En Quetzaltenango, el restaurante Katze ofrece refugio a gatitos y a sus comensales
Escrito por Lucero Sapalú
En la zona 7 de Quetzaltenango, un restaurante funciona también como refugio para gatos rescatados. Detrás del proyecto está María José Contreras, quien convirtió su vínculo con los animales en una iniciativa que busca darles una segunda oportunidad, aunque sostenerla implica desafíos económicos constantes.
Por Lucero Sapalú
En una casa de dos niveles en la zona 7 de Quetzaltenango, los maullidos se mezclan con el sonido de tazas y conversaciones. No es un restaurante cualquiera: aquí, cada plato servido ayuda a sostener la vida de gatos rescatados de la calle.

El equipo del restaurante Katze está comprometido con el cuidado de todos los inquilinos en Quetzaltenango. Foto de Lucero Sapalú
El lugar se llama Katze y funciona como cafetería, pero también como refugio. En sus espacios conviven visitantes y felinos que han sobrevivido al abandono, la enfermedad y el maltrato. Detrás del proyecto está María José Contreras, quien convirtió su vínculo con los animales en una forma de vida.

María José Contreras convirtió su vínculo con los animales en una forma de vida. Foto de Lucero Sapalú
Todo comenzó con Egon
Hace más de diez años, una caja marcó el inicio de todo. Dentro, una pata peluda asomaba por un pequeño orificio. Era el regalo de 15 años de María José, lo tomó entre sus manos y, casi de inmediato, supo cómo lo llamaría: Egon.
Lo que parecía un gesto cotidiano se convirtió en el inicio de un vínculo que cambiaría su vida. Con el tiempo, ese cariño la llevó a cuestionarse qué ocurría con los gatos que no tienen hogar. Aquellos que viven en la calle, que enferman, que son abandonados o que simplemente no encajan en lo que las personas buscan adoptar.
Nunca pensó qué su amor por Egon la llevaría a desvelarse, a buscar fondos y buscar ideas para sostener lo que con el tiempo se convertiría en algo más que un refugio. Hoy, en una casa que rentó en la zona 7 de la colonia Trigales, en Quetzaltenango, María José ha construido un espacio donde más de una decena de gatos encuentran algo que antes no tenían: un lugar seguro.
Un hogar lejos del maltrato, del frío de las madrugadas y de las largas noches de lluvia que marcan la vida en la ciudad. Pero en ese proceso entendió algo: rescatar no era suficiente.
Había que sostenerlos, así nació Katze, un restaurante con sentido social donde cada consumo se convierte en alimento, medicamentos y atención para los gatos que habitan el lugar.
Un proyecto que apuesta por los gatos olvidados
María José asegura que su vínculo con los animales no es reciente. Desde joven sintió una cercanía particular, pero fue a los 16 años, cuando recibió a su primer gato, que esa relación tomó otro sentido.

Egon era un gato muy querido, pero murió en 2025. Foto de Lucero Sapalú
Con el tiempo, buscó involucrarse más y participó en un voluntariado enfocado en el cuidado de perros. Sin embargo, la experiencia fue breve. No solo porque su interés estaba centrado en los gatos, sino porque también empezó a cuestionar algunas prácticas dentro de estos espacios.
“El voluntariado fue muy corto, yo iba más en busca de cuidar gatos que perros y además estaba en contra de algunas prácticas como la eutanasia porque considero que puede haber otras opciones y de ahí, me nació la idea de hacer un proyecto únicamente para gatitos”, explica.
Esa decisión marcó el rumbo de Katze.
Aunque en Guatemala existen espacios donde las personas pueden convivir con gatos, María José señala que su proyecto tiene una diferencia clave: los animales que habitan el lugar han sido rescatados.

