Guardianas de la vida: el hilo milenario de las comadronas Fidelia, Juana y María Soledad
Escrito por Joel Solano
En el marco de la conmemoración del Día Nacional de la Comadrona Guatemalteca, celebrado en Guatemala cada 19 de mayo, las historias de Fidelia Chávez, en Suchitepéquez; Juana González, en Baja Verapaz y María Soledad Leiva Guzmán, en Quetzaltenango, demuestran que, a pesar de las distancias geográficas, las comadronas tradicionales de Guatemala comparten una misma esencia y una batalla común. Detrás de su entrega comunitaria, preservando la vida, la sabiduría ancestral y el acompañamiento espiritual a las mujeres durante el embarazo y el parto, también existe una historia marcada por la discriminación, el racismo y la falta de reconocimiento a su trabajo.
Por Joel Solano
Sabiduría y transformación del oficio en Suchitepéquez
A sus 68 años, Fidelia Chávez lleva más de la mitad de su vida dedicada a una de las labores más nobles de San Pablo Jocopilas, Suchitepéquez: traer vidas al mundo. Con 43 años de experiencia como comadrona, Fidelia afirma con convicción que su oficio no proviene de las aulas, sino del cielo. "Es un don que Dios me dio, algo que se trae en la sangre", compartió con orgullo, sumando más de cuatro décadas de recibir en sus manos el futuro de su comunidad. “Estoy muy contenta porque llevamos 15 años en Nim Alaxik, la institución que nos reconoció a las comadronas, ya que al principio a las comadronas no nos tomaban en cuenta. Éramos marginadas, pero gracias al movimiento estamos cumpliendo años este 19 de mayo”, dijo.
En sus comienzos, en los años de 1980, las herramientas de Fidelia eran mínimas: apenas unas tijeras y los insumos más elementales que cargaba en una bolsa. La falta de equipo técnico y de infraestructura era tal que muchas familias ni siquiera contaban con una cama; la tradición y la necesidad dictaban que el parto se atendiera en el suelo o sobre tablas que los mismos familiares colocaban. Sin embargo, esa escasez se compensaba con el ingenio, el respeto a las costumbres locales y la certeza de su vocación innata. Cuarenta y tres años después, el impacto de su labor es innegable: con emoción, la comadrona recuerda que aquel primer bebé que ayudó a nacer en condiciones tan rudimentarias hoy ya es abuelo, y ella sigue asistiendo a su descendencia, tejiendo un lazo generacional único en San Pablo Jocopilas.

Fidelia Chávez lleva más de 30 años de ejercer como comadrona en su comunidad.Foto: Joel Solano
Antes de recibir a su primer paciente, Chávez ya presentía su camino el cual vio a través de un sueño donde atendía a su madre, un secreto que guardó por años debido a los tabúes de la época. Su primera prueba de fuego ocurrió de manera espontánea con el nacimiento de su sobrino, al demostrar un conocimiento innato sobre el estado del parto, la enfermera presente reconoció de inmediato su habilidad y la animó a ejercer. Tras siete años de experiencia comunitaria, el talento de ella llamó la atención de las autoridades de salud; fue seleccionada para capacitarse en el Intecap y realizar una pasantía en el Hospital Roosevelt, donde el personal médico validó y perfeccionó las técnicas de estas mujeres que, aun sin estudios formales, sostenían la vida en el área rural.
Ejercer como comadrona exige valentía, pues en cada parto se arriesgan dos vidas de forma simultánea: la de la madre y la del hijo. Por ello, Fidelia enfatizó que esta labor requiere un amor incondicional hacia el prójimo y una paciencia inquebrantable. Con el fin de que este legado ancestral no se pierda, como comadrona invita a las mujeres jóvenes a que sientan esta vocación e integrarse al Movimiento Nim Alaxik. Su objetivo es guiarlas en el proceso sin egoísmo, recordándoles que la partería es un don comunitario que se comparte con el único fin de proteger la salud materno-infantil en los momentos más críticos.
Antes no era como ahora, reflexiona la comadrona al contrastar la libertad del pasado con la rigidez del presente. En las décadas anteriores, el embarazo seguía un curso natural y las comadronas acudían al llamado de urgencia a la hora que fuera, guiadas únicamente por la confianza comunitaria. En la actualidad, la fiscalización del sistema de salud y la aparición de mayores complicaciones médicas han transformado el protocolo. Ahora, el proceso exige que las pacientes acudan al centro de salud y que las comadronas estén debidamente registradas y organizadas. Este control ya no es opcional: ante el riesgo de una muerte neonatal o materna, las consecuencias legales son severas, lo que obliga a un monitoreo conjunto desde el primer trimestre de gestación.
