Foto: Yeimi J Alonzo

¡Sin feminismo no hay agroecología!

Escrito por Yeimi Alonzo

Esta fue una de las consignas más escuchadas durante el “Simposio de Agroecología como Ciencia, Práctica y Movimiento”, realizado en San Pedro Carchá, Alta Verapaz, el 17 de mayo de 2026, que contó con la participación y ponencia de varias mujeres, productoras, estudiantes y académicas del sector agrícola provenientes de varias comunidades y países, quienes reflexionaron sobre la idea de que ya no basta con cambiar la forma de producir alimentos; también hay que transformar las relaciones de poder, desigualdad y violencias que viven las mujeres dentro del campo y la sociedad.

Por: Yeimi J Alonzo

Este encuentro se llevó a cabo en las instalaciones de la Universidad Mesoamericana, ubicada en el Centro Talita Kumi, el pasado 17 de mayo de 2026, donde distintas mujeres viajaron cientos y hasta miles de kilómetros desde países como Brasil, México, Colombia y Guatemala, entre otros, para intercambiar saberes y aprendizajes unas de otras.

Mujeres en la academia y la agricultura, espacios dominados por hombres

Con el anterior cuento, Helda Morales, guatemalteca e investigadora desde hace más de 28 años en el Colegio de la Frontera Sur, ubicado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, un centro público de investigación científica y educación superior, con quienes trabaja desde el equipo de coordinación de maestría y doctorado en agroecología; inicia su ponencia, narrando cómo escribió este cuento sobre su bisabuela Tránsito, que aunque no la conoció, fue hilando su historia desde lo que le contaba su abuela y familiares, una historia que conecta a las mujeres de su vida con la tierra y las semillas, pero que también describe la desigualdad que tanto sus ancestras, Helda y muchas mujeres, han vivido en la agricultura, al no ser escuchadas por el hecho de ser mujeres, tanto en el campo como en la academia, espacios que hasta hoy, siguen siendo dominados en su mayoría por hombres, pese a que los conocimientos y saberes también han sido transmitidos por las mujeres a lo largo de la historia.

 Helda Morales durante su ponencia. Foto: Yeimi J Alonzo

Helda contó que es hija de una madre soltera que siempre le enseñó que solas podían con todo. Cuando fue a la universidad a estudiar Biología, sus compañeras le demostraron que era cierto, que ellas eran estudiosas, sacaban las mejores calificaciones y que si se esforzaban, vencerían el mundo.  “Esa historia empezó a descascararse cuando conseguí un trabajo en el centro de investigación donde trabajo ahora, porque me esforzaba, me desvelaba. Mi hijo acababa de nacer y lo amamantaba a las 3 de la mañana. A esa hora me ponía a escribir artículos y sí, la súper mujer podía todo. Pero poco a poco me empecé a enfermar, estaba muy cansada y me ponía triste porque en las sesiones de trabajo no me sentía escuchada, mis colegas hombres después de que había dicho yo diez veces algo, si uno de ellos lo repetía era tomado como idea de él. Cuando íbamos al campo explicaba cómo terminar con una plaga, pero ni parpadeaban para demostrar que me habían escuchado, hasta que tuve la estrategia de decirle a mi esposo que él se los dijera y le decían: ‘¡Muchas gracias, usted sí sabe!’”, contó. 

A ella esas actitudes le causaban rabia, dijo, pero ni ella sabía la razón. “Pensaba que tal vez porque era joven, por ser guatemalteca y no gringa, hasta que un mi profesor me dijo: ‘¿No has pensado que es porque eres mujer?’. Ahí me di cuenta, y fue así que me empecé a juntar con la Alianza de Mujeres y me fueron enseñando sobre feminismos y todas las opresiones que tenemos las mujeres. Así me cambió la consciencia”, comentó.

