Foto: Joel Solano

Del azadón al pincel, una jornada para promover la conservación del maíz nativo

En San Juan Comalapa, la colectiva de mujeres Tik Na´oj cumple cuatro años de ser conservadoras de las semillas nativas. Este año, la cuarta edición de su emblemática “siembra del maíz” trascendió el surco para convertirse en un lienzo vivo, donde estudiantes de diversos centros educativos se suman a una exposición de dibujos que elaboraron, fusionando la técnica ancestral del cultivo con la fuerza regeneradora del arte.

Por Joel Solano 

El troje, (o la troja) bajo el cuidado de Tik Na´oj, deja de ser un simple depósito para convertirse en el santuario donde late la memoria de Comalapa, Chimaltenango y otros pueblos. Al resguardar cada grano con técnicas tradicionales, la colectiva no solo protege el alimento del mañana, sino que custodia la identidad de un pueblo que se niega a soltar sus raíces, asegurando que el maíz nativo siga siendo el dueño y señor de estas tierras sagradas de Chixot.

El arte y la tierra se encontraron el 3 de mayo cuando 438 jóvenes, entre ellos artistas de San Juan Comalapa, San Martín Jilotepeque, Tecpán Guatemala y San Domingo Xenacoj participaron en una siembra de maíz que busca rescatar el respeto por la madre naturaleza. Estudiantes de diversos sectores se unieron para entender, por medio de la práctica, por qué es fundamental volver a ensuciarse las manos y valorar lo que la tierra provee y luego plasmarlo en diversas obras de arte.

El maíz no es solo el eje de la alimentación de los pueblos, es la historia y el lenguaje con el que la tierra habla. En cada grano se resguarda una memoria milenaria que ha sobrevivido al paso de los siglos, que recuerda que las personas son seres profundamente ligados a los ritmos de la naturaleza y a la sabiduría de quienes les anteceden.

Una de las pinturas exhibidas. El maíz como historia y lenguaje. Foto Joel Solano

Defender la milpa es para las integrantes del colectivo defender la vida; es entender que mientras exista una semilla nativa sembrada con dignidad, existirá también un vínculo inquebrantable entre el pasado que nutre y el futuro que, con paciencia y respeto, están llamados a cultivar a través del arte o la tierra.

Rescatar la sabiduría de los abuelos 

Isabel Uz, representante de la colectiva Tik Na’oj, destacó que la convocatoria no solo buscaba la siembra física, sino el rescate de la memoria histórica. Queremos que la juventud redescubra la importancia del maíz a través de la sabiduría de sus abuelos, explicó. Para la colectiva, el diálogo alrededor del fuego durante el almuerzo o la cena es el escenario perfecto donde se transfieren los conocimientos que mantienen viva la cultura.

La colectiva busca sembrar conciencia sobre la identidad: según la cosmovisión maya y el Popol Vuh, la humanidad misma proviene del maíz. Por ello, el proyecto utiliza el arte para “desenterrar” ese vínculo sagrado con la tierra y recordar que en Mesoamérica el alimento principal es el maíz. 

Isabel Uz, representante de Tik Na’oj. Foto Joel Solano

La iniciativa también funciona como un escudo cultural, advirtiendo a la juventud sobre el peligro de los cultivos transgénicos que amenazan la pureza de las semillas ancestrales, advierte Isabel Uz.

El Q’ujay preservar la memoria de los pueblos

En la cosmovisión local, la troja, o Q’ujay, es mucho más que un almacén: es el corazón del hogar”, explican los organizadores. A pesar de la modernidad, el Q’ujay preserva la memoria colectiva de los pueblos. Con esta actividad, se busca que la juventud descubra la simbología del resguardo del grano, entendiendo que la llegada del alimento para todo el año es una celebración de la vida y la resistencia cultural.

Lilian Serech, organizadora del evento, subrayó que la milpa es un proceso sagrado que garantiza la supervivencia. Bajo el lema de esta cuarta edición, “Que los surcos se llenen de milpa”, Serech lamentó que el hábito de comprar el grano esté desplazando a la siembra propia, con alimentos transgénicos. 

“Se está perdiendo el legado de los antepasados”, advirtió, enfatizando que la meta es que la juventud recupere términos y prácticas vitales como la surqueada (boloj), la siembra (äwex) y la cosecha o tapizca (jech), consultando siempre la sabiduría de sus abuelos.

El lema de la cuarta edición de pintura convocada por Tik Na’oj llevó el lema de “Que los surcos se llenen de milpa”. Foto Joel Solano

Para la colectiva, la palabra “siembra” trasciende de la tierra: se trata de cultivar conocimiento en el corazón de los niños y jóvenes. Este legado busca fortalecer los lazos que nos unen como pueblo y asegurar que las nuevas generaciones protejan su herencia. Además, ante la crisis del cambio climático, la organización sostiene que volver a las prácticas agrícolas ancestrales es una ruta vital para restaurar el equilibrio de la naturaleza y proteger el territorio.

