Marcelina y la pandemia

Por: Jovanna García
País: Guatemala
25 agosto 2020

Fotografías: Ángel Alcor, hijo de Marcelina.

Marcelina es una mujer mestiza de 82 años. Nació en Quetzaltenango, donde desde niña su mamá le enseñó a cocinar tamalitos. Recuerda que en la niñez se sentaban alrededor del fuego donde se cocinaban los tamales. Su mamá vendía comida, atoles, utilizando las recetas familiares. De niña migraron a la Ciudad de Guatemala, y en su adultez se ha dedicado a hacer comidas tradicionales de Quetzaltenango. Durante un tiempo también vendió comida y atoles como su mamá para obtener algunos ingresos. 

Actualmente vive en la ciudad, pero va constantemente a Santa María Cauqué, Sacatepéquez. “Vivir en la montaña es muy tranquilo, me gusta mucho por el clima. Vengo unos días y luego voy a mi casa en la ciudad. Vivir en la ciudad es una experiencia que funciona mientras se sepa vivir y convivir en tranquilidad.”, dice Marcelina. 

Procedimiento de los tamales. 

Actualmente solo hace tamales para su familia, para sus hijos y nietos. Antes vendía atol de elote y tamalitos de chipilín y de elote cuando sus hijos eran pequeños, como forma de aportar a la economía familiar. 

Cuenta que el procedimiento para elaborar los tamalitos blancos, hay que cocer el maíz, lavarlo bien, llevarlo al molino y hacer la masa. Se envuelven los tamalitos con hoja de milpa. A los tamalitos de chipilín, les agrega manteca vegetal, sal y chipilín, se envuelven en hoja de tusa.  

El atol de elote lo hace con elote amarillo. Se desgrana, se lleva al molino, se cuela con colador de manta y se pone a cocer. Se agrega sal y canela, y cuando hierve se agrega el azúcar. 

Elaboración de tamalitos por Marcelina. Fotografías de Ángel Alcor.

Elaboración de tamalitos por Marcelina. Fotografías de Ángel Alcor.

Hasta el momento no ha tenido familiares cercanos contagiados de covid-19. La mayoría de sus hermanos ya fallecieron, de los cuatro que eran solo ella está viva. Ella tiene 9 hijos y calcula que tiene 25 nietos, además de bisnietos. No obstante, a su edad mantiene una vida muy activa yendo al mercado y a la iglesia. Para ella, que se considera muy religiosa, la pandemia es una prueba para que las personas reflexionen sobre sus acciones, le parece que hay muchos males en el mundo, entre la violencia y las actitudes cotidianas y que hay que reflexionar al respecto. 

Marcelina piensa que debemos cuidarnos, procurar el bienestar y la higiene propia. Considera que estos hábitos los aprendió de niña y así también los enseñó a sus hijos. Si llegara a contagiarse de covid-19, su principal alternativa sería la medicina natural. Hace poco tiempo su hijo se enfermó, no cree que haya sido de covid-19 pero atendió su enfermedad con medicina natural incluyendo jengibre, ajo, canela, cebolla morada y limón. Ella se pregunta por qué las personas han dejado de utilizar la medicina natural, cuando la misma tiene muchos beneficios. 

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