¿Por qué es importante la creación de una Política Nacional de Cuidados en Guatemala?
Escrito por Angie Ross
Organizaciones de mujeres y sindicatos de trabajadoras domésticas trabajan actualmente en la conformación de una Plataforma Nacional de Cuidados que buscará, a su vez, impulsar una política pública sobre el tema. El medio digital feminista Ruda participa en este esfuerzo.
Por Angie Ross
Alva Cux es trabajadora doméstica de una casa particular. Su vida se desarrolla entre tareas de cuidados remunerados y las que realiza en su hogar sin paga alguna. "Pues mi vida es levantarme a las cinco de la mañana, hacer la comida de mis hijos, dejar todo preparado e irme a trabajar. Al regreso, pues venir a hacer lo que se quedó pendiente en la mañana", contó.
Como muchas trabajadoras del hogar, Alva realiza en su empleo actividades que también forman parte de su vida cotidiana. Su trabajo le permite obtener ingresos, pero implica una carga física que no siempre es reconocida. "Para mí significa un ingreso, pero las personas no comprenden el trabajo, que es muy matado, ¿verdad? Y pagan poco, ante todo", expresó.
Su experiencia refleja una realidad que atraviesa a muchas mujeres en Guatemala. Según datos del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia -Sitradomsa-, en Guatemala existen más de 400 mil trabajadoras de casa particular: el trabajo remunerado no necesariamente las libera de las responsabilidades de cuidado en sus casas. Al terminar su jornada laboral, deben continuar con las tareas de sus hogares, atender a sus familias y resolver las necesidades que quedaron pendientes.
Este 29 de octubre, Día Internacional de los Cuidados, el consorcio por los Derechos Laborales y del Cuidado Remunerado y no Remunerado de las Mujeres, conformado por la Asociación de Mujeres en Solidaridad -AMES-, Sitradomsa, Ruda y Bizkaia, con el apoyo de Oxfam, buscan poner en el centro del debate la necesidad de avanzar hacia una Política Nacional de Cuidados en Guatemala, una propuesta que permita reconocer el cuidado como un trabajo esencial para la vida, redistribuir las responsabilidades entre la ciudadanía y el Estado y garantizar condiciones dignas para quienes cuidan y para quienes necesitan de cuidados.
Una jornada que no termina al salir del trabajo
Antes, Alva también se encargaba del cuidado de sus padres, quienes ya eran mayores. "Antes sí cuidaba a mis papás, porque ya estaban grandes. Dejaba todo preparado para ellos y cuando venía, pues a ver qué les hacía falta y seguir con ellos", recordó.
La atención a sus padres implicaba organizar su tiempo entre el trabajo y las necesidades familiares. En ocasiones debía llevarlos al médico o resolver otras situaciones durante el día. Cuando no contaba con apoyo, tenía que ausentarse de su empleo.
Pedir permiso a sus empleadores no siempre era sencillo.
"Sí, es muy difícil poder pedir un permiso para hacer uno lo que tiene que hacer", señaló.
Alva explicó que, cuando debe atender una necesidad personal o familiar, espera que sus empleadores comprendan su situación. "Que los patrones fueran comprensibles con uno para uno poder hacer sus cosas".
La experiencia de Alva muestra cómo las responsabilidades de los cuidados pueden convertirse en una fuente constante de cansancio y estrés, especialmente cuando no existen redes de apoyo ni condiciones laborales que permitan atenderlas.
"Pues consecuencias: terminaba muy estresada, cansada a la vez. De tantas vueltas que tenía que hacer en el transcurso del día", contó sobre el tiempo en que debía atender a sus padres mientras trabajaba. Aunque actualmente recibe apoyo de su nuera, también una mujer, en algunas tareas de cuidado, la organización de la vida familiar continúa dependiendo de cómo logra distribuir su tiempo.

Performance de la actividad del festival de semillas de pensamiento en el que trabaja con flores y elementos naturales hacer la reflexión sobre los cuidados y saberes y el trabajo que sostiene la vida cotidiana. Foto: Angie Ross
"Estamos pobres de tiempo"
Yolanda Flores, secretaria general Sitradomsa, conoce de cerca esta realidad. Para muchas trabajadoras del hogar, la jornada comienza antes de salir a trabajar y continúa cuando regresan a sus casas.
"Antes de salir a trabajar, nosotras ya hemos trabajado en nuestros hogares. Hasta a los hijos dejamos recomendados, luego vamos a trabajar, regresamos otra vez a recoger a nuestros hijos, a seguir trabajando, cocinar, o lavar, o algo siempre tenemos que hacer", dijo.
En algunos casos, las trabajadoras son contratadas para realizar tareas domésticas, pero durante la jornada también deben cuidar a niñas, niños o personas con discapacidad, sin que exista un acuerdo previo o reconocimiento adicional de esas responsabilidades.
