Paula Nicho Cúmez Foto: Joel Solano

Paula Nicho Cúmez: la artista Kaqchikel que transformó la identidad maya en arte universal

Escrito por Joel Solano

Desde San Juan Comalapa, la maestra Kaqchikel Paula Nicho Cúmez ha construido una sólida trayectoria artística que fusiona el legado del tejido tradicional con la pintura en lienzo. A sus 71 años, la creadora guatemalteca se ha consolidado como un referente de alcance internacional tras superar barreras de discriminación, machismo y la desvalorización del mercado, convirtiendo sus vivencias, su cosmovisión maya y el mundo de los sueños en un manifiesto vivo de resistencia e identidad cultural.

Por Joel Solano

Desde la intimidad de su taller en San Juan Comalapa, Chimaltenango, donde el aroma a óleo se mezcla con la memoria de los tejidos, la artista abrió sus puertas a Ruda. Rodeada de pinceles y bocetos en proceso, Paula Nicho reflexionó sobre el camino recorrido y el origen de una obra que hoy transita desde galerías en las grandes capitales del mundo hasta las comunidades de Guatemala, reafirmando que cada lienzo concebido entre esas paredes busca abrir brecha e inspirar a las nuevas generaciones de mujeres creadoras.

Del tejido de cintura a los primeros trazos

Paula Nicho Cúmez, originaria del cantón Chixot, guarda una profunda historia ligada al arte textil tradicional. En un hogar de ocho hermanos (seis mujeres y dos varones), su madre le transmitió el oficio del tejido no solo como un legado cultural, sino como una herramienta fundamental para la vida. Gracias a la maestría materna en la elaboración por encargo de güipiles ceremoniales y de bodas, el trabajo textil se convirtió desde temprana edad en la principal fuente de sustento económico y en el pilar de su trayectoria.

Desde su etapa escolar, Paula demostró una vocación natural por las artes plásticas al destacar en los primeros lugares de certámenes educativos. Sin embargo, su consolidación pictórica tomó un impulso definitivo al integrarse a la familia de su esposo, Salvador Curuchich, descendiente directo del célebre maestro Andrés Curuchich. Fue él quien reconoció su habilidad innata y la motivó a dar el salto del tejido al lienzo. Bajo esa guía clave, aprendió el manejo de los pinceles, las acuarelas y la mezcla de colores en la paleta, enamorándose de la pintura.

Redes de mujeres y pinceles contra el viento

El camino de Paula en las artes plásticas no estuvo libre de obstáculos, pues en sus inicios la presencia femenina en la pintura local era prácticamente inexistente. Durante un viaje a Venecia, la creadora descubrió la obra en miniatura de Rosa Elena Curuchich (nieta de Andrés Curuchich), cuyo nivel de detalle la inspiró a retratar las vivencias de su pueblo.

Pese a que el contexto de la guerra en Guatemala (décadas de 1970 y 1980) frenó el florecimiento cultural, la artista logró conformar un colectivo pionero de mujeres junto a su esposo, sobrinas y amigas. Bajo el nombre inicial de Pintoras Surrealistas Kaqchikel, que más tarde mutó a Pintoras de Comalapa para reafirmar la raíz indígena del municipio, consiguieron sus primeras invitaciones para exponer en la capital guatemalteca.

Aunque las primeras exposiciones auguraban un futuro prometedor, el clima de temor e inseguridad de la época disolvió la iniciativa a medida que sus integrantes tomaron distintos rumbos. Solo Paula Nicho Cúmez se mantuvo al frente del proyecto, sosteniendo la continuidad del arte pictórico hecho por mujeres Kaqchikel frente a los desacuerdos y adversidades sociales.

Paula Nicho dio el salto del tejido tradicional de cintura hacia la pintura en lienzo. Foto: Joel Solano

Resistir al regateo y defender el valor de la obra

A pesar de los desafíos, la artista expresó un profundo orgullo por su vocación, un oficio que exige paciencia tanto en el proceso creativo como en la comercialización. Paula ha tenido que hacer frente a duras críticas locales donde catalogan sus lienzos como «cosas para locos», sumado a la frustración de sus compañeras ante la lentitud del mercado y la depreciación económica provocada por la venta masiva de cuadros a bajo costo en destinos turísticos como La Antigua Guatemala o Chichicastenango.

El incremento en los costos de los insumos y la presión por abaratar la producción desmoralizaron a sus colegas. Sin embargo, frente a un público acostumbrado a los precios de la calle, Paula Nicho defiende el valor auténtico de su trabajo. Para la creadora, mantener esta trayectoria en un entorno que suele regatear requiere una entrega absoluta, demostrando que solo el amor genuino por la pintura permite sostener la vocación a lo largo del tiempo.