Durante la jornada el artista Brayan Alexander Tuctuc hizo un llamado a las nuevas generaciones para que reconecten con sus raíces. Según Tuctuc, es fundamental que la juventud busque activamente la sabiduría de sus abuelos para comprender el verdadero origen de su identidad y la importancia de la agricultura ancestral. “Regresar a los tiempos de nuestros antepasados no es retroceder, es entender de dónde venimos para caminar con paso firme hacia el futuro”, enfatizó, subrayando que el conocimiento sobre la siembra del maíz es la base de la cultura local.

Lilian Serech, organizadora del evento. Foto Joel Solano

Con su obra “La mujer de frutos”, Tuctuc captura la esencia de la cosmovisión ancestral, donde la mujer y la naturaleza comparten el don de la creación. El artista señala que esta pieza es un recordatorio de que somos hijos de una tierra que provee, y que las mujeres son las guardianas de esos frutos que nos mantienen vivos. Es un llamado a reconocer nuestra procedencia y a agradecer los recursos que, desde tiempos antiguos, han sostenido la vida en nuestros pueblos, dijo.

Brayan Alexander Tuctuc muestra el dibujo realizado para esta edición. Foto Joel Solano

Plasmar nuestra visión del maíz a través del arte es, ante todo, un acto de agradecimiento a la Madre Tierra, expresó Alexander, valorando el espacio brindado para la expresión juvenil. Para él, como artista, esta iniciativa representa una oportunidad invaluable para que la juventud comalapense se reconecte con sus abuelos y su cultura. Subrayó que involucrar a niños y jóvenes en estas actividades es vital para que comprendan, desde la práctica, el valor de “ensuciarse las manos” y trabajar en armonía con la tierra.

Promueven soberanía alimentaria

Sara Dalila Mux resaltó que el papel de las mujeres es determinante en la transmisión de saberes sobre la valoración del maíz. A través de talleres especializados, las facilitadoras buscan sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de este grano sagrado. 

Mux hizo especial énfasis en la capacidad y preparación de las mujeres, destacando que muchas de ellas son profesionales en agronomía que ponen sus conocimientos técnicos al servicio del rescate de las prácticas ancestrales.

Sara Mux señala que la troja cumple una función vital de resguardo y memoria. Foto Joel Solano

Según Sara Mux, los pueblos originarios poseen una forma de vida propia, centrada en la protección de sus recursos. El maíz no es solo nuestro sustento diario, sino el motor de la economía de muchas familias, agrega. En este sistema, la troja (o Q’ujay) cumple una función vital de resguardo y memoria, permitiendo que las semillas heredadas se conserven junto al conocimiento ancestral que dicta el momento exacto para volver a sembrar, dijo. 

La colectiva, conformada por una red de más de 20 mujeres jóvenes procedentes de Comalapa, Xenacoj, Tecpán y San Martín, cumple 15 años de promover la soberanía alimentaria. Sus esfuerzos se centran en dos ejes críticos: la respuesta ante la crisis climática y la puesta en valor del maíz nativo. A través de este trabajo constante, han logrado posicionar la importancia de las semillas locales como una herramienta de resistencia y adaptación para los pueblos originarios.

El mensaje central de la colectiva para las nuevas generaciones es que la preservación de la vida es una tarea colectiva. Las organizadoras advierten que el uso de transgénicos no solo desgasta la fertilidad de la tierra, sino que genera una cadena de contaminación que afecta a los seres humanos y a las aves con las que cohabitamos. Si contaminamos la tierra, nos contaminamos nosotros, señalaron, al tiempo que invitaron a la juventud a redescubrir el valor de la siembra y a perder el miedo de volver a “ensuciarse las manos” por el bien común.

Al fusionar arte y tradición la juventud resguarda el legado de sus abuelos. Foto Joel Solano

Lilian Serech motivó a la población a visitar la página de Tik Na’oj y seguir las publicaciones de Prensa Comunitaria. En ambos sitios se encuentra disponible el registro del trabajo artístico realizado por los jóvenes, así como valiosos relatos que rescatan la historia y la trascendencia de la siembra del maíz nativo en la región.

Un acto de resistencia cultural 

La jornada liderada por la colectiva Tik Na’oj reafirma que la siembra del maíz no es solo una labor agrícola, sino un acto de resistencia cultural y supervivencia frente a la crisis climática y la amenaza de los transgénicos.

Al fusionar la tradición con el arte, la juventud de la región ha demostrado que es capaz de resguardar el legado de sus abuelos, entendiendo que el Q’ujay (la troja) el Poloj surqueada, el Äwex siembra y el Jech Tapizca son la memoria misma de un pueblo. Con las manos en la tierra y el corazón en sus raíces, estos 438 jóvenes asumen el compromiso de preservar el maíz nativo como el fruto más sagrado de nuestra identidad y la garantía de vida para las generaciones venideras.