Mujeres rurales proponen recuperar conocimientos ancestrales y transicionar hacia la agroecología ante crisis climática
Escrito por Yeimi Alonzo
En Guatemala, las mujeres rurales y campesinas sostienen la soberanía alimentaria del país pese a enfrentar la desigualdad estructural en el acceso a la tierra. Durante el foro "El rol de las mujeres rurales ante el cambio climático", celebrado en Cobán, Alta Verapaz, lideresas denunciaron cómo la crisis ambiental y el uso indiscriminado de agrotóxicos amenazan directamente sus cosechas y su salud.
Por: Yeimi J Alonzo
Aura Virginia Choc Caal, lideresa e integrante del Comité de Mujeres del Barrio San Luis, del municipio de San Juan Chamelco, en Alta Verapaz, viajó hacia Cobán el pasado 16 de octubre de 2026, junto a otras mujeres para asistir al foro "El rol de las mujeres rurales ante el cambio climático" realizado en el edificio de gobernación departamental, para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Rurales y el Día Mundial de la Alimentación, pues considera que la participación y voz de las mujeres en estos espacios es indispensable.
Aura comentó que desde hace mucho tiempo empezó a organizarse y a fortalecer sus conocimientos desde procesos de formación política junto a más mujeres, como en el movimiento de Mujeres Indígenas Tz'ununija', del que es parte. Esta es una articulación de organizaciones que reúne a más de 80 colectivos de mujeres en 13 departamentos del país.
“Vine a participar en esta experiencia de cómo el cambio climático nos ha afectado, además de la imposición de diferentes empresas en nuestros territorios. Tenemos que visualizar cómo queremos hacer el cambio. Como pueblos indígenas y mujeres rurales, es importante rescatar nuestras prácticas y conocimientos”, expresó.
Mujeres, las más afectadas por la crisis climática y ambiental
El foro fue organizado por el Movimiento de Comunidades en Defensa del Agua Qana' Ch'och', la Red Nacional Por la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala (Redsag), el Instituto de Estudios Agrarios y Rurales de (Congcoop), entre otras. La actividad dio inicio aceptando que las desigualdades que atraviesan las mujeres en el campo son estructurales, teniendo en cuenta que son ellas las que están al frente de la defensa de la tierra, el agua y de la vida, en especial de la agricultura familiar, que aporta al sector agrícola un 70% de los alimentos que se consumen en el país.
Sin embargo, el 84% de las tierras cultivables están legalmente en manos de hombres mientras ellas solo poseen un 15% de acceso a esta y no existen programas ni proyectos específicos por parte del Estado para fortalecer a este sector, según se indicó durante el foro.
“Sabemos bien que nosotras las mujeres rurales somos invisibilizadas, pero ahora desde el acuerdo de las Naciones Unidas que se aprobó en el año 2007 ya nos toman en cuenta. Así empezamos a participar las mujeres en las comunidades. Somos las más afectadas y las más vulnerables porque no se toman en cuenta nuestras decisiones, pero nos damos cuenta que eso está cambiando poco a poco, estamos contentas que ya algo se escucha nuestra voz”, indicó la lideresa Marta Reina Coy Caal, del Movimiento Qana' Ch'och'.
Marta Reina también explicó que hay comunidades de la Franja Transversal del Norte a las que ha afectado mucho la escasez de agua, pues en este territorio, hay miles de hectáreas con plantaciones de palma aceitera (57% de la producción en el país) que, en época seca, consumen hasta 300 litros de agua al día por planta, afectando directamente el acceso al agua en las comunidades.
“Nosotros nos hemos pronunciado en defensa de la madre tierra y el agua, porque esas plantaciones consumen mucha agua, por eso nosotras como mujeres nos organizamos para defenderla”, añadió Marta Reina.