María José recuerda con mucho cariño a Egon. Foto de Lucero Sapalú
“La mayoría de los gatos han sido rescatados o han sido abandonados, principalmente nos hemos enfocado en gatos adultos, porque todos queremos gatitos pequeños para poder hacerlos a nuestro estilo de vida y educarlos a nuestra manera”, explica.
Añade que, para un gato adulto, encontrar un segundo hogar puede ser mucho más difícil. Para poder abrir este negocio, invirtió al menos unos Q100 mil, pero asegura que tener el cariño de cada gato y haberlos salvado de la calle es su mejor satisfacción.
Las historias que explican el proyecto
Esa necesidad no surgió de una idea abstracta, sino de historias concretas. Mermal es una de ellas.

Mermal fue rescatada, pero perdió un ojo tras tener a sus crias. Foto de Lucero Sapalú
La gata fue rescatada en la zona 3, hace aproximadamente diez meses, con una grave herida en el ojo, producto del maltrato en la calle, mientras gestaba a sus crías. Durante semanas no pudo ser operada. Tras dar a luz, fue intervenida, pero perdió el ojo afectado.
Después de eso, pasó meses en un refugio sin ser adoptada. Nadie la quería, hasta que María José se acercó. Ese gesto confirmó lo que ya intuía, necesitaba crear un espacio que no solo rescatara, sino que pudiera sostener la vida de estos animales.
Eron fue uno de los casos más difíciles. No socializaba, se mantenía aislado y parecía rechazar el contacto. Sin embargo, detrás de ese comportamiento había dolor. Un diagnóstico veterinario confirmó leucemia y sida felino. La recomendación fue la eutanasia.
María José decidió no hacerlo. Lo cuidó, lo aisló y lo acompañó hasta el final. Eron vivió un año más, pero lamentablemente murió.

María José Contreras fundadora de Katze disfruta su día junto a varios gatos rescatados. Foto de Lucero Sapalú
El ronroneo y maullidos de los 13 gatos, invade las calles de la zona 7 de la colonia Trigales de Quetzaltenango. Para María José y su equipo, el proyecto no solo consiste en rescatar animales, sino en sostenerlos. En darles una oportunidad en un entorno donde, muchas veces, fueron rechazados.
Cuando la idea encontró un espacio
Durante más de un año, María José intentó encontrar un lugar donde pudiera vivir con los gatos y, al mismo tiempo, abrir el espacio al público. No fue sencillo. En Quetzaltenango, explica, aún persisten resistencias para aceptar mascotas dentro de viviendas alquiladas.
Finalmente, con el apoyo de su familia, encontró una casa en la zona 7 donde le permitieron iniciar. Katze abrió sus puertas el 11 de mayo de 2024. Desde entonces, funciona como cafetería y refugio en un mismo espacio, con un horario de atención de 11:00 a 20:00 horas de martes a domingo.
“Cuando conseguimos el lugar, empezamos a rescatar. Algunos estaban en la calle, otros venían de asociaciones donde llevaban mucho tiempo sin ser adoptados, sobre todo gatos adultos”, relata.
El proyecto inició con 13 gatos, hoy son 12. Egon, el primero, murió en agosto de 2025. María José lo recuerda con la voz entrecortada. Mientras habla, Mermal, uno de los gatos menos sociables con los visitantes se acerca y se recuesta a su lado.
Una experiencia diferente
Fernando Monterroso conoció el lugar a través de las redes sociales. La propuesta le llamó la atención: en Quetzaltenango no había un espacio similar. “Convivir con los gatos es una experiencia diferente, sobre todo porque ellos pese a todo lo que ha pasado en la calle, están siempre a dar cariño y a recibir cariño”, dijo.
Monterroso, decidió visitar el restaurante junto a su madre, quien había perdido recientemente a su mascota y asegura que la experiencia fue reconfortante para ellos. En el recorrido conocieron a los 12 gatos que habitan el lugar: Coco, Clinton, Taytay, Rolo, Bruce, Katze, Merme, Nick, Luna, Mermal, Grecia, Kitty y conocieron la historia trágica de Egon.

