Dos manos que sostienen un papel que dice "El cuidado es un derecho". Foto: Ana Alfaro

Más de 50 años cuidando: la historia de Mary y su trabajo invisible

Más del 95 % de las trabajadoras domésticas y de casa particular en Guatemala no cuenta con un contrato escrito y solo una mínima parte está afiliada al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Detrás de esas cifras hay miles de historias como la de Mary, una mujer que ha dedicado más de cinco décadas al cuidado de otras personas sin que ese trabajo haya sido plenamente reconocido.

Por Ana Alfaro

Imaginemos que una alcaldesa, una vicepresidenta y una diputada recibieran un sueldo menor al salario mínimo por su trabajo; que si se enfermaran no se les pagara el día, en un trabajo sin prestaciones laborales, seguro social y que además su labor fuera considerada una “ayuda”. Esa es la realidad de cerca de 400 mil mujeres, trabajadoras domésticas y de casa particular en Guatemala, según el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y Cuenta Propia (Sitradomsa). Estos datos son útiles para visibilizar la situación de mujeres y jóvenes que ordenan el caos de cada oficina, hogar y empresa, para que estos espacios se mantengan limpios y funcionales.

Para conocer esta situación, nos acercamos a Mary*, una mujer de 66 años, con formación en mecanografía, con un nivel escolar que alcanzó el tercero básico y un ingenio para salir adelante. 

Ella contó que nació en una familia numerosa, originaria de San Marcos, una tierra que solo sus ojos de niña vio, pero la mujer adulta que es hoy no conoce ni visita. “He querido ir, pero las circunstancias a veces no me facilitan”. Se ha dedicado desde los 15 años al trabajo doméstico, iniciando en su familia, y a los 22 años en distintas casas donde, afirmó, algunas veces recibió discriminación, malos tratos y un salario muy bajo.

“Yo nací en San Marcos, pero no crecí ahí. Como de dos a tres años me trajeron acá en la capital”,  narró Mary.  Entre sus siete hermanos, el trabajo doméstico recayó sobre ella. Mientras los demás continuaban con sus proyectos, Mary asumió el cuidado de la casa, de sus padres y de sus hermanos menores. 

Su mamá y sus hermanos le pidieron ser la niñera de sus hijos, encargarse de la totalidad del cuidado y limpieza de la casa, así como del negocio de coser mercadería de ropa encargada que tenía su mamá para vender en un mercado.

Mary se ha dedicado durante más de 50 años al trabajo doméstico sin acceso a un contrato ni seguridad social.

Foto: Ana Alfaro

“Mi hermana grande ya se había casado. Entonces yo estaba en la casa, yo ya no pude salir por cuidarlos a ellos. Yo todavía saqué mi tercero básico, saqué mecanografía, encontré mi trabajo de dar clases de mecanografía. Estuve unos cuantos meses, que mi mamá después me dijo que ya no fuera porque las patojas (mis sobrinas) pequeñas no cenaban, no comían, porque yo no estaba. Entonces me dijeron que ya no fuera y que ellos me iban a dar el dinero que yo ganaba”, relató Mary.

Ese dinero que esperaba que le pagaran por hacerse cargo de la casa no llegó de la misma forma ni cantidad acordada. Su historia ilustra una idea desarrollada por la filósofa feminista italoestadounidense Silvia Federici: el trabajo de cuidados ha sido presentado históricamente como una expresión de amor y obligación femenina, aun cuando sostiene la economía y permanece invisibilizado. Como resume una de sus frases más conocidas: "Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado".

Además del trabajo doméstico, Mary trabajaba en el negocio familiar de costura. Hacía ruedos, colocaba botones, cambiaba zíperes y aceptaba cualquier encargo que pudiera realizar desde casa.

“Vinieron los sobrinos. Entonces ya fue una cadena. Si yo hubiera querido salirme no podía porque ya llegaba otra persona que cuidar. Y a mi hermana grande le ayudé con sus hijos también porque a veces me decía, ‘Mirá, voy a salir, haceme el favor de cuidarlos’”, así la familia de Mary, fue acaparando el tiempo y la dedicación que ella tenía con los niños, la enseñanza y el cuidado. 

Los años pasaron y el trabajo de cuidados dejó de ser una tarea temporal para convertirse en una responsabilidad permanente, que le robó su sueño de estudiar Derecho y de ser abogada.

Dibujo de una abogada.

Uno de los sueños de Mary fue continuar estudiando y ser abogada.

Foto: Ana Alfaro

“Me tuve que conformar, porque también no gastaba, porque tenía comida en la casa, tenía agua, tenía jabón”, dijo, y el dinero por ser niñera de algunos de sus sobrinos lo guardaba para una necesidad. “Y así fue que yo fui en mi vida, y más que todo fue bastante el cuido de mi mamá que yo hice”.

A sus 22 años, para obtener dinero fuera de casa, se dedicó al trabajo doméstico en casa particular. Llegó a trabajar cruzando la ciudad, de zona 12, donde vive, a zona 18. Ahí también conoció la otra cara del trabajo doméstico que los sindicatos y organizaciones de mujeres señalan que atraviesan las mujeres que se dedican a este trabajo. Un día de trabajo de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde es pagado por Q50 quetzales o menos y muchas veces sus empleadores no les dan comida, o les dan comida en mal estado. Mary comentó que le han dado “pan viejo y un vaso de leche”, así como negarle el comer en la mesa de los habitantes de las casas donde ha trabajado. “Es raro quien paga prestaciones”, señaló. 