Yolanda aseguró que esta situación puede llevarlas a dejar de atender a sus propios hijos. "A veces uno deja de cuidar a sus propios hijos por ir a cuidar a los hijos de los empleadores".
La acumulación de tareas dentro y fuera del hogar reduce el tiempo disponible para descansar, atender la salud, compartir con la familia o realizar actividades personales.
"Estamos pobres de tiempo", resumió Yolanda.
Desde Sitradomsa, una de las propuestas es que el Estado impulse servicios públicos de cuidado, como centros de cuidado infantil (guarderías) accesibles, que permitan a las trabajadoras dejar a sus hijos en espacios seguros mientras cumplen con sus jornadas laborales, o mientras buscan profesionalizarse.
"Por eso también estamos apostándole a las políticas públicas para que el gobierno ponga guarderías donde uno pueda pasar a dejar a su niño y pueda uno trabajar tranquilo ya que eso es lo que nos hace falta. Tener guarderías para que nuestros hijos también estén seguros y estén cuidados", planteó Yolanda.
El cuidado es trabajo y necesita reconocimiento
Para Rosa Marina Escobar, de la Asociación Mujeres en Solidaridad (AMES), el cuidado ha sido históricamente una responsabilidad asignada a las mujeres, pero no siempre reconocido como un aporte económico y social.
En los hogares, muchas de estas actividades se consideran una obligación femenina o una forma de "ayuda", en lugar de entenderse como trabajo. Esta falta de reconocimiento también repercute en las condiciones de las mujeres que realizan trabajo doméstico remunerado.
El cuidado sostiene la vida cotidiana: permite que otras personas estudien, trabajen y participen en la sociedad. Sin embargo, quienes lo realizan pueden enfrentar salarios bajos, jornadas extensas y falta de condiciones laborales dignas.
Escobar plantea que las responsabilidades de cuidado no pueden continuar recayendo únicamente en las mujeres. Es necesario redistribuirlas entre las familias, las comunidades, el Estado y otros actores sociales.
Esto implica reconocer tanto el trabajo remunerado como el no remunerado, así como impulsar servicios públicos que respondan a las distintas necesidades de cuidado: niñas y niños, personas mayores, personas con discapacidad y quienes requieren acompañamiento en diferentes etapas de la vida.
Una Política Nacional de Cuidados, desde esta perspectiva, no resolverá por sí sola todas las desigualdades, pero puede abrir una ruta para que el cuidado sea reconocido como una responsabilidad colectiva y no como una tarea que las mujeres deben asumir individualmente.

Foto: Angie Ross
Cambiar la narrativa: "No es ayuda, es cuidado"
Desde el periodismo feminista, Ruda acompaña el proceso de creación de una Plataforma Nacional de Cuidados, una instancia en proceso de conformación de organizaciones de mujeres, promovida por el consorcio por los Derechos Laborales y del Cuidado Remunerado y no Remunerado de las Mujeres, que busca la creación e implementación de una Política Nacional de los Cuidados, donde el Estado asuma su corresponsabilidad.
El medio digital feminista desarrolla la campaña de sensibilización "No es ayuda, es trabajo", para visibilizar el trabajo de los cuidados ejercido por mujeres y cuestionar la idea de que las tareas del hogar y de cuidados son una ayuda o un apoyo, en lugar de un trabajo.
"El principal desafío es cambiar esa narrativa que considera el trabajo de cuidado como una ayuda y pasar a reconocerlo como un trabajo", explicó Violeta Cetino, periodista de Ruda.
Para Cetino, cuidar requiere conocimientos, tiempo, esfuerzo y energía. Reconocerlo como trabajo también implica reivindicar condiciones dignas para quienes lo realizan de manera remunerada, como un pago justo, vacaciones pagadas, prestaciones de ley y seguro social que brinde cobertura no solamente en casos de maternidad o accidentes, sino que la cobertura abarque enfermedad común, invalidez, vejez y sobrevivencia.
La periodista indicó que esta realidad también atraviesa a las mujeres que trabajan en los medios de comunicación o en otros empleos fuera de sus hogares. "Nosotras mismas como periodistas feministas debemos ser conscientes de que también realizamos un trabajo de cuidados y del hogar no remunerado fuera de nuestras labores profesionales", afirmó.
Desde esta mirada, visibilizar el cuidado también implica reconocer que las mujeres no solo cuentan estas historias, sino que viven esas realidades. Una reflexión que amplía la pregunta sobre quién cuida a quién y por qué las responsabilidades de sostener la vida continúan recayendo, principalmente, sobre ellas.
Las trabajadoras deben ser protagonistas
Para Glenda Alvarez, mujer Xinka y periodista de Ruda, una política de cuidados debe construirse escuchando a quienes viven estas realidades. Las trabajadoras del hogar conocen de primera mano las dificultades que enfrentan, sus necesidades y las demandas que han planteado durante años.
"Nadie mejor que las trabajadoras saben todo lo que han atravesado, todas las dificultades, todas las necesidades", dijo.
