Sara Curruchich y Aterciopelados tienden puentes identitarios con su música
Escrito por Joel Solano
La artista guatemalteca Sara Curruchich continúa consolidando su huella internacional, esta vez uniendo fuerzas con la banda ícono del rock en español, Aterciopelados. El lanzamiento de esta colaboración no solo marca un hito en la escena musical latinoamericana, sino que reafirma el compromiso inquebrantable de Curruchich en la defensa de los derechos humanos, los pueblos indígenas y la equidad de género. Con esta nueva propuesta, la cantautora maya Kaqchikel vuelve a demostrar cómo la música puede convertirse en un canal global de denuncia, esperanza y transformación social.
Por Joel Solano
Cuando las raíces se encuentran a través de la música, nacen voces que trascienden fronteras. La colaboración entre Sara Curruchich y Aterciopelados representa un puente cultural que une identidad, arte y resistencia en una sola canción.
La compositora guatemalteca Sara Curruchich lleva la música y mensajes de identidad cultural a escenarios internacionales. En esta ocasión, conversó con Ruda sobre su colaboración con la emblemática agrupación colombiana Aterciopelados, una unión artística que conecta raíces, lucha social y sonidos latinoamericanos.
La música como refugio y empoderamiento
Para la cantautora maya Kaqchikel, originaria de San Juan Comalapa, Chimaltenango, esta colaboración representa el cierre de un círculo personal y artístico, ya que la música de la banda colombiana ha sido una constante en su vida. “Le tengo mucho cariño y agradecimiento a Aterciopelados porque ha sido una de las bandas latinoamericanas que, al igual que a muchas otras personas, me ha dado fuerzas y me ha hecho sentir libertad o sensibilidad”, señaló Sara Curruchich.
En sus recuerdos, las canciones de la agrupación funcionan como un tejido: “Recuerdo escuchar Florecita Rockera y sentir una energía hermosa y de mucho poder alrededor de las mujeres, como algo que se despierta para habitar nuestra voz con fuerza y autenticidad”, evocó la artista, y añadió que otro de los temas que reprodujo incansablemente fue Soñemos un bosque, por la profunda paz que le transmitía.
Lo que comenzó como una profunda admiración a la distancia se transformó en realidad en el año 2017, cuando Curruchich tuvo la oportunidad de conocer personalmente a los integrantes de la banda. El paso del tiempo no ha disminuido el impacto de ese vínculo, sino que lo ha formalizado en el estudio de grabación. “Colaborar con Andrea y Héctor me hace sentir muy emocionada y fuerte; es algo sumamente simbólico que agradezco profundamente”, confesó la cantautora guatemalteca sobre esta alianza artística.

Foto: Sandra Sebastián
El nacimiento de “Quisiera ser”
El origen de este proyecto conjunto se encuentra en la propuesta del compositor Jorge Requena, autor de la canción “Quisiera ser”, quien invitó inicialmente a Sara a interpretar el tema. Fue a partir de esa propuesta que el proyecto tomó una dimensión colectiva.
“Con mi equipo pensamos que Aterciopelados es una banda que tiene una sensibilización muy grande y la sentimos muy cercana”, explicó Curruchich sobre la decisión de buscarlos para fusionar sus talentos. Para la artista, la incorporación de la banda colombiana transforma por completo la pieza, "Poder tejer nuestras voces con Aterciopelados en ‘Quisiera ser’, sumando sus voces, su historia y su compromiso con la vida y la justicia, le da un universo muy grande a la canción".
La confirmación de la alianza artística generó un profundo impacto emocional en el equipo de Curruchich. “Desde que recibimos la noticia de que Aterciopelados había aceptado colaborar en esta canción, fue algo feliz, inspirador y muy emocionante”, compartió la cantautora. Para la artista, el proyecto adquiere una dimensión mayor al admirar la coherencia de Aterciopelados a lo largo del tiempo.
“Para mí ha sido impactante ver a una banda que he escuchado por tantos años; ver cómo han sostenido una estabilidad y cómo han mantenido sus compromisos con la vida, las mujeres, la tierra y las distintas luchas. Tanto Andrea como Héctor tienen proyectos maravillosos con vínculos hacia la justicia”, dijo.

