Cuidarnos en medio del duelo colectivo que atraviesa Guatemala
Escrito por Glenda Alvarez
El asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa, las amenazas contra voces críticas y la criminalización de quienes defienden derechos humanos pueden afectar la confianza y la forma en que nos relacionamos y sentimos.
Por Glenda Alvarez
El 17 de octubre de 2026, el abogado y exfiscal Juan Francisco Solórzano Foppa fue asesinado mientras jugaba fútbol en el Campo Marte, en la ciudad de Guatemala. En el ataque también murió Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro. La violencia irrumpió en un lugar de recreación y convivencia en el que históricamente poca violencia se ha visto.
Para Olga Alicia Paz Bailey, psicóloga social y socióloga que realiza acompañamiento psicosocial a personas y equipos de trabajo, el impacto de un hecho de esta magnitud puede expandirse como las ondas de una piedra que cae en el agua. Al dolor de las personas cercanas pueden sumarse el temor y la incertidumbre de quienes reconocen en lo ocurrido un riesgo para su propia seguridad.
Olga Paz incluye entre los grupos afectados a periodistas, personas defensoras de derechos humanos y quienes trabajan en el sistema de justicia. También reconoce que el impacto puede alcanzar a quienes siguen las noticias y están pendientes de la coyuntura del país o incluso, a las personas que simplemente juegan fútbol en un campo y piensan que ese lugar ya no es seguro.
Cuando el miedo cambia la vida cotidiana
La psicóloga Evelin Tunche plantea que el duelo puede estar relacionado con la pérdida de algo significativo. En el contexto del país, esa pérdida puede sentirse cuando se debilita la confianza en que es posible vivir con tranquilidad o en que las acciones de una comunidad pueden producir cambios. Hablar de un duelo colectivo permite nombrar esas pérdidas compartidas, aunque cada persona las experimente de manera distinta.
Evelin Tunche identifica tristeza, enojo, frustración e impotencia entre las posibles respuestas. En su análisis, las experiencias personales y las redes de apoyo influyen en la forma de vivir ese dolor.
Olga Paz Bailey describe miedo, aislamiento y una sensación de alerta constante. Esa inseguridad puede llevar a mirar si alguien sigue nuestros movimientos, restringir las salidas o callar una opinión para protegerse.
Estas respuestas están relacionadas con la pérdida de una confianza básica: la que permite salir a trabajar, encontrarse con otras personas o disfrutar de un espacio de recreación. El temor a volver a una cancha de fútbol muestra cómo un hecho violento puede cambiar la relación que una persona tiene con sus actividades cotidianas.
En esa lectura, el miedo también puede debilitar las redes de apoyo. Una persona que reduce sus salidas para protegerse puede terminar más alejada de quienes la acompañaban. Recuperar esos vínculos requiere reconocer el miedo y contar con condiciones para volver a sentirse segura.
En Guatemala, esa desconfianza tiene una historia. Olga Paz recuerda que recuperar la confianza en las instituciones después de la guerra y del genocidio ha sido un proceso lento. En su lectura, los procesos de justicia también han permitido recuperar esperanza. Nuevos hechos de violencia pueden debilitar esa confianza que se había ganado y alimentar la sensación de que los cambios alcanzados son frágiles o inexistentes.
Para Olga Paz, reconstruir esa confianza requiere tiempo y trabajo colectivo, junto con respuestas estatales que garanticen seguridad. La incertidumbre sobre el futuro puede afectar el ánimo y las posibilidades que una persona ve de seguir participando en la vida pública.
Reconocer la tristeza o el miedo implica, entonces, mirar las condiciones que los provocan. No debemos patologizar, “Los efectos psicosociales son normales, lo que es anormal es un asesinato”, señala Olga Paz.
La violencia afecta la vida comunitaria
Las amenazas también han limitado actividades públicas. El 21 de octubre, el abogado Édgar Ortiz denunció intimidaciones y seguimientos contra integrantes de la organización Poder Ciudadano.
Las consecuencias de la criminalización han sido nombradas por autoridades indígenas. Durante la disculpa pública del Estado, el 7 de octubre, ex autoridades de los 48 Cantones de Totonicapán y de Sololá, reclamaron reparación por las afectaciones a su salud, economía y su vida familiar.
Prensa Comunitaria recogió el testimonio de María Juana Elías Tzunún, exintegrante de la Junta Directiva de los 48 Cantones, quien señaló el daño psicológico que provocó alejarse de su comunidad durante el exilio.
La criminalización puede deteriorar los vínculos y limitar la participación de las personas que la sufren en la vida comunitaria. La ausencia de una persona afecta a su familia y a los espacios que compartía con otras.
