Raparse, una manera de renovarse en cuarentena

Por: Sonia Santoro
País: Argentina
23 julio 2020

Vía: Página12

“Me rapé porque… #cuarentena”: “Me dieron ganas”, “estaba aburrida”, “siempre había querido y me animé”. Declaraciones como éstas se reproducen en las redes sociales. Pero el corte de pelo no es inocuo y menos lo es una cabeza rapada. Sobre todo para las mujeres, para quienes la exigencia del pelo largo, sedoso y prolijo ha sido parte del canon a cumplir para encajar en el estereotipo de lo femenino. “Todo pelo es político y está sexualizado”, dice la periodista Vera Ferrari, después de raparse e investigar sobre el tema.

Las peluquerías cerradas, la cuarentena extendida, la sensación de que algo tenemos que cambiar y no podemos modificar mucho más que nuestro cuerpo, aparecen como intentos de explicar esta práctica que se multiplicó puertas adentro y en muchos casos salió al espacio público virtual. Un día de junio, los hijos de esta cronista se convirtieron en dos adolescentes rapados. Todo empezó como un juego, una amenaza del menor –“Me quiero rapar”, “me voy a rapar”, “mamá rapame”– para ganar una batalla que veníamos perdiendo contra los piojos. Sin saberlo estaba replicando una práctica habitual entre los antiguos egipcios, para quienes el rape era una medida de higiene. Finalmente, la maquinita de cortar llegó y el primero que se rapó fue el mayor, a días de cumplir dieciocho. No pude evitar pensar en una especie de rito de pasaje, de transición; y en volver a nacer.

Algo así le pasó a la periodista Vera Ferrari. Primero se rapó, hace una semana, y todavía le sigue encontrando significados. En el verano la veíamos en Crónica Tv con su cabello largo con reflejos rubios con suaves ondas, como de publicidad de shampú. Hoy se destacan sus ojos y sus incipientes pelitos castaños. A Vera le gusta hablar de cuestiones que tienen que ver con el cuerpo, la sexualidad, la drogas, los consumos. También es crítica del lugar que ocupan las mujeres en los medios: “En cuanto no sos condescendiente con la figura del conductor varón, sos problemática e incomodás”.

Hacía tiempo que Vera quería saber cómo sería “resetear la cabellera al natural”: “Cómo crecerá si me lo vengo tocando hace quince años. Me lo teñía, me lo cortaba, me hacía el flequillo. Pero siempre modificaciones dentro del estereotipo. De pronto me di cuenta que tengo cara nueva. Ahora no tengo cómo esconderme y al mismo tiempo me veo súper atractiva porque veo cosas que antes no veía. También en la pandemia necesito menos gastos, necesito ocuparme de cosas no tan visuales. Vemos la violencia, la pobreza, la desigualdad. Creo que estamos todos en un momento de estallido, de querer volver a empezar”. Algo en lo que dice resuena a búsqueda espiritual; como la de los monjes budistas que al raparse la cabeza dan el primer paso a la renuncia de lo material, las apariencias y lo superficial. Hay muchos significados en torno al rapado. En la historia también fue una forma de deshumanizar, por ejemplo, a las personas esclavas y a las presas en los campos de concentración.

Por otro lado, está la cuestión del estereotipo femenino puesto en jaque: “Esto puede sonar frívolo pero sacarse el pelo para una femineidad es una forma de vaciarse y de poder volver a encontrar significados en otras formas de habitar el cuerpo”, agrega Vera.

El pelo largo de las mujeres fue símbolo de seducción y por lo tanto cubierto para no tentar a los hombres y a Dios en distintas tradiciones (en algunas sigue vigente). Por eso rapar a las mujeres fue usado como forma de castigo en largos períodos de la historia. A Juana de Arco, en 1431 le raparon la cabeza, y la llevaron a la plaza del mercado para leerle la sentencia. Quitándole el pelo a la mujer pecadora se le quitaba su femineidad y se la humillaba públicamente, como pasó en 1945 con las francesas acusadas de colaborar con los nazis: fueron obligadas a desfilar por las calles totalmente calvas y en ropa interior.

Con el avance del siglo XX y la conquista de los derechos políticos y civiles de las mujeres. aparecieron las melenas cortas, como forma de rebeldía. Pero, los estereotipos son construcciones afianzadas largamente y difíciles de erradicar. En las películas de amor, el chico le corre un mechón de pelo de la cara a la chica y le da un beso. ¿Qué pasa si no hay mechón que correr? Lo que comprobó Vera es que para algunos se pone en duda su sexualidad. ¿Sos mujer, lesbiana o qué?

