La Muralla
Escrito por Noelia Herrera
Por Noelia Herrera
“La MURALLA CHINA fue terminada en su extremo norte; avanzando del sudeste y del sudoeste se unió aquí. Este sistema de construcción parcial se utilizó también en escala reducida para cada uno de los dos grandes ejércitos de trabajo, el de oriente y el de occidente. Para ellos se formaron equipos de unos veinte obreros, que debían realizar un sector de muralla de unos quinientos metros. Un equipo vecino le salía al encuentro con otra muralla de igual longitud. Pero una vez producida la unión, no se continuaba la obra al final de estos mil metros, sino que los equipos de obreros eran enviados a regiones completamente distintas para continuar con la construcción. Resultó así que quedaron numerosos claros que se llenaron poco a poco y con gran lentitud, algunos sólo después de haberse ya proclamado oficialmente terminada la muralla. Más aún: se dice que hay sectores que no se llenaron nunca, afirmación que probablemente pertenece a las muchas leyendas que se originaron acerca de la construcción y que al menos para el hombre aislado, no son verificables por sus propios ojos y con su propio sentido de las proporciones”.
La Muralla China, Kafka
»Fue entonces que decidí dedicar mi vida entera a la exploración y finalización de la Gran Muralla, después de que mi abuelo confirmara que sí, que efectivamente existían tramos sin construir de la Gran Muralla, incluso después de cientos de años de haberse comenzado con la construcción. Y eso para mí fue suficiente. A la edad de diecisiete años tomé mis pocas posesiones y dije adiós a mi familia, explicando la urgencia de comenzar con la consigna. Mis padres trataron de persuadirme. Mi abuelo no dijo nada, se limitó a verme salir de su habitación; él, tendido en la cama, cubierto por una manta amarillenta, con una sonrisa incrédula y melancólica, pues había dedicado toda su vida a la construcción de la Gran Muralla, y le parecía ahora injusto que su nieta tomara esta decisión por su cuenta. Su adiós fue el silencio y la sonrisa.
Salí de la aldea con mis cosas al hombro, y mientras caminaba pensaba en el plan que llevaría a cabo. Pensé que lo mejor era recorrer la Gran Muralla por fuera de China, así podría decir en el futuro que había hecho un larguísimo viaje y observado en mis viajes otros horizontes, otras montañas, podría toparme con personas de diferentes costumbres, quizá vivir alguna aventura.
Al principio el desierto fue duro conmigo, se agrietó casi cada centímetro de mi piel, y al llegar al primer poblado, todas las personas huyeron de mí. Pasé algunos días en las calles, tratando de explicar mi presencia, y solo regresaba a mi tienda por las noches. Al fin algunos pobladores me escucharon, y también encontraron lógico y urgente construir esos tramos de la Gran Muralla«
“Shih Huang Ti, según los historiadores, prohibió que se mencionara la muerte y buscó el elixir de la inmortalidad y se recluyó en un palacio figurativo, que constaba de tantas habitaciones como hay días en el año; estos datos sugieren que la muralla en el espacio y el incendio en el tiempo fueron barreras mágicas destinadas a detener la muerte”.
La muralla y los libros, Borges.
Dejó de leer y trató de imaginarse a la primera Li dirigiendo a un grupo de campesinos, llevando y trayendo piedras, ramas, carretas con materiales necesarios para la construcción. Esas primeras hojas del folio en su pequeña biblioteca, ya viejísimas y cayéndose literalmente a pedazos, fueron las que narraban cosas más interesantes y a la vez parcas, pues las otras Li, ya en las últimas hojas del folio, se extendían en detalles como: »El chiquero es lo que más problemas da, los cerdos se comen todo, incluyendo sus heces, entonces hay que levantarse de madrugada e ir a lavar el chiquero, pero con cuidado, porque a esas horas los cerdos están hambrientos. Y nadie nunca en toda la aldea quiere hacerse cargo de esa tarea«
Prosiguió a agregar las hojas en las que ella pensaba escribir, eran unas hojas más pequeñas y blancas que las otras, y el lapicero Bic comenzó a trazar letras totalmente diferentes a las letras de las primeras hojas, como si se tratara de la escritura de otro idioma.
Al terminar, Li leyó lo que había escrito: »Yo, Li la décima, escribo estas páginas solo hasta el día de hoy, contando con ochenta y seis años, pues a lo largo de mi vida esto ha acontecido para ser narrado: mi aldea lleva mi nombre, y el nombre de mi madre y el de mi abuela, y de la primera Li que ya hace cuatrocientos años salió de Yanging con el afán de ver al fin terminada la Gran Muralla. Puedo decir, luego de haber leído el manuscrito entero, que los Li hemos recorrido en varias ocasiones la Gran Muralla, construyendo tramos, haciendo amistades en cada villa que visitábamos. Pero luego de varios cientos de años de vivir bajo esas condiciones, decidimos establecernos al este de China, junto al mar, y que hemos seguido llamándonos los Li, hasta llegar a ser La Aldea de los Li. Pues ya estábamos cansados de ser nómadas, o al menos eso dijo mi madre«
“Pero alguna vez habrá un hombre que sienta como yo [Qin Shih Huan Ti, Primer emperador de China], y ese destruirá mi muralla, como yo he destruido los libros, y ese borrará mi memoria y será mi sombra y mi espejo y no lo sabrá”.
La muralla y los libros, Borges.
»Nací en La Aldea de los Li, y aunque mi madre aún fue nómada constructora, no puedo decir mucho de las últimas andanzas de mi pueblo. Mi nieta llegó corriendo a mi habitación y dijo que unos hombres venían de lejos, querían hablar con la señora Li. Ya en el centro del pueblo vi autos grandes con vidrios negros. Junto a estos autos había varios hombres vestidos con traje y corbata, la mayoría tenía la piel blanca, algunos el pelo muy amarillo, otros no. Mi nieta me llevaba del brazo, y al verme los hombres caminaron hacia mí. Me dijeron que habían venido de muy lejos impulsados por la gran leyenda de los Li, que algo así, la gran leyenda de los Li, es lo que ellos buscaban para construir un muro enorme. Ofrecieron trabajo a mi pueblo, ofreciendo riquezas y fama. Pero yo no entendí a qué se referían. Estaba yo aun indicando que no entendía lo que me decían, cuando de entre el grupo de hombres surgió uno de ellos, mucho más gordo que los otros. Al verlo me recordó a los cerdos, con su rostro redondo, los labios hinchados, los ojos hundidos en las cuencas, sus cachetes rojos, sus manos regordetas como pezuñas. Pero no me pareció delicioso como los cerdos, ni con ganas de cocinarlo. Este hombre habló del gran muro, de la importancia del gran muro que debía construir. Yo seguía sin entender. Él dijo que quería el sello Li en su muro, el sello de la inmortalidad. Lo dejé, pues no llegamos a entendernos, tan solo hice una reverencia y traté de sonreírle«
Luego de finalizar la lectura, Li, hija de Li, que a la vez fue hija de Li, quien a su vez fue hija de Li, y así, se recostó sobre el manuscrito y durmió, y en sueños escuchó a la aldea entera llorar y correr, y vio el humo que consumía su choza y su piel hasta los huesos. Y nunca supo si aquello último de su vida fue un sueño o una premonición, o algo real.
Participaron de esta nota
Noelia Herrera
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Prensa Comunitaria
Patricia Orantes Thomas es una de las fundadoras de Movimiento Semilla. Pobladores afectados por empresas extractivistas ven con cautela las acciones de la cartera que dirigirá Orantes pero piden velar por los derechos de las comunidades afectadas.