Agrotóxicos en la tierra, los cultivos y en los cuerpos de las mujeres
Al coincidir tanto el Día de la Mujer Rural con el Día Mundial de la Alimentación, durante el foro también se explicó que los agrotóxicos y pesticidas utilizados para los cultivos y monocultivos contaminan en cadena no solo a la madre tierra, sino a los alimentos que luego son consumidos por las familias, y que afectan los cuerpos de las mujeres, como lo demostró un estudio realizado por Redsag en la costa sur, donde encontraron contaminantes en la leche materna de varias madres por el contacto con monocultivos de caña y palma aceitera en esta región, que degradan el suelo y finalmente, alcanzan a llegar hasta los cuerpos de las niñas y niños.
De igual manera, se abordaron varios temas como los impactos de especies de zancudos y moscas, como la moscamed o mosca del mediterráneo (Ceratitis capitata), una de las plagas agrícolas más destructivas del mundo, así como el aumento y presencia de semillas transgénicas en el país, en especial de maíz, que resisten a potentes herbicidas y que cada vez infecta más cultivos en Guatemala.
Por ello, durante el encuentro se hizo el ejercicio de examinar mediante un kit de pruebas químicas rápidas, varios tipos de maíz que llevaron las y los asistentes para determinar si la semillas contenían modificaciones genéticas de marcas corporativas como Bayer, que tienen resistencia a toxinas contra plagas y semillas transgénicas que representan consecuencias graves para la biodiversidad y pérdida de la soberanía alimentaria de los pueblos.

En el transcurso del foro se realizaron pruebas químicas rápidas de diferentes muestras de maíz para comprobar modificaciones genéticas. Foto: Yeimi J Alonzo
Esta prueba rápida detectó que una de las semillas que se examinaron fue genéticamente modificada, la cual puede contaminar a otras mediante polinización.
David Paredes, coordinador de Redsag, aseguró que de esta manera operan las corporaciones, donde infectan las semillas criollas o nativas para luego encontrar en ellas rastros de estos genes patentados y reclamarlas como propias, ya que a partir del año 2018 mediante un reglamento de unión aduanera entre Guatemala, El Salvador y Honduras se permiten los transgénicos en el país, “así van a privatizar nuestro maíz”, indicó.
Paredes también compartió que en las investigaciones realizadas sobre agroecología y producción convencional entrevistaron a mujeres y detectaron patrones machistas en las decisiones que se toman al interior de las familias en relación a la producción, lo que les parece preocupante. “Aunque las mujeres tengan voluntad y ganas de mejorar su alimentación, siguen siendo los hombres los que toman las decisiones. Por ejemplo, si una mujer le dice a su esposo, ‘Mirá, ya no quiero que le eches químicos a mi maíz porque nos está enfermando’, los hombres contestan que no, porque ellos quieren rendimiento y lo quieren vender, entonces lo económico sigue siendo decisiones que toman los hombres y aunque ellas tengan más conciencia, sigue habiendo mucho machismo”.
La propuesta: recuperar los conocimientos ancestrales y transicionar hacia la agroecología
Varias de las asistentes concordaron que la crisis climática y ambiental ha alterado las temporadas de lluvia en 2026, generando sequías en sus territorios como el área del Polochic, en el que se dañaron los cultivos de maíz, frijol, camote, yuca, chile y animales de corral, seguido de inundaciones masivas que afectan principalmente a las mujeres que se encargan de gestionar el agua y el alimento en sus hogares y familias, enfrentándose sin ningún mecanismo del Estado para buscar solución, según indicaron.
No obstante, comunidades organizadas mediante grupos de mujeres y asociaciones están tomando acciones directas frente a la crisis. “Como humanos hemos sido parte del problema, pero también estamos buscando herramientas para lograr un cambio”, dijo Aura.
“En el movimiento Qana' Ch'och' también estamos implementando la escuela de agroecología donde estamos organizando a las mujeres para que hagan sus propias hortalizas familiares. Sabemos que la madre tierra es la que nos da de comer, es la que nos da el sustento diario. De ella y del agua vivimos, es lo fundamental para nosotros. Es un ser vivo y la protegemos, por eso es que nos organizamos las mujeres de las comunidades, también sabemos cómo defendernos de la crisis climática que está afectando mucho los cultivos”, dijo Marta Reina. Además, resaltó la importancia de las mujeres en la alimentación mundial para que produzcan alimentos sanos y no depender de los supermercados en los que no se sabe a ciencia cierta el origen, ni cuánto tiempo llevan almacenados.
