Las trabajadoras domésticas defienden sus derechos laborales, sexuales y reproductivos
Escrito por Angie Ross
En Guatemala, cientos de labores que sostienen la vida ocurren todos los días y muchas veces permanecen invisibles. Cocinar, limpiar, cuidar a niñas y niños, acompañar a personas adultas mayores o con algún tipo de discapacidad, trabajar la tierra o sostener el hogar también son trabajos que requieren tiempo, esfuerzo y conocimiento. Ante este panorama, las trabajadoras domésticas y de los cuidados organizadas en Ames y Sitradomsa impulsan jornadas informativas sobre derechos laborales, sexuales y reproductivos para despertar la conciencia de otras trabajadoras domésticas.
Por Angie Ross
En el marco del Día Internacional y Nacional de los Pueblos Indígenas, el 9 de agosto se realizó el 18vo. “Pensamiento de Semilla” y la Segunda Feria Informativa para las Trabajadoras Domésticas, en la Plaza de las Niñas, en la zona 1 de la ciudad de Guatemala; un espacio que reunió a distintas organizaciones para acercar a la población información y herramientas sobre derechos laborales, trabajo de cuidados y derechos de las mujeres.
La actividad fue impulsada por el Consorcio por los Derechos Laborales y del Cuidado Remunerado y no Remunerado de las Mujeres en Guatemala, integrado por el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradomsa), la Asociación Mujeres en Solidaridad (Ames), Ruda y Bizkaia, quienes compartieron información sobre los derechos de las trabajadoras del hogar y de quienes realizan labores de cuidado, tanto remuneradas como no remuneradas.
Durante la jornada se abordaron los Convenios 189 y 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las rutas de denuncia ante los distintos tipos de violencia que viven las trabajadoras del hogar y los procesos a los que pueden recurrir cuando sus derechos son vulnerados. También se brindó asesoría legal y psicológica.
Mujeres que sostienen la vida
Hablar del trabajo de cuidados es también hablar de las mujeres que diariamente sostienen a sus familias, comunidades y territorios. Floridalma Contreras, lideresa de Sitradomsa, recordó que el aporte de las mujeres no se limita al cuidado de los hogares.
“Las trabajadoras domésticas siempre están al cuidado de la casa, al cuidado de niños, pero hay que recordar en este día que también las mujeres cuidamos la tierra, cuidamos el medio ambiente. Nosotros sostenemos la vida”, expresó Contreras. Desde el trabajo en el campo hasta el cuidado de niñas, niños y personas adultas mayores, las mujeres realizan diversas tareas que permiten que la vida continúe.

Trabajadoras del hogar recorren las calles y entregan volantes para informar a la población sobre sus derechos y las actividades que realizan en defensa de un trabajo digno.
Foto: Angie Ross
Contreras destacó que muchas mujeres también participan en el cuidado de la tierra y del medio ambiente, labores que forman parte de ese trabajo cotidiano que no siempre es reconocido. “Muchas de las mujeres sostenemos el cuidado de la tierra, el cuidado de las mujeres, principalmente, también el cuidado de la casa, el cuidado de los niños, de los adultos mayores”, finalizó.
La feria permitió visibilizar precisamente esas labores y recordar que el cuidado no debe ser entendido como una responsabilidad exclusiva de las mujeres, sino como una tarea que debe ser reconocida y compartida.
Derechos sobre los que también debe hablarse
Para Rosa Escobar, lideresa de Ames, hablar de cuidados también implica hablar de otros derechos que históricamente han sido relegados, entre ellos los derechos sexuales y reproductivos y el derecho de las mujeres a decidir. La feria buscó acercar esta información a la población para que las mujeres puedan conocer sus derechos y contar con herramientas para ejercerlos.
“Han sido relegados, se trabaja muchas veces en condiciones desiguales y muchas veces el cuidado no es un trabajo que sea visibilizado, igual que los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres que han sido invisibilizados”, apuntó Escobar. El trabajo de cuidados, explicó, puede desarrollarse en condiciones desiguales, especialmente cuando no existe reconocimiento sobre el tiempo, esfuerzo y responsabilidad que implica.
