Los cuidados: maternar desde la academia sin morir en el intento
Escrito por Ana Silvia Monzón
En el marco del Día Internacional de los Cuidados, reconocemos los desafíos para conciliar las exigencias del trabajo académico y cumplir un rol asignado históricamente a las mujeres.
Por Ana Silvia Monzón
Cada Día Internacional de los Cuidados, aprobado por Naciones Unidas en el 2023, nos invita a reflexionar sobre una verdad que durante mucho tiempo permaneció invisible: la vida cotidiana, las instituciones y las economías funcionan gracias a una enorme cantidad de trabajo de cuidados que históricamente han realizado las mujeres. La academia no es una excepción. Detrás de publicaciones científicas, proyectos de investigación, clases universitarias, ponencias y procesos de formación, existen múltiples tareas de cuidado que condicionan de manera profunda las trayectorias profesionales de las mujeres. Maternar desde la academia supone habitar una tensión permanente entre las exigencias de la producción de conocimiento y las responsabilidades de sostener la vida.
Diversos estudios sobre mujeres y academia han mostrado que las carreras académicas continúan organizándose a partir de un modelo de disponibilidad total, construido históricamente desde experiencias masculinas que no consideran las cargas desiguales de cuidado, como atinadamente sugiere Katrine Marcal en su libro ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Investigaciones como las reunidas en La cocina de la investigación y otros trabajos feministas sobre la producción de conocimiento han contribuido a revelar aquello que normalmente permanece fuera de escena: las negociaciones cotidianas, las dobles jornadas, las renuncias y los esfuerzos invisibles que realizan las mujeres para sostener simultáneamente el trabajo académico y las responsabilidades familiares.
La metáfora de la “cocina” resulta poderosa porque permite comprender que la producción de conocimiento no ocurre únicamente en bibliotecas, laboratorios o aulas. También se construye entre horarios escolares, cuidados de personas enfermas, tareas domésticas, acompañamiento emocional y organización de la vida familiar. Muchas académicas investigan mientras cuidan, escriben durante la madrugada cuando sus hijos e hijas duermen, preparan clases después de concluir una jornada de trabajo doméstico o posponen proyectos de investigación para responder a responsabilidades familiares ineludibles.
Esta situación tiene consecuencias concretas sobre las trayectorias académicas. Las mujeres suelen enfrentar mayores dificultades para participar en congresos, realizar trabajo de campo, acceder a estancias de investigación o asumir cargos de liderazgo. Las exigencias de movilidad geográfica, disponibilidad horaria y productividad permanente suelen entrar en conflicto con las responsabilidades de cuidado, particularmente durante las etapas de maternidad intensiva. Como resultado, muchas investigadoras experimentan interrupciones en sus carreras, reducción de publicaciones, como sucedió durante la pandemia de COVID19, o retrasos en procesos de promoción profesional.
Las desigualdades también se expresan en los diferentes campos del conocimiento. Aunque en muchas disciplinas se ha incrementado la presencia de las mujeres, persisten brechas significativas en el acceso a posiciones de decisión, reconocimiento académico y financiamiento para la investigación. Estas desigualdades no pueden comprenderse únicamente desde factores institucionales; están profundamente vinculadas con la organización social de los cuidados. Cuando el cuidado continúa siendo considerado una responsabilidad privada de las mujeres, las oportunidades para desarrollar plenamente una carrera científica permanecen desiguales.
La docencia tampoco escapa a esta realidad. Las profesoras suelen asumir tareas adicionales de acompañamiento y apoyo emocional al estudiantado, una forma de trabajo de cuidado invisibilizada y poco reconocida en los sistemas de evaluación académica. A ello se suma la carga de responsabilidades familiares que muchas enfrentan fuera de la universidad. El resultado suele ser una acumulación de labores que agota a las mujeres y limita el tiempo disponible para la investigación, la escritura y la divulgación científica.
La divulgación del conocimiento representa otro ámbito afectado por esta distribución desigual. Participar en medios de comunicación, escribir para públicos amplios, desarrollar actividades de extensión universitaria o involucrarse en procesos de incidencia social requiere tiempo, recursos y disponibilidad. Sin embargo, para muchas académicas, estas actividades deben realizarse en los márgenes de jornadas ya saturadas por las obligaciones de cuidado y por las demandas institucionales.
Desde una perspectiva feminista, reconocer esta realidad implica cuestionar la idea de que la excelencia académica depende exclusivamente del mérito individual. Las trayectorias profesionales están profundamente atravesadas por las condiciones materiales y sociales que permiten o restringen la producción de conocimiento. Hablar de mujeres en la academia es también hablar de sistemas de cuidado, corresponsabilidad social y justicia de género.
En este Día Internacional de los Cuidados, resulta necesario reivindicar que cuidar y producir conocimiento no son actividades opuestas. Por el contrario, los cuidados sostienen las condiciones que hacen posible la educación, la investigación y la ciencia. El desafío consiste en construir instituciones académicas capaces de reconocer esta realidad, promover políticas de corresponsabilidad, garantizar servicios de cuidado y transformar criterios de evaluación que penalizan indirectamente a quienes sostienen la vida cotidiana.
Maternar desde la academia no debería implicar sobrevivir a costa del agotamiento, la culpa o la sobrecarga permanente. Reconocer los cuidados como un asunto colectivo y como una condición indispensable para la producción científica constituye un paso fundamental para construir universidades más igualitarias, democráticas y comprometidas con la sostenibilidad de la vida. Porque sin cuidados no hay bienestar, pero tampoco hay conocimiento, innovación ni futuro.
Participaron de esta nota
Ana Silvia Monzón
Feminista por instinto de conservación. Socióloga, comunicadora, investigadora social y profesora. Es decir, voto de pobreza asegurado en una sociedad que aprecia poco el pensamiento crítico, y feminista, ni se diga. Deudora de mujeres fuertes, ancestras y contemporáneas, entrañables y brillantes que han abierto caminos, de quienes he aprendido a través de sus experiencias, sus aportes intelectuales, literarios y su sentido vital. Cofundadora de espacios académicos y de comunicación feminista. Incrédula y optimista a la vez. Coleccionista de huellas de mujeres en la historia, palabrera y búha.
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