“En el supermercado un tomate es reluciente, pero uno nunca sabe los químicos que contienen, entonces las mujeres decidimos ya no usar químicos, tiene que ser todo agroecológico y sano para que las familias tengan más salud. En tema de economía, cuando las mujeres o la familia cultiva hay un aporte económico, y en lo político las mujeres tienen un gran aporte y capacidad de involucrarse en cualquier ámbito”, comentó Evelyn Tut, de Congcoop.
Entre las dificultades que enfrentan las mujeres en sus comunidades a causa de la crisis climática, han observado que la tierra sufre, además, de falta de nutrientes, por lo que como organizaciones se han enfocado en fundar una escuela de agroecología que capacita sobre cómo manejar esas dificultades y retomar el mejoramiento de la tierra.
“Han venido varias comunidades de Raxruhá, Ixcán, Chisec y Sayaxché para retomar las costumbres que se han perdido. Muchos compran químicos para que salgan bien los cultivos, pero, al contrario, nos afectan la salud, por eso nos hemos enfocado en cómo aportar esa ayuda para que podamos aprender nuevamente y retomar esas prácticas que mejoran nuestra economía. Invitamos a que puedan retomar también estas iniciativas de no agregar químicos y consumir orgánico”, agregó Evelyn.
Abelino Chub, líder indígena Q'eqchi' compartió que este fue un espacio de encuentro entre comunidades y territorios, que alimentan las experiencias de cada sector y ayudan a articularse mejor. “Fue dirigido a mujeres para que conozcan la importancia de cultivar su propio alimento. Hay muchas lideresas que están compartiendo en la escuela de agroecología”.
La dimensión política: ecofeminismo y defensa del territorio
Para las mujeres organizadas, la agroecología es inseparable de la defensa de la tierra y los bienes naturales. El ecofeminismo resalta que la explotación de la naturaleza y la opresión histórica de las mujeres provienen de las mismas lógicas del sistema extractivista.
Por ello, su apuesta incluye la exigencia de derechos agrarios ya que históricamente las mujeres trabajan la tierra, pero pocas veces poseen los títulos de propiedad sobre ella. Asegurar el acceso y control de la tierra para las mujeres es fundamental para garantizar que estas prácticas de adaptación climática puedan sostenerse a largo plazo.
Fue así que las participantes del foro también hicieron un llamado al Estado para tomar responsabilidad en el asunto y juntas llevaron al despacho de la gobernadora departamental Dilia Có, un pronunciamiento que indica que pese al trabajo que las mujeres hacen, se enfrentan a modelos de producción que se imponen , atentan y destruyen sus sistemas de producción tradicional, despojando sus tierras y territorios como lo hacen las empresas de monocultivos, hidroeléctricas y mineras. Esto las enfrenta a grandes desigualdades debido a que el Estado no invierte en el campo, no cuentan con subsidios, ni créditos con intereses bajos para actividades productivas, por lo que exigen un presupuesto público para las mujeres rurales, indígenas y campesinas que con su trabajo, sostienen la vida de las familias y comunidades del país, según se leyó en el mismo.

Mujeres organizadas muestran el listado de peticiones entregado a la gobernadora departamental. Foto: Yeimi J Alonzo
Al respecto, la gobernadora Dilia Có, quien también tomó la palabra durante el foro sobre su experiencia como mujer indígena y rural al frente de una gobernación departamental, puesto en el que ha enfrentado un sistema patriarcal y racista que agota, les dijo: “Coordinémonos, podemos dialogar directamente sin intermediarios, este espacio es de ustedes el diálogo siempre va a estar abierto”..
También agregó que la crisis climática representa un gran desafío, especialmente para las mujeres rurales, quienes sostienen la soberanía alimentaria y preservan conocimientos ancestrales como la gastronomía, la artesanía y el resguardo de semillas nativas.