A diferencia de la medicina convencional, el método de Doña Fide se basa en el cuidado no invasivo y el conocimiento de la naturaleza. Cuando una mujer inicia con dolores de parto, ella no realiza exámenes táctiles. “No las examino, solo les hago su baño con plantas; si el dolor se agrava es porque ya van a dar a luz, y si se tranquiliza, es solo frío", explicó. Mediante el uso de lienzos, cataplasmas de plantas medicinales y técnicas tradicionales como sobar y fajar dentro del temazcal (Tuj), calienta el cuerpo de sus pacientes sin causarles daño ni recurrir a medicamentos tomados, resolviendo también infecciones urinarias. Esta sabiduría mística y práctica la ha convertido en la sanadora de confianza de generaciones enteras en Suchitepéquez.
El mensaje final de Fidelia Chávez es una invitación abierta a la juventud de su pueblo para mantener viva la medicina ancestral. La experimentada comadrona insta a las mujeres con vocación a buscar guía en las abuelas activas para aprender técnicas clave como el sobado y el cuidado general de las embarazadas.
Medicina tradicional, herencia y respuesta comunitaria en Baja Verapaz
Desde Baja Verapaz, la comadrona Juana González relató cómo su labor, iniciada en 1986 de forma empírica al observar a las abuelas de su pueblo, se transformó en un pilar de la salud comunitaria gracias a su constante participación en ASECSA. Con una disponibilidad de 24 horas para atender emergencias, González recuerda que la asistencia a un niño con condiciones especiales marcó el inicio de su coordinación directa con las autoridades de salud.
A pesar de que actualmente la mayoría de los nacimientos se derivan a los hospitales y puestos de salud locales, la comadrona enfatiza que la atención y el cuidado diario de los recién nacidos en las comunidades sigue siendo una necesidad urgente que la medicina tradicional continúa resolviendo.
A pesar de que la medicina convencional ha ganado terreno y muchas familias acuden ahora a Juana, principalmente en busca de masajes tradicionales, la demanda de su guía sigue vigente. “Las familias nos buscan, hay trabajo, y como comadrona me siento contenta de aportar a la sociedad a través de la medicina ancestral”, explicó.
Este oficio es una herencia familiar que inicialmente rechazaba, hasta que una experiencia espiritual nocturna le reveló su verdadera vocación. Desde entonces, ha convertido este don en un beneficio colectivo: cura enfermedades en niños y adultos, asiste a quienes la necesitan a cualquier hora y encuentra su máxima satisfacción en sostener, desde el saber de sus abuelas, la salud de Baja Verapaz.

Juana González inició su labor como comadrona en 1986, en Baja Verapaz. Foto: Joel Solano
Ligada a la espiritualidad maya y guiada por la fuerza de su nahual, la comadrona Juana González defiende la validez de los saberes tradicionales frente a la medicina académica. Para ella, la mayor validación de su oficio ocurre cuando las familias retornan a su hogar tras buscar atención hospitalaria sin éxito. “Vienen y le dicen a uno 'Se curó mi niño'; ahí es donde uno se siente convencida”. Esta entrega comunitaria fue vital durante la crisis sanitaria del COVID-19, época en la que las comadronas continuaron laborando en primera línea con remedios basados en plantas medicinales. Con una profunda convicción solidaria, resaltó que la partería y la sanación tradicional son, ante todo, un servicio al prójimo, donde el pago se ajusta a la voluntad y las posibilidades económicas de cada familia.
Juana González recalca que este legado no tiene un costo monetario y, por lo tanto, las nuevas generaciones tienen la responsabilidad histórica de acercarse a las abuelas, valorar sus enseñanzas y aprender a practicarlas para que la identidad y la salud comunitaria sigan caminando de la mano.
Resistencia, denuncia y autonomía de los pueblos en Quetzaltenango
Para María Soledad Leiva Guzmán, mujer maya k'iche', la partería es un hilo inquebrantable que une a su familia a través del tiempo. Al formar parte de la cuarta generación de comadronas en su linaje, un don heredado por vía materna, inició en este oficio desde muy joven, alternando sus labores de asistencia con la escuela y la universidad. Su madre, quien ejerció la partería durante 55 años antes de trascender, le dejó un legado místico que se manifestó, como dicta la tradición, tras superar una fuerte enfermedad previa a asumir el cargo. "Las comadronas nacen, no se hacen", afirmó, quien junto a sus hermanas continúa esta vocación en los territorios, canalizando esa herencia a través de la lucha y la resistencia comunitaria que sostienen de forma organizada dentro del Movimiento Nacional de Abuelas Comadronas Nim Alaxik.
El ejercicio de la partería para María Soledad Leiva Guzmán implica un equilibrio profundo entre las energías, la espiritualidad y el uso de plantas medicinales, priorizando una sanación natural frente al abuso de químicos que dañan el cuerpo. Este saber no es aislado; su madre fue una comadrona ampliamente reconocida en las diez comunidades del Valle de Palajunoj, un legado que hoy respalda el trabajo de sus hijas.