Existe un espacio aislado para convivir con los gatos aparte del área de restaurante. Foto de Lucero Sapalú
En este lugar, según María José, muchas de las personas que llegan atraviesan pérdidas o momentos difíciles. Algunas han perdido a una mascota, otras a un ser querido. En ese espacio, explica, encuentran algo que no siempre es fácil de nombrar: compañía.
Sin embargo, sostener ese espacio tiene un costo. Los gastos para mantener el restaurante y el refugio para gatos son elevados por lo que han tenido que implementar otras actividades.
“Hemos implementado varias actividades, tardes de pintura y tardes de galleta porque entre más gente, más ingresos tenemos para sostener a los gatitos. Se sabe que un negocio genera ganancias, pero en nuestro caso lo invertimos para su cuidado médico, alimentación y vivienda”, explica.
El espacio también está diseñado para garantizar la convivencia entre personas y animales. La casa que funciona como refugio y restaurante está dividida en dos áreas: una destinada a la cafetería y otra que incluye un lobby y un segundo nivel donde los visitantes pueden interactuar con los gatos, mientras ellos descansan o se desplazan libremente.
Para mantener el orden y el bienestar de los animales, existen reglas claras. No se permite correr ni forzar el contacto con los gatos, y en el caso de los niños, deben permanecer bajo la supervisión de un adulto. Además, cuando hay varios menores en una misma familia, el ingreso se realiza de forma controlada.
El cuidado de los gatos
La casa que ocupa el restaurante Katze está situada el sector conocido como Trigales en la zona 7 de Xela (Quetzaltenango), es una vivienda de dos niveles que alquila María José. Está dividida en dos espacios: lo que era el garaje se convirtió en el restaurante, está decorado con cuadros curiosos de gatos, algunas pinturas, otras fotografías de los felinos.
En la otra parte de la casa está un recibidor donde una de las colaboradoras en Katze explica algunas reglas antes de visitar al área donde descansan los gatos, una de las reglas es el trato con cuidado con cada uno de ellos.
El espacio está adaptado para que los gatos descansen, tienen sus juguetes y sus comidas. Sus areneros son limpiados constantemente por sus cuidadoras. Esta parte de la casa por lo regular está bajo llave para que los gatos no puedan salir y de esta manera garantizar la higiene al momento de que los clientes puedan consumir los alimentos.
Mientras una de las colaboradoras explica las reglas, algunos gatos curiosos bajan las gradas para recibir a sus visitantes. La mayoría de los gatos son muy amorosos y juegan con la gente y les gusta que los visitantes los acaricien.

Los felinos son cuidados y consentidos en Katze. Foto de Lucero Sapalú
Las ventas que se generan del restaurante son los únicos ingresos para sostener este proyecto, para pagar la alimentación de los felinos, su veterinario y el pago de las colaboradoras.
¿Qué representa interactuar con gatos para la salud mental?
La psicóloga Heidy Jucup habla respecto a los beneficios para la salud mental el poder interactuar con animales en este caso, gatos rescatados. Explica que “se ha visto que la presencia de los animales en la vida de las personas puede llegar a promover efectos positivos en la vida de estas a nivel de su salud mental”.
Ante el ritmo de vida actual, resalta que el cuidado de sí mismo ha pasado en segundo lugar priorizando el apartado laboral, pero afirma que el convivir con los animales domésticos y tal como lo demuestran diversos estudios, “brindan una poderosa fuente de distracción de las preocupaciones cotidianas, la sensación de cuidado y protección”.
La profesional de la salud mental, destaca que esta interacción disminuye los niveles de estrés y ansiedad que se tienen en el día a día, “propician apoyo emocional, promoviendo la empatía, actitudes de altruismo, disminuyen síntomas depresivos, aumentan la interacción social, mejoran la autoestima y estado de ánimo; disminuyen sentimientos de negatividad ante el rechazo social, disminuyen malestares orgánicos, además de que promueven sentimientos intensos de amor, conexión, entendimiento y apego en la relación humano-animal”, enfatiza Jucup.
El pequeño proyecto personal de María José se ha convertido en una segunda oportunidad para los 12 gatos que fueron abandonados a su suerte pero que ahora cumplen una función con quienes visitan el restaurante a 200 kilómetros de la ciudad capital de Guatemala.

La mayoría de los gatos son amorosos y cariñosos. Foto de Lucero Sapalú
Con edición de Beatriz y Francisco Simón
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