Estudiantes del Centro Talita Kumi escucharon la ponencia de Helda Morales. Foto: Yeimi J Alonzo

Helda también compartió que este simposio a su vez, fue el Tercer Encuentro Internacional de la Alianza de Mujeres en Agroecología, un espacio fundado por un grupo de mujeres, en su mayoría académicas, en el año 2013, justo por la preocupación del por qué a las mujeres no se les toma en cuenta cuando hablan de agricultura y de la tierra, ni en las prácticas, ni en organizaciones civiles, ni en la investigación ni en la academia, por lo que cansadas de eso, decidieron unirse para intercambiar ideas de cómo evitar la discriminación en estos espacios.

Contó que fue así como lograron organizar la actividad junto a la Asociación para el Desarrollo Integral Comunitario Indígena (ADICI), organización que trabaja con mujeres y agroecología desde hace 29 años, especialmente en el área Q’eqchi’, en Alta Verapaz, lo que a muchas les permitió conocerse en persona por vez primera, abrazarse y compartir desde sus diferentes realidades y contextos.

Este encuentro también les permitió viajar y conocer las realidades y dolores de otras mujeres del municipio de Chisec, que luchan ante el despojo de tierras y las consecuencias de los monocultivos como la palma africana que invade esta región, además de conocer las prácticas agroecológicas frente a este gigante, según indicaron.

Productoras del mercado agroecológico disfrutaron de un atol durante el simposio. Foto: Yeimi J Alonzo

Chahim Huet Macz, coordinadora de ADICI, compartió que como organización han encontrado en la agroecología un espacio alternativo para la agricultura, pues esta engloba muchas de las prácticas que desarrollan los pueblos indígenas. “Como ADICI hemos tratado no solo de investigar, sino practicar agricultura Q’eqchi’, que como base tiene el respeto a la madre tierra, el no uso de agroquímicos, pero también el rescate de semillas criollas y nativas, prácticas que son amenas a la tierra utilizando prácticas de conservación de suelos para no degradarlos y sobre todo, desde una visión de que se siembra para que las personas tengan alimentación saludable”, dijo, y agregó que  también trabajan el tema de plantas medicinales, que es sembrar su propia medicina y su propio alimento. 

A este simposio se sumaron productoras y campesinas que ofrecieron sus productos naturales, alimentos, entre otros. De igual manera, asistieron estudiantes de Bachillerato, del Centro Talita Kumi que proporciona internados y becas para niñas y adolescentes, especialmente a mujeres indígenas rurales, promoviendo el desarrollo comunitario y agrícola.

Productoras del mercado agroecológico ofrecieron sus productos. Foto: Yeimi J Alonzo

También asistieron universitarias de la carrera de Agronomía de la Universidad Mesoamericana, quienes dijeron sentirse identificadas con el hecho de que esta carrera sea aún considerada solo para hombres.

“A pesar de que es mi primer semestre, me doy cuenta cómo mis compañeros por ser mujeres nos hacen a un lado, es difícil ser mujer no solo aquí sino en cualquier lugar en la sociedad. Hay muchos que piensan que la agricultura solo es para hombres y lo mejor es que las mujeres estén en el hogar”, expresó Lesly Mo, estudiante de Agronomía.

Otra de las estudiantes comentó que al principio tenía la mentalidad de que esta carrera era estar bajo el sol y que trabajar en el campo solo es para hombres, y las mujeres,  para estar en un lugar encerrado. “Pero cuando explicaron las ingenieras me gustó y me pareció muy bonito, aparte me motivaron porque no sé qué carrera seguir en la universidad, pero después de este diálogo me pareció muy bonito las experiencias que contaron. Al principio, sí, a una mujer le cuesta, pero todas ellas (ponentes) son mujeres poderosas que han luchado para llegar hasta donde están, nos motivaron para que nosotras podamos tener esa mentalidad de que estar en el campo no solo es para hombres, las mujeres podemos superarnos”, comentó Wendy Caal Ché, de 5to. Bachillerato.

 Estudiantes de Agronomía de la Universidad Mesoamericana. Foto: Yeimi J Alonzo

Si bien, en Guatemala no hay una cifra exacta que refleje cuántas mujeres estudian carreras referentes al agro, existen diversos estudios demográficos de la USAC que establecen una tendencia a nivel nacional donde las mujeres representan un tercio (31%) de población estudiantil en la carrera de Agronomía.

