Taza rota Ruda

Mi primer trabajo

Yo era una jovencita de 18 años que deseaba trabajar para poder ayudar a mis papás, ya que tengo varios hermanos y cuatro de ellos son menores, y otros cuatro, mayores. La situación que vivimos es muy difícil, no alcanza lo que se gana y pensé que yo también debía trabajar. 


Por Alexandra


Yo soñaba con ser una contadora y después ser maestra de inglés, pero a mis papás ya no les alcanzaba y ya no pude seguir estudiando y así fue como decidí ponerme a trabajar para ayudar a mis demás hermanos.

Me llamaron de un trabajo, y emocionada acepté pensando que iba a ser un buen empleo, ya que era en una venta de productos de bisutería. Llegué y me dijeron que solo iba a estar en el mostrador ordenando el producto y entusiasmada empecé mi primer trabajo.

Durante dos semanas todo iba bien, haciendo lo que me habían dicho que iba a hacer, a la tercer semana me dijeron que si hacía el favor de limpiar todo el local y lo hice porque me dijeron que solo sería ese día, pero al siguiente día y en los demás, también lo seguí haciendo. 

Después, me dijeron que tenía que cocinar el almuerzo para el hijo de la señora y tenía que ir al mercado a hacerle todo el super a la señora porque a ella no le daba tiempo de hacerlo durante el fin de semana. 


Yo caminaba seis cuadras con el montón de bolsas en las manos, llegaba cansada al local y me decían que almorzara en 10 minutos y que luego me pusiera a trapear y a lavar todos los tratos que usaba cuando cocinaba. La señora me dijo que me pagaría más por lo que hacía, pero jamás vi el aumento.

Así pasaron los meses y yo seguía aguantando por miedo, porque la señora me trataba muy mal psicológicamente. 

Un día se me cayó por accidente una pequeña muñeca de exhibición y me trató como no tienen idea. Me llevó para el otro cuarto y me jaló el pelo, me dijo una de cosas que yo me puse a llorar y pensé en lo difícil que era trabajar. La señora, enojada, me llamó para el área de venta y me dijo que ahí no era para llorar, que ahí se llegaba a trabajar y que si no salía me iba a descontar ese tiempo.

Mi horario de trabajo era de 9:00 a 18:00 horas, pero yo tenía que llegar a las 8 de la mañana y salía a las 7:30 de la noche. Ya le había contado a la señora que yo vivía muy lejos y que el transporte era muy difícil, pero a ella no le importaba. Muchas veces me tocaba pagar doble pasaje para poder llegar a su casa. 

¿En qué pensaba yo que seguía aguantando ese trato? En el bienestar de mis papás y de mis hermanos menores, porque tres de mis hermanos mayores se comprometieron y se fueron de la casa. Mi papá enfermó y ya no pudo trabajar, solo una de mis hermanas mayores y yo trabajábamos, esa era mi gran necesidad y seguí aguantando el trabajo que jamás pensé que fuera así.

Aguanté un año ese maltrato por necesidad y las personas se aprovechaban. Pero yo decidí abandonar ese trabajo, la señora antes de que me fuera me dijo “india”, “bruja”, “abusiva”, “aprovechada”, “muerta de hambre” y me dijo que si algo le pasaba me iba a demandar y no me pagó mi sueldo completo, me descontó hasta lo que me había regalado de comer. 

Pero me fui feliz, encontré un nuevo trabajo y con la experiencia que ya tenía en ventas, fue más fácil. La nueva jefa fue un gran apoyo para mí y me quedé trabajando con ella durante diez años.

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