En la actualidad, Mary está afiliada a Sitradomsa, donde ha conocido sobre sus derechos laborales y a defenderlos. 

Un trabajo sin salario justo

¿Cuánto es un salario justo para las mujeres y jóvenes que se dedican a brindar el servicio de limpieza, o comúnmente llamadas trabajadoras domésticas? En Guatemala no existe una ley específica que garantice el salario mínimo para este sector y a menudo queda a discreción del empleador o empleadora, lo que deja sin respaldo a las mujeres que se dedican a esta labor. El pago a veces es mensual, otras por día o semana. 

De acuerdo con Sitradomsa, el Ministerio de Trabajo y Previsión Social (Mintrab), aplica para todas las trabajadoras domésticas el pago de prestaciones laborales, Bono 14, Aguinaldo, vacaciones, y el monto de Q4,002.28 como salario mínimo, establecido para actividades no agrícolas en el departamento de Guatemala.

Infografía: Generada por Notebook Fuente: Ministerio de Trabajo

Según información del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, más del 95% de las personas trabajadoras domésticas, del hogar y de casa particular no cuenta con un contrato escrito, y la afiliación a la seguridad social en este sector es apenas superior al 1%.

Además se calcula que en 2025, el ingreso promedio en el trabajo doméstico se encontró en Q.1,230.2, casi un 33.0% del salario mínimo no agrícola (Q.3,723.1), lo que señala una diferencia sustancial en términos de poder adquisitivo, explica el informe “Trabajo doméstico remunerado en Guatemala, Situación del trabajo en casa particular” elaborado por el Mintrab. El mismo documento resalta que al compararlo con el ingreso nacional promedio  (Q.2,712.7), el trabajo doméstico alcanza únicamente cerca del 45.0%, lo que confirma su posición desfavorable dentro de la estructura general de ingresos, ya que ganan menos que un jornalero.

Floridalma Contreras, lideresa de Sitradomsa, señaló que para que el trabajo doméstico sea un trabajo justamente remunerado es necesario que el Estado ratifique el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ha sido ignorado desde 2016 por el Congreso de la República con la iniciativa 4981 y que este organismo no permite un avance para que mujeres y jóvenes tengan una ley que las respalde y genere políticas de cuidado, como existen en México y Chile.

Fuente: Gobierno de Guatemala, Ministerio de Trabajo. Infografía: Generada por Notebook

Reconocer el trabajo del hogar como un empleo con derechos no es solo una discusión sobre salarios. Es cuestionar una estructura que históricamente ha colocado el cuidado sobre los hombros de las mujeres y ha normalizado que ese esfuerzo sea mal pagado, o incluso gratuito. Hasta que esa lógica no cambie, historias como la de Mary seguirán repitiéndose generación tras generación.

En Guatemala las trabajadoras del hogar sostienen la vida cotidiana de miles de familias. Cocinan, limpian, cuidan y hacen posible que otras personas estudien, trabajen o descansen. Sin embargo, ese trabajo continúa siendo uno de los más precarizados en el país. Mientras las iniciativas para reconocer sus derechos permanecen detenidas en el Congreso, miles de mujeres siguen laborando sin contrato, seguridad social ni un salario digno.

Mary* es un nombre ficticio para proteger la integridad de la trabajadora doméstica que compartió su historia. Algunos datos de lugares fueron cambiados para no revelar la identidad de las personas.

Mujer carga en un rebozo a su hijo, quien está bajo su cuidado.
¿Quién cuida a quienes cuidan? Guatemala inicia a discutir sobre el trabajo de los cuidados

En Guatemala, el trabajo de cuidados comienza a entrar en la agenda pública, pues aún no existe una ley ni un sistema nacional de cuidados que reconozca y distribuya esta responsabilidad. Mientras instituciones y organizaciones impulsan los primeros pasos, las mujeres continúan asumiendo buena parte de las tareas de cuidado en sus hogares y comunidades.

Mujer de pie, sonriendo, con las manos sobre los laterales de sus piernas.
María del Carmen también tiene sueños: la historia de una trabajadora doméstica en la capital

Regina Pérez

Proveniente de una familia numerosa de nueve hermanas y hermanos, María del Carmen aprendió a trabajar desde que era una niña. A pesar de su corta edad, 20 años, se ha desempeñado en numerosos trabajos, desde niñera, enfermera, trabajadora doméstica y encargada de limpieza. En una entrevista con Ruda contó su historia de vida, misma que refleja la realidad de miles de trabajadoras domésticas en Guatemala que luchan por el reconocimiento de la labor que realizan en la economía de los cuidados.

Floridalma Contreras Vásquez movimiento sindical
Flory Contreras: una vida dedicada a la lucha sindical y la defensa de los derechos de las trabajadoras domésticas y de cuidados

Glenda Alvarez

Floridalma Contreras Vásquez comenzó a participar en el movimiento sindical a sus 18 años. Sobrevivió a la persecución durante la guerra en Guatemala y enfrentó la desaparición forzada de su compañero y padre de sus hijos. Actualmente, desde el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradmosa), continúa formando y acompañando a trabajadoras domésticas y de cuidados en Guatemala.