Leiva Guzmán recuerda con honor a las 925 abuelas del movimiento que ya han trascendido, cuya lucha y resistencia buscaba precisamente que esta sabiduría milenaria no se extinga. Frente al sistema oficial de salud, la postura de las comadronas es clara: no buscan la confrontación, sino el respeto a su autonomía. Sin tener conflicto con el área de salud, lo que pedimos es que nos dejen trabajar con nuestros saberes, porque no somos de hace 500 años; nosotras somos milenarias, puntualizó.
“Yo denuncio al Ministerio de Salud y pido que nos dejen trabajar”, advierte María Soledad al exponer que fue privada del incentivo económico que el movimiento de comadronas logró consolidar tras 15 años de lucha. La entrevistada calificó su oficio como un rol de "guardiana de la vida" y aseguró que, pese a los atropellos institucionales, continuará ejerciendo la partería tradicional. La lideresa hizo un llamado al Estado de Guatemala por la desatención y la falta de garantías económicas para las abuelas maestras que, tras décadas de servicio y avanzada edad, siguen sin recibir el reconocimiento y los recursos que por derecho les corresponden.

María Soledad Leiva, forma parte de la cuarta generación de parteras en su familia. Foto: Joel Solano
“Alzo mi voz ante el sistema de salud que nos amenaza, porque tenemos derecho a tener una vida digna”, señaló María Soledad Leiva, resumiendo el sentir de cientos de comadronas organizadas en Guatemala. Su testimonio expone la urgencia de rescatar la educación ancestral frente a un sistema oficial donde abunda la violencia obstétrica y la discriminación contra la mujer indígena por no saber expresarse en el idioma español. Frente a este panorama, las comadronas defienden una medicina de reciprocidad con la Madre Tierra, utilizando los elementos del agua, el aire y el fuego como parte de su práctica diaria de sanación.
Al agradecer el espacio periodístico, Guzmán hace un llamado a la armonía humana, instando a la sociedad a valorar a los campesinos de los territorios y a respetar el derecho de los pueblos originarios a gestionar su salud de manera autónoma y digna.
Perdimos el miedo y denunciamos, afirmó categóricamente María Guzmán al romper el silencio sobre el acoso que sufren las comadronas en Quetzaltenango. Denunció públicamente al sistema de salud local por mantenerlas bajo amenazas y cooptación, advirtiendo que la amenaza de retirarles el carnet oficial es utilizada para silenciarlas. Tras apelar a la energía del nahual Noj’ para exigir respeto a la medicina ancestral, la lideresa envió un mensaje directo a la encargada del Centro de Salud de Xela, recordándole que su único fin es servir a la comunidad, cuestionando fuertemente la viabilidad de la salud pública en el país ante la salida de los médicos cubanos, quienes históricamente cubrían las zonas donde el sistema estatal guatemalteco no llega.
Desde el uso del temazcal y los baños de plantas, hasta la resistencia frente a las presiones y la discriminación del sistema de salud oficial, Fidelia Chávez, Juana González y María Soledad Leiva Guzmán encarnan la figura de guardianas de la vida en sus territorios, sostenidas por el movimiento Nim Alaxik y la guía de su espiritualidad maya.
Estas tres mujeres coinciden en un llamado urgente hacia el futuro: es vital que las jóvenes venzan el miedo, reconozcan el don en su sangre y hereden este conocimiento milenario para que las comunidades rurales nunca se queden sin el cobijo de sus saberes ancestrales.
Denuncias en conferencia de prensa
En el Día Nacional de Comadrona Guatemalteca, comadronas del Movimiento Nacional de Abuelas Comadronas Nim Alaxika alzaron su voz en una conferencia de prensa realizada en la Asociación de Servicios Comunitarios de Salud (Asecsa), en Chimaltenango, para rechazar la discriminación, el racismo y el despojo de acreditaciones que muchas han enfrentado en los centros de salud.
Señalaron que su labor comunitaria y ancestral no depende de un documento, sino del servicio, la experiencia y la confianza que durante generaciones han brindado a las comunidades, reafirmando que la comadrona sigue siendo indispensable con o sin acreditación.
En el día No’j, considerado un símbolo de sabiduría y conocimiento ancestral en la cosmovisión maya, las abuelas comadronas se reunieron en una ceremonia maya donde encendieron velas como símbolo de agradecimiento, esperanza y guía espiritual por la misión comunitaria que realizan en favor de la vida y el acompañamiento de las familias. Entre oraciones y consignas, reafirmaron que “la comadrona nace, no se hace”, destacando que su labor proviene de un don ancestral heredado por generaciones y que continúa siendo indispensable dentro de las comunidades, pese a la discriminación y las dificultades que enfrentan.
Conoce más de esta conferencia de prensa en el siguiente enlace:
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