Foto: César Calderón
Las raíces musicales en Abya Yala
El encuentro con los colombianos también conecta con la propia formación e identidad de Curruchich, quien se nutrió del arte del continente para moldear su propia propuesta. “Yo crecí escuchando a distintos artistas de Abya Yala que aportaron a que pudiera entender que una persona puede hacer música desde su vivencia o desde su identidad”, explicó.
En ese sentido, la colaboración se convirtió en un viaje en el tiempo hacia sus propios orígenes: “Compartir con Andrea y con Héctor es algo que no imaginé. Me recordó a mí misma cantando mi primera canción, y me acordé mucho de verlos en la prensa como artistas internacionales con tanto reconocimiento”, señaló Cururuchich.
También, la cantautora celebró este cruce de caminos que la música ha hecho posible, viéndolo como un hito cargado de afecto y mística. “Agradezco a la vida que nos permita compartir una canción. Me siento muy agradecida de compartir con Aterciopelados; esta semilla se siente con mucho amor y es algo profundamente simbólico”, indicó Curruchich sellando así un lazo musical que une a Guatemala y Colombia en una misma voz de arte y resistencia.
El camino que unió a Sara Curruchich con la legendaria banda colombiana comenzó a trazarse casi una década atrás, aunque el primer encuentro en persona tuvo que esperar. “Mi primer recuerdo es de 2017; viajé a Colombia y Aterciopelados iba a dar un concierto al que nosotros asistiríamos para ver a estos artistas que apreciamos muchísimo”, relató la cantautora maya Kaqchikel. Sin embargo, un imprevisto alteró los planes: “Se atravesó una situación familiar por la que ya no me pude quedar al concierto, pero quedamos en comunicarnos y hubo acercamientos muy cálidos desde el principio”.
Solidaridad en tiempos de crisis, el apoyo a Sepur Zarco
Esa cercanía inicial se transformó en un lazo de apoyo mutuo y consciente durante uno de los momentos más críticos para Guatemala en el año 2020. En tiempos de pandemia, llegaron las tormentas Eta e Iota, causando grandes afectaciones en las comunidades. “En medio de esa situación tan complicada, organizamos un festival virtual de mujeres con colegas, compositoras y cantautoras maravillosas, con el fin de recaudar fondos para comprar maíz, frijol y atoles para llevar a Sepur Zarco”, recordó Curruchich.
Fue en ese espacio de resistencia y cuidado comunitario donde Andrea Echeverri dijo presente: “Entre estas artistas estaba Andrea; ella nos compartió un video desde su casa mostrando su solidaridad y fue algo hermoso. Ver la fuerza solidaria de mujeres que han caminado tanto en la industria de la música fue un gran aprendizaje al principio de mi carrera”, contó Sara.

Foto: Sandra Sebastián
El esperado encuentro y la gratitud del presente
Tras años de comunicación y apoyo a la distancia, el reencuentro físico y musical finalmente se consolidó el año pasado, en tierras sudamericanas, sembrando la semilla definitiva para su actual colaboración. “Tuvimos un evento en Colombia donde fue hermoso encontrarnos con Aterciopelados. Yo cantaba ahí con mi guitarra y ellos también estaban; pudimos conversar”, rememoró con entusiasmo la artista guatemalteca.
Para Curruchich, el valor real de esta alianza va mucho más allá de los escenarios. “Tanto en persona como de manera virtual, siempre he recibido de ellos mucha apertura y mucha escucha. Eso para mí es sumamente importante y es algo que agradezco profundamente”, aseguró.
Para Curruchich, esta colaboración va más allá del plano musical; representa un acto de resistencia frente a las narrativas que históricamente han intentado distanciar a las mujeres. “Siento que es muy importante que las mujeres trabajemos juntas, porque el sistema nos ha hecho creer que debemos competir entre nosotras”, reflexionó Sara Curruchich. Frente a esa lógica, la cantautora apuesta por la creación de redes de apoyo: cree profundamente en el valor de compartir espacios distintos, más amorosos, colaborativos y seguros. “Pienso que cuando las mujeres trabajamos, soñamos y anhelamos juntas con el deseo de aportar, estamos imaginando y construyendo otras formas de relacionarnos”.