Deuda histórica
Al preguntarle a la gobernadora sobre una política pública efectiva que atienda estas necesidades indicó que, dado que la problemática climática y social es multicausal, la solución requiere un enfoque integral y articulado que involucre a diversos sectores, instancias y niveles de toma de decisión que superen el desconocimiento patriarcal de la realidad y se conviertan en acciones concretas y dinámicas.
“Sabemos que es un desafío para las organizaciones porque no estamos acostumbrados a trabajar de la mano con el gobierno porque creemos que el gobierno es nuestro enemigo y viceversa, va llegar el momento en que tengamos que hablar el mismo lenguaje para buscar el bien común”, dijo.
Sin embargo, al momento de llevarle las peticiones a su despacho, la mandataria ya no se encontraba en el lugar y pese a que el documento fue recibido, las mujeres organizadas temen no tener respuesta, pues comentan que en 2024 también trajeron sus peticiones sobre las dificultades que atraviesan las mujeres y comunidades en la Franja Transversal del Norte, y que, hasta la fecha, no han sido atendidas.
El pasado 7 de mayo de 2026 las organizaciones campesinas Comité de Unidad Campesina (CUC) y el Comité Campesino del Altiplano (CCDA) presentaron un amparo ante la Corte de Constitucionalidad (CC) contra Bernardo Arévalo por omisión al compromiso del Acuerdo Agrario, firmado el 7 de febrero de 2024 entre el gobierno del presidente y las principales organizaciones campesinas e indígenas de Guatemala, con el objetivo de abordar la profunda conflictividad por la tierra, la exclusión rural y la falta de garantías en el campo.
La problemática agraria aún no es abordada por el gobierno actual, por lo que esta acción ante la CC busca presionar jurídicamente al Ejecutivo para que responda por las demandas históricas, y reactive los compromisos pactados al inicio de su administración que, según los movimientos sociales, se han mantenido en un nivel puramente técnico y con resultados muy limitados en los territorios.
“La situación que estamos viviendo es complicada, nos está afectando mucho, y la gran problemática que vivimos es que no hay cosecha. ¿Cómo lo enfrentamos?”, dijo Margarita (no indicó su apellido), del Movimiento Qana' Ch'och'.
“Lo que estamos haciendo es cuidar nuestra madre tierra y compartir esta información con las demás comunidades para que no usen venenos químicos. Podemos producir sin dañar la tierra como lo hicieron nuestros abuelos, pero es complicado porque la mayoría de comunidades usa químicos. Estamos haciendo lo posible por concientizar”, añadió.
Margarita compartió que no hay trabajo y lo que hacen como mujeres y madres es velar por que no llegue la enfermedad a sus hogares. “Quizá no aliviamos mucho la situación, pero podemos empezar por estar sanos. Sugiero a las empresas que ya no vendan esos productos que vienen a matarnos, a la tierra y a los animalitos que viven en ella”, finalizó.

Mujeres rurales vendieron productos orgánicos al finalizar el foro. Foto: Yeimi J Alonzo
Al terminar el foro se realizó un expoventa de productos agroecológicos 100% orgánicos producidos en estas comunidades, con el fin de promover una alimentación sana y natural, mientras todas y todos disfrutaban de un atol de malanga, recordando que, sin las mujeres no hay soberanía alimentaria.
Participaron de esta nota
Yeimi Alonzo
Mujer viento, mujer palabra…
Comunicación popular y periodismos con enfoque de género, pueblos originarios, fiscalización, investigación y derechos humanos desde Alta Verapaz, al norte de Guatemala.
Prensa Comunitaria
En el Día de la Resistencia Indígena, Negra y Popular la Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida proveniente de México llegó a Guatemala donde organizaciones y comunidades la recibieron y compartieron sus luchas y resistencias que atraviesan en sus territorios frente al modelo extractivo. La caravana se encamina el martes 14 de octubre hacia El Salvador y culminará su recorrido en la ciudad de Belem Do Pará, Brasil el 10 de noviembre, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2025, COP 30.