha integrado a exhibiciones y colecciones en varios continentes.
“El hecho de soñar es una forma de resistir a la represión, porque cuando hay mucha violencia el ser humano pierde esa capacidad.” Esta convicción es el núcleo conceptual de la muestra.
Novoa encontró en la cosmología nahua de El Salvador el concepto del tunal, en su acepción de la energía que nos da la capacidad de soñar y que viaja de noche tejiendo conexiones entre personas, como metáfora de lo que la violencia sistemática arrebata: el deseo, la ilusión, la capacidad de soñar y de imaginar otro futuro.
Para situarnos, en la cultura nahua de México, a ese concepto se le llama tonalli, y es una de las tres entidades anímicas del ser humano, junto con el teyolia y el ihiyotl. El tonalli es la fuerza que da vigor, calor, valor. También volición y movilidad. Puede abandonar el cuerpo por propia voluntad durante el sueño o el coito. Su salida involuntaria podía derivar en enfermedad, miedo, insomnio y muerte.
“¿Cómo podríamos generar alianzas los cuerpos feminizados con la naturaleza?” En esa pregunta, formulada mientras trabajaba con las Madres Buscadoras de El Salvador (un colectivo de mujeres que buscan a sus hijas desaparecidas y construyeron, en medio del duelo, una red de amistad y cuidado mutuo), se originó toda una cartografía botánica.
Novoa descubrió que la orquídea gallito, capaz de crecer en lo alto de los árboles y en los cables de luz, era la metáfora precisa de las mujeres salvadoreñas: organismos que prosperan en el caos, que se reproducen y generan solidaridad incluso en las condiciones más adversas.
“Me pareció muy lindo poder relacionar esto con las historias de mis ancestras, honrar a todas esas mujeres que ya han preparado el terreno para que nosotras tengamos ciertas libertades”.
De la misma manera, el frijol gandul (pequeña leguminosa que regenera el suelo y aporta nitrógeno para cosechas futuras) se convierte en la exposición en emblema de ese linaje.
Por otro lado, la referencia histórica es concreta y poderosa: Prudencia Ayala, mujer indígena que se postuló a la presidencia de El Salvador en los años 20 del siglo pasado, cuando las mujeres ni siquiera tenían derecho al voto, y que lo hizo poco antes de que el Estado perpetrara la masacre indígena de 1932. Quienes preparan el terreno no siempre ven la cosecha.
“Me interesa mucho el bordado desde su poética de la reparación, de la unión”. Los bordados de Germino–Gemimos–Germinamos son práctica política. Novoa recuerda que durante la guerra civil salvadoreña las mujeres bordaban escenas del conflicto en pequeños manteles para hacerlos circular por otros países como testimonio imposible de censurar. El bordado también impone su propio ritmo (lento, pausado, comunitario) en contraposición con la velocidad de la pintura.
“La sanación también es colectiva, los procesos de resiliencia también son colectivos”, dijo, y las imágenes que pueblan sus lienzos lo confirman: no hay figuras solitarias, sino grupos de mujeres conviviendo en escenas que narran una historia de emancipación en la que los personajes deciden colectivamente convertirse en plantas para poder sobrevivir.
El Salvador de hoy, recuerda la artista, combina feminicidios, desapariciones, un régimen de excepción que encarcela sin garantías procesales y una represión sistemática de la libertad de expresión que ha forzado al exilio a activistas, periodistas y defensores de derechos humanos. Ante ese paisaje, la estrategia radica en la búsqueda de otras metáforas (la del micelio, la del suelo que se regenera, la del sueño recuperado).
La muestra está curada por Eva Posas, investigadora y curadora mexicana cuyo trabajo transita la intersección entre prácticas curatoriales, políticas del lenguaje e imaginarios contrahegemónicos. Desde 2024 dirige el programa Resquicio en Casa del Lago, UNAM, espacio dedicado al arte emergente y a las narrativas que desafían el canon institucional latinoamericano. Germino–Gemimos–Germinamos puede visitarse hasta el 4 de octubre de 2026, de miércoles a domingo.

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