Otros amores posibles: amor libre como una política cotidiana decolonial

Por: Laura D. Tenorio
País: Costa Rica
14 febrero 2020

Reconozco que mi cuerpo es territorio cuerpo-tierra, como declara la admirable Lorena Cabnal (2010) y encarnan otras compañeras que desde diferentes territorios han resistido a la dominación, para construir otros mundos posibles. 

Mi cuerpo, entonces, es espacio de lucha y también de revoluciones, es espacio de creación y transformación. En y desde allí es que me es posible traducir el sentipensar en acción y política cotidiana. 

Unos años atrás, en plena reinvención personal, tras una ruptura de una relación heteronormada y monógama de 8 años, me reencontré con Lorena Cabnal, que daba una conferencia en la Universidad Nacional de Costa Rica. Era el día de mi cumpleaños y me sentía profundamente agradecida. Escuchar a Lorena, en medio de mi proceso, significaba un entrecruzamiento entre sus saberes y mis vivencias, en ese momento tan vinculadas a las relaciones. 

Si bien la rebeldía y el movimiento constante me ayudaron a sobrevivir desde chica, esos eran momentos de mucho caos interno que requerían sentipensar otras formas de existir. 

Tan solo unos meses después, hacía mi primer viaje sola a Argentina, para visitar a mi hermana de vida y asistir a un congreso sobre decolonialidad. Los saberes y aprendizajes me volvieron a rasgar la piel y generaron desorden interno. Allí me encontré con un removedor libro (entre muchos otros) que significaría para mí una revelación: Andar Erótico Decolonial

Ya el “daño” estaba hecho, cuando una expande la mirada, no hay forma de volverla a cerrar. Así también pasa con el cuerpo. Poco tiempo después, ese brazo derecho tatuado donde había acogido -muy intuitivamente- múltiples placeres, dificultades y aprendizajes del amor libre, ahora inscribía un compromiso político cotidiano… sanar. 

Pero ese no era el sanar tomado por la medicina occidental y su dominación de los cuerpos, sino más bien un sanar erótico, decolonial, ese que Ferrera-Balanquet (2015) describió como una reconexión con prácticas ancestrales que entienden y conocen como la matriz colonial y patriarcal dañan y afectan los procesos sensoriales, corporales, el espíritu, la psique, la relación comunitaria, lo erótico y la relación cósmica, entendida como Ts`aak, en maya.  

Sanar, en este sentido, ha implicado para mí, profundizar en procesos de resquebrajar y desaprender, cuestionarme, confrontarme… ensuciarme con aquello que se procuró blanquear en la familia, la iglesia y la academia, como instituciones sostenedoras de un orden social colonial. 

Sin cautela, el amor libre y otras tantas alternativas a la monogamia, como el poliamor y la anarquía relacional, podrían ser utilizados por el capitalismo deliberado para mercantilizar los territorios cuerpo-tierra, perpetrando lógicas extractivistas del placer y el amor. Por ello me convoca, más bien, un cuestionamiento más profundo que problematice las relaciones sexo-afectivas, a la luz de la matriz de dominación, la cual contempla el plano interpersonal como uno de los dominios donde se entrecruzan los diversos sistemas de poder.  

En ese sentido, reconozco que la familia burguesa y patriarcal ha sido producto de la clasificación racial de la población mundial, como plantea Aníbal Quijano (2001), de forma que la castidad, la monogamia y la fidelidad se reservaron para las mujeres blanco-europeas, en el ámbito privado que garantizaba el linaje burgués, mientras las mujeres colonizadas eran mercancías para el placer del amo y el proceso de blanqueamiento. ¿Es esto distinto ahora? Lo dudo. 

Estos son parte de los cuestionamientos que me proponen y desafían vivenciar un amor libre como proceso cotidiano, político y de sanación, a través del cual procuro compartir relaciones que contribuyan a construir otros mundos posibles, confrontando la herencia histórica de los violentos procesos de mestizaje y que se resistan a ser una adaptación de las propuestas actuales del norte global que nos indica cómo relacionarnos libremente. 

Ha sido una alegría para mí, el estar acompañada de mujeres-lesbianas-personas poderosas, admirables y cuestionadoras, con las cuales hemos construido una red diversa donde cuidarnos, a pesar de las dificultades, en la cual compartimos el deseo por tejer formas revolucionarias de amar, que confronten los múltiples sistemas de dominación. 

No creo que exista un principio y un final para mí. Amar libremente y las alternativas a la monogamia -si se quieren asumir desde una apuesta consciente y revolucionaria- vendrían a ser un proceso en espiral, caótico y lleno de relieves como contradicciones. 

Bajo una imponente luna llena de febrero, que todo lo revela, me reafirmo que amar es resistir, y cierro retomando las palabras de Lorena Cabnal en la entrevista que Celeste Mayorga le realizó para RUDA https://rudagt.org/la-sanacion-como-camino-cosmico-politico/   como una invitación a tejer no solo epistemologías sino también relaciones…          “Desde la sanación ancestral y hacerla política. Dialogar cómo sanar las opresiones; cómo sanar la heterosexualidad en los cuerpos (…) sanar nuestras identidades, nuestras corporeidades, cada una con sus tejidos”. 

 

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