Por eso, considera importante que las trabajadoras tengan un espacio real de participación en la construcción de una Política Nacional de los Cuidados, y que sus voces no se incluyan únicamente para cumplir con una cuota.
"Es bien importante que las trabajadoras del hogar tengan espacio y no solo espacio por cumplir alguna cuota, sino que también sean realmente escuchadas", expresa.
Desde el periodismo feminista, Glenda explica que contar estas historias también contribuye a reconocer el trabajo doméstico y de cuidados. Poner en el centro las experiencias de las mujeres permite cuestionar la idea de que estas actividades son una ayuda o una responsabilidad natural de ellas.
"Es bien importante mostrar y humanizar las historias de las mujeres", afirmó.
Para Glenda, además de mostrar las dificultades que enfrentan las trabajadoras, es importante reconocer sus aportes a la sociedad y a la economía, así como sus procesos de organización y lucha por sus derechos.
¿Qué debe contemplar una Política Nacional de Cuidados?
Las experiencias de Alva, Yolanda, Rosa y Glenda muestran que las necesidades de cuidado no pueden resolverse únicamente con esfuerzos individuales.
Alva pide a las y los empleadores comprensión y apoyo para que las trabajadoras puedan atender sus necesidades personales y familiares sin que eso signifique poner en riesgo su empleo.
Por su parte, Yolanda propone que el Estado impulse servicios públicos de cuidado, especialmente guarderías accesibles, para que las trabajadoras puedan cumplir sus jornadas con la tranquilidad de que sus hijos están en espacios seguros.
Rosa plantea que el cuidado debe reconocerse como una responsabilidad compartida y que las políticas públicas deben incluir servicios que respondan a las diferentes necesidades de la población.
Glenda insiste en que las trabajadoras deben ser escuchadas y que sus demandas se traduzcan en medidas concretas. Entre los cambios que señala está la importancia de contar con condiciones laborales dignas, contratos justos que delimiten las tareas por las que se contrata y se paga, y el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras del hogar.
Una Política Nacional de Cuidados requiere, además, que las instituciones públicas, las organizaciones sociales y las comunidades articulen esfuerzos para avanzar hacia una distribución más justa de estas responsabilidades.
Trabajadora del hogar durante un intercambio entre periodistas y trabajadoras del hogar organizado por Ruda. Foto: Nora Pérez
Una política para reconocer y redistribuir los cuidados
Las organizaciones que trabajan por los derechos de las trabajadoras del hogar y por el reconocimiento del cuidado buscan que este tema deje de entenderse como un asunto privado de las familias y se convierta en una responsabilidad colectiva.
Avanzar hacia una Política Nacional de Cuidados supone reconocer que todas las personas necesitan cuidados en algún momento de sus vidas y que quienes los brindan también necesitan condiciones dignas, tiempo para sí mismas y apoyo.
Para Alva, el trabajo representa una fuente de ingresos, pero también una jornada que se extiende más allá del empleo. Para Yolanda, las trabajadoras necesitan servicios públicos que les permitan cuidar a sus hijos sin tener que abandonar sus trabajos. Para Rosa, el cuidado debe reconocerse y redistribuirse. Y para Glenda, las trabajadoras deben ser protagonistas de las decisiones que afectan sus vidas.
La pregunta "¿Por qué es importante la creación de una Política Nacional de Cuidados en Guatemala?", no tiene una respuesta individual. Plantea la necesidad de que el Estado, las familias, las comunidades, las y los empleadores asuman su parte en una tarea que sostiene la vida.
Una Política Nacional de Cuidados es el paso para que este trabajo deje de ser invisible, para que las mujeres no tengan que resolver solas las responsabilidades que la sociedad entera necesita y para que cuidar no implique renunciar a los derechos, al descanso ni a una vida digna.
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Angie Ross
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Angie Ross
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“No podemos comprender cuánto ganan las mujeres, sin preguntarnos cuánto tiempo tienen disponible para trabajar fuera de casa, en qué condiciones, qué trabajos pueden aceptar, qué responsabilidades sociales se les asignan”. Ana Lucía Ramazzini
Violeta Cetino
En América Latina existen esfuerzos importantes de organizaciones de mujeres, sindicatos de trabajadoras, feministas y de sociedad civil para la creación de plataformas que garanticen la corresponsabilidad social y pública de los cuidados. Lideresas de Bolivia y Guatemala expertas en el tema intercambiaron y analizaron, en un diálogo político y académico, los procesos que dichos esfuerzos han significado en sus países.
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En Guatemala, el trabajo de cuidados comienza a entrar en la agenda pública, pues aún no existe una ley ni un sistema nacional de cuidados que reconozca y distribuya esta responsabilidad. Mientras instituciones y organizaciones impulsan los primeros pasos, las mujeres continúan asumiendo buena parte de las tareas de cuidado en sus hogares y comunidades.