Por ello, la actividad también buscó generar conversación sobre el trabajo doméstico remunerado y no remunerado, y sobre la necesidad de reconocer los derechos de quienes realizan estas labores.
Una obra teatral para hablar de lo que muchas veces se calla
El mensaje también llegó a través del arte. Durante la feria, jóvenes mujeres de Ames presentaron la obra de teatro “Cuidando en tiempos desiguales”, una puesta en escena que abordó el derecho al cuidado, los derechos sexuales y reproductivos y el derecho a decidir.
A través de las experiencias representadas, la obra invitó a reflexionar sobre las desigualdades que enfrentan las mujeres, y sobre las expectativas sociales que han establecido que son ellas quienes deben asumir principalmente las responsabilidades de los cuidados.
Para Samanda Maldonado, no se puede hablar de cuidados sin hablar de los derechos sexuales y reproductivos, pues ambos forman parte del bienestar y de las decisiones que las mujeres toman sobre sus propias vidas y sus cuerpos. La propuesta teatral también nació desde las experiencias de mujeres jóvenes y de sus comunidades.
Jóvenes de Ames presentaron la obra teatral “Cuidando en tiempos desiguales”.
Fotos: Angie Ross
Dulce Socoy, una de las actrices participantes, explicó que parte de la motivación para realizar la obra fue compartir conocimiento e información con otras mujeres, tomando como inspiración las experiencias de sus comunidades y de sus abuelas. El objetivo es que más mujeres puedan conocer sus derechos, cuestionar aquello que históricamente se les ha impuesto y tomar decisiones sobre sus propios cuerpos.
Cuidar no es solo hacerlo por amor
Una de las reflexiones centrales de la jornada fue reconocer que el cuidado también es trabajo. Maldonado explicó que durante mucho tiempo se ha construido socialmente la idea de que las mujeres deben cuidar por naturaleza y que estas labores se realizan simplemente por amor. Sin embargo, detrás de cada tarea de cuidado existe tiempo, esfuerzo y responsabilidad.
Reconocerlo como trabajo permite también cuestionar por qué estas labores han recaído históricamente sobre las mujeres y por qué muchas veces permanecen invisibilizadas. Por ello, las jóvenas y organizaciones participantes plantean la necesidad de que los trabajos de cuidado sean reconocidos, valorados y distribuidos de manera equitativa entre mujeres y hombres.
La feria cerró con un mensaje que atraviesa todas las actividades: cuidar también es trabajar. Y si el cuidado sostiene la vida, quienes cuidan también necesitan ser cuidadas, escuchadas y protegidas mediante derechos que garanticen condiciones dignas, remuneraciones justas y espacios libres de violencia y desigualdad.
Porque detrás de cada hogar, cada familia, cada comunidad y cada territorio existen mujeres que, muchas veces sin ser reconocidas, han sostenido la vida.
Reconocer ese trabajo también es reconocer sus derechos.

Asistentes a la Feria Informativa conocieron sobre sus derechos laborales y la importancia del trabajo doméstico y de los cuidados, remunerado y no remunerado, para la sociedad.
Foto: Angie Ross
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Angie Ross
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Violeta Cetino
Las sociedades y la economía de los países se sostienen gracias a las labores de cuidados remunerados y no remunerados que realizan, en su mayoría, las mujeres. En América Latina, más de 15 millones de mujeres son trabajadoras domésticas y de casa particular, esto equivale a 1 de cada 9 mujeres. Expertas en el tema en la región coinciden en que los cuidados son un derecho humano que debe ser reconocido por los Estados e incluido en las agendas del movimiento social de mujeres.
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Este 1 de Mayo, trabajadoras domésticas y de casa particular recordaron que su labor va más allá de limpiar casas: sostienen hogares y también la economía del país. Como expresó Dalila Hernández, han sido “maestras, enfermeras y mamás”, incluso sin derechos garantizados, por lo que este día exigieron la aprobación del Convenio 189 de la OIT.
Angie Ross
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