Cabe mencionar que este simposio fue abierto a todo público, no obstante, asistieron en su mayoría mujeres que reflexionaron y compartieron desde cuatro mesas temáticas que incluyeron temas como: La agroecología como práctica, Producciones agroecológicas en comunidades Q’eqchi’, Biodiversidad, interacciones ecológicas y servicios ecosistémicos en el agro, Sistemas urbanos, El territorio cafetalero; Investigación con incidencia e inclusión, Colectividad, semillas y territorio, hacia un movimiento agroecológico descolonial y despatriarcal; Articulación de redes y encuentros como pilares para su sostenimiento, entre otros. Por último, se cuestionó las políticas públicas de promoción de la agroecología con enfoque feminista: más allá del género, qué es la alianza de mujeres en agroecología, la experiencia de la agroecología en el corredor seco de Jocotán y el motivo de las consignas: “Sin feminismo no hay agroecología”.

 Una de las ponentes expuso sus experiencias mientras amamantaba a su bebé. Foto: Yeimi J Alonzo

¿Por qué sin feminismo no hay agroecología?

Para esta disertación, Juliana Mercon, originaria de Brasil, doctora en Filosofía y Educación, experta en agroecología e investigadora de la Universidad Veracruzana de México, explicó que el feminismo es un movimiento muy plural y que hay muchas formas de entendelo, que este no es sinónimo de mujer, sino más bien tiene que ver con el sentir, pensar y actuar para cambiar las estructuras de poder que lastiman a mujeres de manera central, pero también a hombres y a otros géneros, siendo un deseo de cambio al igual que la agroecología, que para ella, es una forma de vida, una forma ancestral de estar y relacionarse con el mundo y aunque la academia dice que es un campo de estudio científico, también es de las artes, las humanidades y otras formas no científicas de pensar.

También explicó que la agroecología como manera de relacionarnos con la vida y la tierra es una práctica cotidiana como respirar, y esencialmente un deseo de cambio y que por ello es un movimiento social y una forma de expresar nuestra inconformidad con cómo van las cosas en el mundo.

 Juliana Mercon durante su ponencia. Foto: Yeimi J Alonzo

“Cuando hablamos de cómo estamos las mujeres en el mundo, está muy claro que hay mucha desigualdad y opresión. Por ejemplo, el acceso a la tierra donde las mujeres también queremos sembrar y hacer comunidad con la tierra, pero en América Latina solo el 18% de las mujeres tienen acceso a esta pese al hecho que producimos un aproximado de más del 50% de los alimentos en todo el planeta, y alimentamos a todas las poblaciones con muy poca tierra, eso es inequidad pese a que trabajamos mucho, y eso tiene que ver con la invisibilización del trabajo de las mujeres, como los cuidados en el hogar”, continuó.

También explicó que como mujeres sienten que es necesario cambiar esta desigualdad desde una agroecología que sea feminista, pero, ¿qué significa esto? “Es hacer muchas cosas y contribuir a construir procesos desde la educación y formación, que podamos pensar juntas, organizarnos para pensar qué nos lastima y nos genera inconformidad y luchar para la liberación de todas y todos a través de procesos más justos”, expresó Juliana y afirmó que hay mucho que hacer en esa construcción de territorios agroecológicos, incluyendo los cuidados a la madre tierra en un mundo capitalista que pone el dinero al centro y por encima del bienestar, la salud y la dignidad. 

Venta de productos 100% naturales durante el simposio. Foto: Yeimi J Alonzo

De igual manera, Juliana aseguró que producir agroecológicamente son formas de resistir a ese sistema, y que por lo tanto, hay que practicar los cuidados de sí mismas , de la comunidad y la madre tierra, poniendo la vida al centro, en lugar de los proyectos de muerte que promueve el capitalismo, el patriarcado y la colonialidad. 