La vestimenta como «segunda piel» y el alcance internacional

Con la convicción de que cada vivencia debe transformarse en una oportunidad para innovar, la artista guarda en su memoria una dolorosa experiencia infantil que marcó su vida. Durante la década de 1960, se le exigió vestir un uniforme occidental para el desfile del 15 de septiembre; sin embargo, su madre le confeccionó un sobregüipil para portarlo junto al corte regalado por su abuela. Al llegar a la escuela, la directora las recriminó severamente por no usar el uniforme, un acto de discriminación que conmovió hasta las lágrimas a su madre y llevó a la pequeña a retirarse del evento.

Aquel episodio se convirtió en la chispa creativa que la llevó a plasmar la indumentaria maya no como una simple vestimenta, sino como una «segunda piel» cargada de historia, color y dignidad. La potencia narrativa de esta primera obra impactó a un coleccionista internacional durante su visita a Comalapa, quien, tras escuchar la historia, compró la pieza superando la cifra solicitada.

Ese reconocimiento le devolvió la confianza para proyectar su obra globalmente. Tras su primera exposición en Estados Unidos, un promotor difundió sus cuadros en calendarios y material gráfico distribuidos en museos del mundo, asegurando una plataforma internacional que reafirmó su compromiso con la identidad de su entorno.

La vestimenta tradicional vista como una «segunda piel» cargada de dignidad e identidad. Foto: Joel Solano

Onirismo, nahuales y la guía del espíritu

Detrás del trabajo de Paula Nicho se entrelazan el dolor de la memoria colectiva y la dimensión mágica de sus vivencias. La creadora lamenta el histórico desamparo estatal hacia el arte indígena: «Lástima grande que en Guatemala no tenemos un gobierno que nos respalde; por eso digo que hacer pinturas tiene valor para otras naciones».

Para la artista, este camino trasciende lo terrenal y encuentra su raíz en visiones infantiles donde la libertad de flotar sobre el paisaje anticipaba su destino: «Desde pequeña siempre me soñaba volando; siento que el aire me levanta y me lleva, y mis sueños ya me decían antes que iba a lograr cosas así de bonitas».

Las revelaciones nocturnas continuaron guiando su vida. En una ocasión soñó que se elevaba sobre la naturaleza y descendía en un puente sobre un río de piedras preciosas. Dos meses después, funcionarios del Ministerio de Cultura llegaron a otorgarle un reconocimiento estatal. Para comprender este don, en el año 2000 consultó a una guía espiritual maya: «Una de las nanas me preguntó cuál era mi nahual, le conté y me dijo: “Usted no siente la energía que tiene, por eso. Desde hoy en adelante, cuando llegue tu nahual, encendé una vela, agradecé y pedí más fuerza”». Esta revelación fortaleció de forma definitiva su espiritualidad y su compromiso con la creación.

Los sueños y la espiritualidad maya inspiran la temática onírica de sus lienzos. Foto: Joel Solano

Alianzas sin jerarquías: romper el machismo desde el hogar

Para la maestra kaqchikel, el talento profesional continúa tropezando con las barreras impuestas por el patriarcado. La creadora señala con preocupación cómo muchas mujeres se ven forzadas a abandonar sus proyectos al casarse: «Qué lástima cuando el hombre dice: "Yo soy hombre, tengo que trabajar, usted quédese ahí". Viene un desbalance porque no tenemos corazón para trabajar juntos».

En su caso, el respaldo incondicional de su esposo, Salvador Curuchich, fue determinante. Le ofreció un espacio de aprendizaje sin imponer prejuicios de género: «Él nunca me dijo que este era trabajo de hombres o que me fuera a tejer; me compartió sus ideas y conocimientos, y así nos unimos». Esta filosofía de cooperación trascendió a sus tres hijos, sembrando una visión donde el desarrollo personal se asume en equidad.

Un legado que florece en las nuevas generaciones

Aunque la pintura inició formalmente en su vida a los 30 años, hoy acumula más de cuatro décadas de producción. Con la sabiduría del tiempo, cuestiona a los padres que condicionan la vocación de sus hijos por razones económicas:  «Muchos les dicen a sus hijos que no estudien eso porque no da dinero, pero si a la niña o al niño le gusta, hay que ayudarle y decirle que le eche ganas porque algún día lo va a lograr».

Ver a nuevas generaciones de mujeres abrirse paso en la pintura, la música y la poesía llena de satisfacción a Paula Nicho, quien reconoce en creadoras como su sobrina, la cantautora Ch'umilkaj Curruchich, un valioso tejido interdisciplinario.

Así, entre la memoria del tejido y la solidez del lienzo, la historia de Paula Nicho Cúmez trasciende el plano individual para convertirse en un manifiesto de dignidad e identidad Kaqchikel. Su vida reafirma que el arte sirve para derribar las barreras de la discriminación y transformar la historia propia en un puente hacia la eternidad.

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