Caminar en conjunto frente a la invisibilización
En ese sentido, Curruchich identifica a la vocalista de Aterciopelados como un referente fundamental de esta filosofía en el continente. “Siento con mucha fuerza que Andrea ha representado eso durante muchos años para las mujeres latinoamericanas. Trabajar juntas es una forma de decir ‘aquí vamos juntas, reconociendo e inspirándonos en los pasos que otras compañeras ya han dado, escuchando sus voces y caminando en conjunto’”. Para la cantautora maya Kaqchikel, esta alianza es, en esta instancia, una postura política. “Unirnos es enviar un mensaje contundente hacia un sistema que, tantas veces y de distintas maneras, intenta desarticularnos y volvernos invisibles”, apuntó.
Ternura y reflexión frente a la crisis migratoria
Más allá de su propuesta melódica, “Quisiera ser” es una pieza que nace como una respuesta íntima y política ante las realidades más dolorosas del continente. Es una canción que nos pone en el centro de la reflexión sobre el cuidado, el deseo de acompañar y la ternura, comentó Curruchich. Desde su propia concepción, esta colaboración dialoga directamente con el contexto actual de la migración. “Vivimos un momento donde están muriendo comunidades migrantes, indígenas y latinas. Son tiempos tan duros, con tanto miedo y tanta violencia hacia las personas migrantes, marcados por tantas separaciones de niñez, adolescencia, familias completas y parejas”, dijo la artista.
Frente a este panorama, Curruchich apuesta por transformar el dolor colectivo en una fuerza movilizadora que rompa el silencio. “A mí me hace reflexionar mucho sobre mi propia indignación. Siento que la indignación nos puede hacer mover y nos puede dar la fuerza para nombrar todo aquello que se ha querido invisibilizar; ese es el mensaje que busca ‘Quisiera ser’”, afirmó Curruchich. Para la cantautora, el propósito final del tema es abrazar y, al mismo tiempo, despertar conciencias.
“El principio de la canción es poder dar un abrazo fuerte, fuerte, fuerte, pero que también nos deje la reflexión de cómo movernos, de pensar en lo digno que nos merecemos y en lo libres que queremos y merecemos ser”.
La música como extensión de la identidad y el territorio
Para la cantautora, el arte no es un elemento aislado, sino una extensión directa de su propia historia y de los lazos que la unen a su entorno. “En principio, el proyecto no está separado de nuestro ser, de mi ser, porque atraviesa también mi manera de crear y de habitar la música”, profundizó Curruchich. La artista sostiene que el origen étnico y cultural define la forma en que se aborda la creación. “Siento que nuestra identidad está presente en cómo habitamos la música y en cómo la entendemos dentro de estas reflexiones del cuidado colectivo, la memoria y el vínculo con la comunidad. Esa forma de sentir y percibir la identidad es lo que sostengo en este momento”, señaló.
Esa cosmovisión y arraigo comunitario también se traducen de forma directa en la estructura musical y sonora del tema. “Hay un ritmo de manera peculiar que evoca las voces de los pueblos que caminan y que evidencian su sentir cuando exigen algo o cuando nos manifestamos”, explicó. En el plano técnico y rítmico, Curruchich destaca la raíz tradicional que sostiene la pieza. “Rítmicamente es muy perceptible un ritmo de son. Es una canción acústica donde también hay elementos de tierra, y eso es una parte fundamental de mi identidad”, compartió.
Así mismo, para Sara Curruchich, sus procesos emocionales y su visión artística caminan siempre en la misma dirección, encontrando en la trayectoria de los colombianos una confirmación de sus propios ideales. “No están desligados mi sentir personal del artístico; siento mucha inspiración y siento que este es un camino que reafirma que la esperanza es posible”, dijo.
Admirar la longevidad y coherencia de la banda ha sido clave en esta visión. “Ver, escuchar y atestiguar cómo Aterciopelados ha sostenido su creación, su voz crítica y su sensibilidad durante tantos años, me hace sentir mucho y me reafirma que sí es posible hacer música con fuerza, con muchos ritmos y con mucha profundidad, sin perder jamás la ternura”, señaló.