Chahim por su parte, compartió que uno de los lemas más importantes y que se ha gritado en todos los últimos congresos de agricultura y agroecología a nivel latinoamericano es justo el de “Sin feminismo no hay agroecología”, “porque debemos comprender que la agroecología tiene que tener una visión más hacia la importancia y el rescate de la tierra y que las mujeres somos las que en América Latina y en el mundo, somos pioneras en los procesos agroecológicos. No hay que dejar de ver y priorizar el trabajo de las mujeres en estos espacios”, señaló.

Estudiantes de Agronomía de la Universidad Mesoamericana durante el simposio. Foto: Yeimi J Alonzo

Mujeres ofrecen sus productos en el mercado agroecológico. Foto: Yeimi J Alonzo

Helda también aseguró que definitivamente “sin feminismo no hay agroecología”, porque las mujeres aportan desde sus  ideas, trabajo y luchas a la agricultura. “Esta agricultura del monocultivo que nos está matando aunque nos traten de convencer que es la agricultura que va a alimentar al mundo, es una agricultura de muerte que nos está enfermando por todos lados, por los agrotóxicos que utilizan, porque los monocultivos están basados en cereales que sí son importantes, pero no podemos vivir solo de esos cereales o aceites, pues la agroecología busca esa diversidad de cultivos para tener una panza y cuerpa sanas”, dijo.  

Sin embargo, para Gloria Patricia Zuluaga, originaria de Medellín Colombia, e ingeniera Agrónoma y doctora en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural;  la consigna de “sin feminismo no hay agroecología” puede ser un tanto difícil, y explica que cuando las mujeres están haciendo agroecología, trabajando, o muchas veces al hablar de la seguridad alimentaria y protegiendo las semillas, “a veces terminamos poniéndole más trabajo a las mujeres, y no mirando temas que son estructurales, como decíamos sobre la falta de recursos materiales que empiezan por la tierra, pero también lo simbólico como la palabra de las mujeres y sus necesidades, entonces terminamos instrumentalizándolas y poniéndoles más obligaciones”, e indicó, que las mujeres siempre han cuidado a sus familias y ahora tienen que cuidar el planeta, la tierra, el agua. “Ojo de que esta agroecología no signifique ponerles más trabajo a las mujeres”, recomendó, respecto a la sobrecarga de cuidados que ya llevan las mujeres especialmente en territorios rurales donde las ellas desempeñan el papel central en el sostenimiento de la vida, producción de alimentos, cuidado del agua y transmisión de saberes.

Gloria Patricia durante el espacio de preguntas y comentarios. Foto: Yeimi J Alonzo

Productora vende alimentos durante el simposio. Foto: Yeimi J Alonzo

Los encuentros entre mujeres como espejo

Al finalizar la actividad, las asistentes compartieron su sentir y lo valioso de cada uno de los aportes. Gloria, de Colombia, continuó manifestando que ha sido impresionante venir a Guatemala. “Sentí que tenemos una historia muy parecida en los dolores de haber salido de guerras largas donde nuestros pueblos han sufrido mucho, pero también en la capacidad de resiliencia, de reinventarnos. Para mí ha sido como verme en un espejo y me ha gustado mucho”, y compartió que la experiencia de intercambiar con otras mujeres de las ciencias agronómicas le ha parecido muy interesante, verse por primera vez, cantar, reír, etc.

Alianza de Mujeres en la Agroecología celebran y aplauden durante las ponencias. Foto: Yeimi J Alonzo 

A su vez, Jessica Caal Pop, de 17 años, originaria de Lanquín y estudiante de 5to. Bachillerato en Educación, en el Centro Talita Kumi, también expresó que tuvo la dicha de participar en este simposio y conocer a profesionales de la Agronomía que comparten sus experiencias con la agricultura. “Fue muy impactante para mí ya que no tengo tanto conocimiento en cómo trabajar la tierra, los cultivos, ni cómo poder implementar estos proyectos, pero nos motivaron a poder salir adelante, apoyar a nuestras comunidades, ya que las comunidades han identificado problemas como la venta de las tierras en lugar de cultivar o sembrar”, dijo. 

