Debbie Guzmán
Debbie Guzmán
Pienso que la mara ya perdió el sentido de estudiar a nivel universitario. Antes estudiar era descubrir, cuestionar, conectar con el conocimiento. Ahora es por una hoja de cartón que se cuelga en la pared y por la competencia laboral que el capitalismo te vende como “éxito”. Y no está mal querer una vida digna, lo indignante es que el sistema haya convertido la educación en una carrera de ratas, donde lo que menos importa es pensar.
Estados Unidos no hace nada por error, mucho menos cuando está en crisis consigo mismo.
Históricamente, las mujeres han sido víctimas de desigualdad, violencia y exclusión en todos los ámbitos de la sociedad, es por ello que las organizaciones colectivas feministas se convierten en un instrumento fundamental para la transformación de realidades y hacerle frente al patriarcado.
A lo largo del tiempo, históricamente el Primero de Mayo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores, cuyo origen nace de una lucha concreta: la jornada laboral de 8 horas. No fue un regalo, fue pelea, calle y organización. Una lucha de los sectores obreros que tuvo un tono más político que festivo y que incluso, hoy sigue siendo un termómetro de conflicto social: salarios injustos, informalidad, migración laboral, represión. Y es donde entra también un tema que incomoda, porque no se quiere ver: la historia de las mujeres mal pagadas, invisibilizadas y doblemente explotadas.
La ciudad del “futuro” colapsa cada temporada de lluvia, pero esto no es un fenómeno natural: es el resultado directo de decisiones políticas. Calles mal pavimentadas, drenajes sin mantenimiento, banquetas destruidas o inexistentes y una planificación urbanística prácticamente nula. Aquí no hay sorpresas, hay abandono.
La gran mayoría de las personas que viven las consecuencias de la desigualdad en América Latina llegan a votar por quienes prometen profundizar el modelo que la genera. El problema a fondo nunca ha sido la economía, sino más bien la falta de identidad, personas que aspiran a estar cerca de un status imaginado antes que defender sus propios derechos; siempre votan por lo que aspiran a ser y no por la realidad en la que viven, omitiendo mejorar su vida de forma concreta. No es falta de información, es exceso de manipulación.