Dicen que para Coco Chanel “una mujer que se corta el pelo está a punto de cambiar su vida”. ¿Qué diría Coco del rape? En un episodio de la serie canadiense Anne with an e la adolescente Anne es víctima de ataques por su cabello pelirrojo, lo cual le provoca mucho sufrimiento, y termina rapándoselo. Aunque la serie transcurre a fines del siglo XIX, el tema es sumamente actual: ¿quién no ha llorado después de un corte que no resultó como lo esperaba? Sin embargo, y aunque volver a la clase con su nuevo corte la aterroriza, Anne se hace más fuerte a partir de ese paso.

En los noventa, Valeria Mazza explicaba desde una publicidad que si tenés una cara bárbara y tu pelo es un desastre… no tenés solución, porque –revoleo de cabeza mediante–  “el pelo es el marco de la cara”. Por esos años algunas figuras del pop, como Sinead O’Connor lucían una rapado como marca. Ella decía: “No quería ser bonita. Era peligroso ser bonita porque podría ser violada o molestada en todas partes a donde iba”. “En algún punto la entendí, porque más allá de que los abusos sexuales son crímenes de poder por medios sexuales, era una manera de sentirse segura –dice Vera–. El pelo rapado confunde a las personas que tienen una idea estereotipada de sexualidad, entonces siento que estoy incomodando más que ser posible objeto de un abuso callejero. Sentí que la calle es mía, aunque no fue buscado”.

En el imaginario hay otra idea fuerte: una mujer que se rapa está loca. Algo que se ha dicho de Sinead y también de Britney Spears. Vera también pensó en esta última: “Me parece que era un intento de ella de tomar el control sobre su vida. Es lo que pasa cuando hacés de una persona un producto. Ella decía ‘no quiero que me toquen más’, agarró la máquina y se sacó el pelo. ‘Voy a ‘arruinarme’ para que me dejen en paz’. ¿Una mujer tiene que haber tenido un desequilibrio emocional para cortarse el pelo? Al contrario, es una decisión súper consciente porque es despojarte de algo como el amor romántico de la belleza. Pero estás más consciente porque si bien no es irreversible, tarda un montón en crecer”.

De alguna manera el raparse es apropiarse de esa práctica usada como castigo dando vuelta su significado. Como lo que pasó, por ejemplo, con la palabra queer: históricamente tenía una connotación negativa porque refería a quienes no pudieran ser reconocidos como hombre o mujer o no encajaran dentro de la heterosexualidad y que en los ochentas fue apropiada por el colectivo lgbt y convertido en acción política. “Te das cuenta que la femineidad, la sexualidad, la sensualidad, la ternura, la forma de ser, no pertenecen a una parte del cuerpo –dice Vera–. No quiere decir que el pelo no tenga importancia. Pero es una forma de decir no soy mujer por tener el pelo largo´. Soy yo, tenga pelo o no. Y si me despojo de esto tan importante para mi autoestima, yo voy a decir con qué me siento sensual, no con lo que me digan los demás. Creo que es el primer cambio de look que me hago que tiene que ver puramente conmigo y, realmente, si las opiniones hubiesen sido negativas hubiera estado bien también porque estoy muy contenta en cómo yo me veo”.

Por estos días, muchas mujeres aprovecharon también para dejarse las canas. Una práctica que en los últimos años empezaba a hacerse visible pero que la pandemia facilitó. Para Vera tiene que ver con que ahora “es como que de pronto estamos de entrecasa permanentemente. Al no vivir con el ojo permanente de los demás, lo positivo es que podemos priorizar qué cosas hacíamos por nosotros y qué por la convención social. Muchas están optando por no depilarse, lo ves más claro con muchas cosas íntimas. Eso de empezar a pensar la imagen desde otro lado. Que realmente cada uno lo pueda elegir”.

Ella avanza y retrocede en su discurso porque a veces más que el pensamiento es el acto el que se impone: “Todo es inédito, así que quién puede decir que sabe que está haciendo lo que hace. El significado vendrá después. Me pintó raparme porque hay una pandemia. Fue también una forma de lidiar con tanto trauma mundial”. Cómo olvidarlo, el fantasma de la covid-19 es la sombra que se cierne sobre nuestros gestos. Lo siento cuando toco las cabezas rapadas de mis hijos y me remonto hacia el pasado. La fragilidad de sus cráneos, otra vez, expuestos a lo que vendrá.

 

 

                   
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