 Jessica Caal junto a su compañera Wendy Caal, estudiantes de 5to. Bachillerato. Foto: Yeimi J Alonzo

Para Juliana, este encuentro fue profundamente conmovedor, especialmente por la presencia de las juventudes y de las mujeres presentes, pues dijo que aprendió hace mucho tiempo en Brasil, cuando estudió la universidad, sobre la importancia de la inclusión, ya que había muy pocas mujeres profesoras y en su caso, al ser de un país fuertemente afrodescendiente, no tuvo una sola profesora o profesor afrodescendiente y el no verlos ahí, significaba reafirmar cotidianamente que ese no era un lugar para ella y estas personas, y al no ver mujeres como profesoras, se dificulta identificarse e imaginarse ahí. “Entonces el trabajo es mucho más grande y hoy siento que hicimos un trabajo importante en tener como 15 o 16 mujeres ponentes de diferentes países que comparten desde su corazón experiencias fuertemente inspiradoras y siento que ha sido una experiencia más allá de lo que dijimos”. 

También agregó que el hecho de haber estado en este simposio ayuda a inspirar a las mujeres jóvenes y para ellas, eso es inspiración amplia y profunda, porque reafirma el sentido de lo que hacen. “Nosotros estamos de paso y la vida es muy efímera, pero vienen otras generaciones y es como decir que la palabra se siembra, que también es semilla. Ojalá algunas semillas se hayan sembrado hoy y que podamos seguir floreciendo en esta sororidad necesaria para construir un mejor mundo, no solo para el futuro, también aquí y ahora, una utopía , una realidad por donde vayamos”, concluyó.

Para  Lesly Mó estudiante de Agronomía, fue  una experiencia muy bonita, enriquecedora, necesaria para tener más información y conectar ideas sobre política y feminismo, pues comentó que  muchas veces se hacen a un lado esos temas (feminismos) y no se ponen en práctica o no lo toman muy en cuenta al ser mal interpretado. “Creemos que no llega a afectar a la carrera de Agronomía o que no nos podría servir en un futuro ciertos comentarios u opiniones (sobre feminismos), pero fue una experiencia muy bonita, muchos comentarios que puedo poner en cuenta en mis prácticas y comunidades”, dijo. 

 Estudiantes del Centro Talita Kumi. Foto: Yeimi J Alonzo

Luisa Fernanda Palacios, de la Alianza de Mujeres en Agroecología Ama-Awua, también compartió estar muy conmovida y emocionada por el recibimiento con cantos que les dieron las niñas de Talita Kumi en la universidad. “Hubo una participación muy bonita, desde productoras locales y que haya visto un tianguis (mercado), mi corazón se va muy lleno. Alta Verapaz es un territorio muy poderoso y de mucha enseñanza, ayer estuvimos viendo huertos con mujeres y también técnicas de sanación, entonces me siento afortunada y contenta de estar acá”, añadió sobre la experiencia de conocer a otras mujeres en su visita al municipio de Chisec.

Luisa Palacios durante su ponencia. Foto: Yeimi J Alonzo

Estudiante del Centro Talita Kumi durante el espacio de  preguntas y opiniones. Foto: Yeimi J Alonzo

Al concluir las ponencias, Paulina Margarita Caal, del Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe MAELA, expresó como moderadora que este simposio fue de mucha luz porque también fortalece las herramientas y metodologías que necesitan los pueblos, pues convergieron saberes, comunidad y mujeres. “Este espacio, hace posible que todo este conocimiento de las abuelas que nos han acompañado en el hilo del tiempo, podamos escucharlo desde la práctica, la ciencia y el movimiento”, finalizó.

Organizadores y participantes al finalizar el simposio. Foto: Yeimi J Alonzo

Participaron de esta nota

Yeimi Alonzo

Mujer viento, mujer palabra…

Comunicación popular y periodismos con enfoque de género, pueblos originarios, fiscalización, investigación y derechos humanos desde Alta Verapaz, al norte de Guatemala.

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