Olga Paz Bailey advierte que, para quienes permanecen en el exilio, nuevos hechos de violencia pueden reabrir la incertidumbre sobre las condiciones para regresar al país.
Por su lado, Evelin Tunche explica que la exposición constante a noticias de amenazas e injusticias puede alimentar la sensación de que los problemas no terminan y de que ninguna acción producirá cambios. Ese cansancio también puede alcanzar a personas que se mantienen informadas de lo que ocurre en Guatemala, aunque no hayan vivido directamente los hechos.
Para Evelin Tunche, tomar distancia de las noticias por un momento puede ser una forma de regular la carga emocional. La necesidad de una pausa merece ser escuchada sin asumir de inmediato que se ha perdido el interés por el país.
Olga Paz Bailey explica que, para quienes escuchan testimonios de violencia o acompañan a personas afectadas como parte de su trabajo, el desgaste puede acumularse. Identifica, por ejemplo, dificultades para dormir, dolores de cabeza y cansancio entre sus posibles manifestaciones. Reconocer esos efectos dentro de los equipos de trabajo, organizaciones o colectivos permite abrir espacios para atenderlos.
La seguridad y la justicia son parte del cuidado
Para Olga Paz, una primera necesidad es garantizar condiciones mínimas de seguridad para las personas afectadas por la violencia y para quienes comparten con ellas espacios de trabajo y organización.
Las organizaciones pueden revisar sus riesgos y sus medidas de protección mientras acompañan. Poder hablar del miedo requiere espacios donde las personas sean escuchadas y se sientan seguras.
Paz también subraya la necesidad de atender a quienes presenciaron el ataque y quedaron conmocionados. En su planteamiento, esas personas requieren contención y acompañamiento psicológico.
La verdad también ocupa un lugar central. Saber qué ocurrió ayuda a comprender la pérdida y a transitar el duelo. Cuando se trata de un asesinato, esclarecer los hechos y establecer responsabilidades tiene consecuencias sobre la confianza de quienes permanecen. “El miedo crece a medida que la impunidad crece”, advierte la profesional de la salud mental..
El cuidado adquiere así una dimensión pública. Descansar y contar con apoyo es necesario, junto con respuestas del Estado que permitan ejercer derechos y habitar los espacios cotidianos con seguridad. Pedir a las personas que recuperen la confianza requiere atender las condiciones que la han quebrado.
La memoria y los espacios para acompañarnos
Paz menciona la memoria de las niñas del Hogar Seguro para explicar la importancia de contar con un lugar donde recordar. Llevar flores, encender una vela o participar en un ritual permite compartir el dolor y reconocer a quienes faltan. En su análisis, estos encuentros pueden ayudar a recomponer los vínculos que la violencia ha dañado.
Recomienda reservar momentos para caminar, realizar alguna actividad física o encontrarse con personas con quienes sea posible conversar sobre otros temas. Tejer, bordar o tocar un instrumento son otras posibilidades que menciona para abrir una pausa frente a la exposición constante a la violencia, de acuerdo con los intereses y las condiciones de cada persona.
Evelin Tunche propone construir espacios comunitarios de escucha y buscar apoyo cuando el malestar afecta de manera significativa la vida diaria. Acompañar puede comenzar por hacerle saber a otra persona que cuenta con alguien, incluso cuando no existe una solución inmediata.
El acompañamiento que proponen Olga Paz y Evelin Tunche plantea una tarea compartida para personas individuales, equipos, organizaciones y como sociedad reconocer el cansancio de sus integrantes, abrir tiempo para escucharse y sostener sus redes de apoyo.
En las familias y las comunidades, respetar los tiempos de cada persona y tomar en serio lo que siente. ayuda a recuperar experiencias de confianza.
Participaron de esta nota
Joel Solano
El legado medicinal que inició Germana Catú se conserva hoy en San Juan Comalapa con su nieta, Martina Otzoy Curuchich, quien a sus 77 años suma cuatro décadas como comadrona tras asumir un oficio marcado desde su nacimiento por un lunar en el brazo e iniciado en 1982.
Joel Solano
La artista originaria de San Juan Comalapa transforma versos en pinturas al óleo donde destacan los paisajes, la cultura y la gastronomía guatemalteca. Para Maricely Quiná, las palabras no solo se leen; también se tiñen de óleo, respiran textura y habitan el lienzo. En su universo creativo, la poesía y la pintura no son expresiones separadas, sino un refugio donde el dolor se transforma en color y la vulnerabilidad en fortaleza. A través de una obra que entrelaza la crudeza de la vivencia con la delicadeza del trazo, esta artista demuestra cómo el arte puede convertirse en el testimonio definitivo de la resiliencia humana.