Inspiración desde Abya Yala para mover la conciencia
Ese impacto se reavivó recientemente en la artista al ver la vigencia de la agrupación en las plataformas globales. “Ver uno de sus videos recientes que se hizo viral, como su presentación en Tiny Desk, me emocionó muchísimo. Es extraordinariamente inspirador ver a artistas de Abya Yala y de Latinoamérica que siguen creando, tejiendo sus voces, defendiendo la libertad y profundizando en su propuesta”, destacó Curruchich, conmovida, reconociendo la inagotable energía que han transmitido Aterciopelados a lo largo de toda su carrera.
Al final, este encuentro deja una lección profunda en la creadora guatemalteca. "El gran aprendizaje de esto es que sí es posible hacer música con elementos que busquen tocar la profundidad de nuestra alma, de nuestro espíritu, de la conciencia y, sobre todo, de mucho amor”.
La dualidad de “Quisiera ser”, fuerza acústica e intimidad
En el plano estrictamente musical, la canción se define por una atmósfera orgánica que conecta con las búsquedas creativas más recientes de la cantautora guatemalteca. “Quisiera ser” es una canción acústica que introduce sonidos electrónicos, pero mantiene una gran fuerza acústica. Al ser una pieza acústica, posee cierta intimidad y suavidad”, detalló Sara Curruchich.
Además, explicó que sus últimos proyectos navegan precisamente en ese universo íntimo que permite un acercamiento emocional distinto con el público. Para la artista, la incorporación de la banda colombiana potencia esta dualidad. “Existe una libertad y una personalidad fuerte que tiene Aterciopelados; pienso en una combinación de fuerza y suavidad, no en algo estridente, sino profundamente íntimo”.
Más allá de la fusión de géneros, Curruchich destacó el valor político e histórico de este lanzamiento como una plataforma de visibilización y articulación cultural. “Estas son oportunidades de conciencia para que el mundo vea y sepa que ha habido artistas indígenas en toda la historia, y que actualmente habemos artistas contemporáneos creando desde nuestras vivencias, narrativas, voces, propuestas, sentires y realidades”, enfatizó. En ese sentido, la unión de talentos se convierte en un puente estratégico para el continente. “Estas colaboraciones nos ayudan a articularnos mucho entre creadores e, indudablemente, pueden llevar mensajes de reflexión y de conciencia sobre nuestras culturas vivas”, comentó.

Portada de la canción “Quisiera ser”, en plataformas digitales.
La grabación final, canalizar el dolor en colectivo
El proceso de grabación en el estudio se convirtió en un espacio de catarsis y desahogo emocional para todos los involucrados, uniendo sus sentires frente a las injusticias sociales. “Para mí es difícil, por lo general, escoger una sola parte de lo que se vive. Algo que compartimos mientras grabamos con la banda, con Andrea y con el equipo, fue lo que sentíamos: mucha tristeza, dolor e impotencia; nos sentíamos indignados e indignadas”.
Sin embargo, ese dolor encontró un canal de liberación a través del canto compartido. “Algo muy emotivo de la experiencia fue ese momento cuando cantábamos y estábamos grabando la parte final de la canción. Estábamos muchas voces juntas y fue como canalizar nuestro sentir en colectivo. Sentí mucha ternura, fuerza y una conexión desde la honestidad con la canción; pienso en ese momento y siento que, al final, de pronto podemos darle más volumen a nuestras voces cuando vamos cantando en comunidad”, contó Curruchich sobre esta experiencia.
Para Sara, el anhelo principal de este lanzamiento es que se transforme en una compañía activa para quienes transitan caminos difíciles. “Como lo compartí en mis redes, anhelo que la canción pueda acompañar, que pueda ser un canal para procesar la incertidumbre y el temor, y que nos haga sentir menos solas ante estas temáticas, particularmente en las que tienen que ver con la justicia”.
