Tomasa Vicente, tejedora de indumentaria maya poqomam se reinventa ante la pandemia

Por: Ketzalí Pérez y Jovanna García
País: Guatemala
7 julio 2020

Este artículo es parte de #IniciativasRudas

“No quiero enfermarme, quiero hacer muchas cosas. La gente se está muriendo en el pueblo, yo deseo vivir y compartir con mi familia.” Dice Tomasa, una tejedora de indumentaria maya de Palín con más de 40 años de experiencia. Como iniciativa de trabajo ante la crisis agravada por la pandemia, decidió empezar a tejer mascarillas con el tejido de Palín. 

Tomasa Santos Vicente, mujer poqomam de 62 años vive en el barrio San José en Palín, Escuintla. A los 17 años se inició en la elaboración de tejidos de indumentaria maya como telar de cintura para elaborar manteles, luego fajas y huipiles, y más adelante aprendió a hacer perrajes. Desde entonces se dedica al tejido de telar para elaborar los complementos de la indumentaria de mujeres de Palín. Su forma de trabajo es bajo pedido.

Tomasa trabajó 14 años para el Museo Ixchel de la Universidad Francisco Marroquín en zona 10. La tarea del Museo Ixchel del Traje Indígena es preservar y conservar una colección amplia de prendas utilizadas en todas las comunidades indígenas del país, según el sitio web del museo. La colección principal, que data de finales del siglo XIX y principios del XX hasta la actualidad, incluye 7,801 tejidos originarios de 147 municipios y 34 aldeas, representando a 181 comunidades. Trabajar en el museo resultaba muy cansado para Tomasa, pues al vivir en Palín, era difícil viajar todos los días hacia la ciudad capital para tejer todo el día; por ello decidió trabajar por su cuenta y ganarse el dinero poco a poco. Además de elaborar tejidos, en ocasiones lava baños de ropa, “esa actividad me ayudó mucho cuando mis hijos estaban creciendo, para mantenerlos y darles su estudio.” comentó Tomasa.

Tomasa se separó de su esposo desde muy joven, por lo que crio a sus hijos sola. “Mis hijos ya están grandes, todos trabajan y se mantienen por sí solos. Mis hijos me ayudan.” comentó Tomasa. Sus gastos principales son para comprar hilos y poder realizar sus trabajos textiles. Para no enfermarse, toma tés de hierbas, caldos y alguna que otra infusión para fortalecer las defensas de su cuerpo; también toma jugo de naranja casi todos los días. Tomasa prioriza el autocuidado para no enfermar y no verse obligada a ir a la farmacia, sobre todo por la actual crisis de salud que vive el país.

¿Cuál es su iniciativa ante la pandemia?

 “Fui a una pequeña reunión, ya había hecho mascarillas para mí, mis hijos y nietos, solo para la familia, pero ese día fui a esa reunión y llevé mi mascarilla puesta, como debe ser (ríe). Y cuando todas mis compañeras me vieron usándola me preguntaron que dónde la había conseguido, yo les dije que yo me la hice.” comentó Tomasa. A todas sus compañeras les encantó la idea de portar una mascarilla que lleve el tejido de Palín, pues además de funcionar como protección, combina con los trajes de la localidad, y fue así como ella empezó a elaborarlas.

Su hija fue quien la motivó a que utilizara sus habilidades para elaborar más mascarillas y a venderlas. “Como ella maneja esas cosas como el Facebook, empezó a promocionar las mascarillas y así poco a poco se han vendido.” comenta Tomasa. Cuenta que el proceso de hacer una mascarilla es como el de hacer una faja, pues deja caer un tirón de hilo lo suficientemente largo y una cuarta de ancho, que es más o menos la medida del rostro para hacer cada mascarilla, y de eso logra hacer entre 8 y 10 diseños. “Ese tirón lo cortamos a la medida de las mascarillas, y mi hija me ayuda a coser en el filtro y a colocarle el elástico.” comenta. En ocasiones elabora varias para tener disponibles, pues a veces cuando llegan a comprarle se llevan muchas.

Tomasa ha logrado recuperar la inversión que hizo en las mascarillas y también obtener ganancias, comenta “de eso vivo ahora, como la gente ya no tiene mucho dinero para comprar sus huipiles o perrajes, no tengo pedidos, así que eso me ha ayudado a sobrellevar la crisis.” Las mascarillas tienen un costo de Q25.00. Piensa continuar con la iniciativa hasta que las personas dejen de pedirle, menciona que “voy calculando, si sigue viniendo gente a comprar yo cálculo cuántas hacer”, ya que considera que la necesidad de una mascarilla se extenderá, por la situación que vivimos.

Su fuerza para continuar trabajando son sus hijos y nietos, “no quiero enfermarme, quiero hacer muchas cosas. La gente se está muriendo en el pueblo, yo deseo vivir y compartir con mi familia.”

                   
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