Curruchich insiste en que el arte debe ser una herramienta para romper el silencio y visibilizar las realidades complejas. “Queremos que la gente sepa que es importante que, desde donde estemos, sigamos nombrando y visibilizando; que la indignación es necesaria para poder evidenciar lo que ocurre”.
La cantautora señaló que las poblaciones más vulnerables hacen eco de realidades como el drama migratorio en los límites territoriales. “Todas las personas podemos tener un aporte hacia la dignidad y la justicia. La música puede tocar, caminar y habitar lugares profundos en nuestro ser; nos ayuda a verbalizar los dolores, a traer la memoria y a imaginar otros mundos como una manera de resistir a la deshumanización”, reflexionó Curruchich.
Al respecto, la cantautora conecta este sentir con referentes que abordan las fronteras y la migración a través de los testimonios de familias separadas que viven con tanto dolor y dignidad. “Por eso siento que es importante cantar y nombrar lo que está pasando. Claro que existe una indignación, pero esta puede movernos hacia el cuidado, hacia la memoria y hacia la dignidad”, advirtió de manera contundente.
Gratitud por el recibimiento y nuevos horizontes creativos
El impacto y la calidez con la que el público ha abrazado este lanzamiento musical han dejado una profunda huella en la artista guatemalteca. “Estoy muy agradecida por la apertura que le han dado al recibimiento y el amor a ‘Quisiera ser’”, expresó con alegría Sara Curruchich. Lejos de detenerse, este hito coincide con una etapa de intensa búsqueda y diversificación artística para la cantautora. “Actualmente estoy trabajando en proyectos relacionados a la memoria y a la poesía, haciendo exploraciones sonoras. Me estoy moviendo hacia otros espacios y eso me alegra mucho; espero seguir creando música que estaré compartiendo en los próximos boletines de noticias. Son proyectos que agradezco, me emocionan y que en algún momento espero compartírselos”.
El sueño de seguir tejiendo alianzas en el continente
La enriquecedora experiencia con la banda colombiana ha reafirmado en Curruchich el deseo de expandir sus redes de colaboración por toda la región, entendiendo el arte colectivo como un puente fundamental. “Por supuesto que sí quisiera seguir trabajando con más creadores latinoamericanos. Admiro a tantos y tantas artistas de estos territorios y de este continente que sería un sueño poder hacer colaboraciones y trabajar proyectos en conjunto; sería hermoso”, contó la cantautora.
Con la mirada puesta en el futuro y desde su propia espiritualidad, puntualizó: Si la vida y las abuelas lo permiten y nos dejan seguir trabajando, esperamos que surjan más y más colaboraciones.
Un llamado a la autenticidad y al orgullo ancestral
Como mensaje central para los creadores originarios del continente, Sara Curruchich hace un llamado contundente a mantener la fidelidad a las raíces por sobre las presiones del entorno. “El mensaje para las y los artistas indígenas es que abracen su voz, su creación y su proyecto; que no abandonen su visión ni su voz solo para encajar”, indicó, a la vez que les invita a dignificar su herencia en cualquier escenario.
“Debemos darnos ese regalo cotidiano de recordar que nuestra historia, nuestros idiomas y nuestra visión del universo también merecen ocupar espacios. Cada vez que se comparte algo creado desde los pueblos, se lleva la historia misma de la comunidad, la vivencia, la vida y la existencia de nuestra ancestralidad”, argumentó, mientras reafirma el arte como un canal vivo de resistencia y memoria.
Para cerrar este importante capítulo musical, la cantautora maya kaqchikel compartió un emotivo agradecimiento que trasciende el plano artístico y apela al valor de la escucha mutua. “Quiero agradecer profundamente, con todo el corazón, que podamos tener este encuentro de la palabra y del canto con Ruda, que podamos compartir nuestras visiones y tomarnos el tiempo para la conversación”.
También resaltó la importancia de validar el origen de las emociones y los cuestionamientos colectivos. “Muchas gracias por amplificar. Debemos recordar que la palabra y la música son formas tan dulces y, a la vez, tan fuertes de cuidar nuestra existencia y nuestra memoria; así que muchas gracias”, concluyó conmovida, sellando este lanzamiento con un mensaje de unidad y resistencia cultural.
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