Lo que significó hacer el estudio exploratorio sobre acoso sexual en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC).

Por: Ana Sáenz de Tejada
País: Guatemala
1 julio 2020

A principios del 2018 fui electa como Secretaria de la Comisión de Género de la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Castañeda de León” (AEU), la máxima organización estudiantil de Guatemala. Luego de 17 años de inactividad debido a la cooptación de la AEU por parte de grupos delictivos, creíamos adecuado que existiera una comisión de trabajo encargada exclusivamente de lo que estaba afectando a las estudiantes. En ese entonces yo contaba con un fundamento teórico feminista bastante fuerte. La idea que tenía, como secretaria de género, era hacer distintas actividades para las estudiantes donde pudiéramos discutir los temas que nos afectaban como mujeres, y aprender más sobre feminismo. En realidad, las situaciones que vivían las estudiantes me llevaron por otro rumbo.

 Al poco tiempo de empezar recibimos varias denuncias de estudiantes que querían nuestra ayuda y acompañamiento en casos de acoso sexual que habían sufrido en la Universidad. Junto a la Secretaria General Lenina García, nos hacíamos cargo de estos casos y ayudábamos a las chicas en lo que ellas necesitaban, ya fuera acompañamiento para denunciar o ayuda de otro tipo. Pero eran demasiadas denuncias, casi una por semana, y no me sentía del todo segura de entender lo que significaba sufrir acoso sexual. Esto me llevó a planificar una reunión con el Observatorio de Acoso Callejero (OCAC) para entender que significaba y qué podía hacer al respecto. En esa reunión me explicaron algunas de las acciones que estaban tomando para generar datos sobre el acoso sexual callejero en Guatemala, dentro de las cuales estaba el Mapeo de Acoso Sexual en la ciudad y en el transporte público. Esto lo hacían a través de encuestas respondidas de forma anónima en línea. En ese momento se me ocurrió que hacer un Mapeo de Acoso Sexual en la Universidad sería interesante, así que les pedí ayuda y asesoría para la elaboración del instrumento de encuesta adaptado a la Universidad, específicamente para que fuera respondido por estudiantes.

 Poco más de un día después de haber compartido la encuesta en la página de Facebook de la AEU recibimos más de 100 reportes de personas que la habían contestado. No esperaba que tuviéramos ese nivel de respuesta, y comencé a pensar que tal vez la magnitud del problema del Acoso Sexual en la USAC era más grande de lo que me había imaginado.  Insistí al resto del secretariado de la AEU para que me permitieran usar fondos de nuestro presupuesto para pagarle publicidad a la publicación en Facebook. En menos de 3 meses obtuve 787 reportes de personas, en su gran mayoría mujeres, que habían sido acosadas dentro del campus universitario.

 Cuando entré a la Asociación tenía 19 años, no tenía tanta experiencia sobre cómo se trabaja en una organización, mucho menos sobre cómo liderar una comisión de trabajo. Soy bastante tímida, y, por todas las experiencias en la escuela y la Universidad, prefiero trabajar sola. Así que, a pesar de algunos intentos de integrar a más estudiantes a la Comisión de Género, decidí que yo sola iba a manejar el mapeo. Me dediqué a leer reporte tras reporte, cada pregunta y cada respuesta.

 Hubo muchos momentos en los que ya no quería seguir.

 Sentía mucha rabia por lo que las estudiantes estaban viviendo, pero también sentía mucha impotencia. ¿Qué podía hacer yo por ellas? Lo que hiciera con la confianza e información que las estudiantes me habían proporcionado tenía que cambiar las cosas. Sentía mucha presión. Muchas estudiantes dejaron de estudiar por las situaciones de acoso sexual que sufrían por parte de sus profesores. Yo no entendía cómo era posible que eso pasara (y sigue pasando) en total impunidad. Pero quería cambiarlo.

 Al cerrar la encuesta me dirigí a ONU Mujeres, pues tenía una idea sobre cómo visibilizar la situación de acoso sexual que vivían las estudiantes. Quería hacer una campaña con los porcentajes que obtuve con la encuesta, pero la USAC es gigante y necesitaba ayuda para financiarlo. En esa reunión me felicitaron por el trabajo y dijeron que era una muy buena iniciativa, pero me explicaron que debía hacer un informe de resultados de lo que había descubierto. En ese momento no entendí muy bien por qué eso era necesario, lo que yo quería era que toda la comunidad universitaria se diera cuenta de lo que estaba pasando con las estudiantes. Ellas me dijeron que teníamos que ir más allá, así que acepté. Y empecé a trabajar en la depuración y análisis de la base de datos de la encuesta. En algún momento el informe se transformó en un estudio, y con ayuda de mi profesora de metodología y de ONU Mujeres empecé con la redacción.

Los porcentajes, los datos, las conclusiones que saqué después de haber leído los 787  reportes, todo lo plasmé en ese estudio. Hay muchas cosas que no pude incluir allí, pero que tengo grabadas en la cabeza (creo que siempre lo cargaré conmigo): los testimonios. Como que en arquitectura y medicina los profesores tienen un modus operandi similar para acosar a sus estudiantes; que en Psicología hay un doctor que recibió 12 reportes de diferentes estudiantes que contaron cómo las acosó; que las chicas que contaban sus testimonios también nos agradecían por tomar con seriedad el tema de acoso sexual, que estaban desesperadas y que necesitaban que se hiciera algo. O que muchas dejaron de estudiar porque el profesor que las acosaba era titular, y jamás se iban a poder librar de recibir cursos con él. Incluso las pocas que se animaron a denunciar dijeron que no sirvió de nada. Son cosas que duelen, experiencias de vida que no pudieron quedar plasmadas en el estudio de forma literal.

 Pero lo que sí queda son los datos: las estadísticas que caracterizan a los agresores y a las víctimas, los datos de los lugares donde ocurre el acoso sexual, la frecuencia con que se acosa a las estudiantes y los sentimientos que estas agresiones les generan. Para mí, el aporte más grande que he hecho para la Universidad es generar datos sobre las violencias que viven las estudiantes.

 Meses después de la publicación del Estudio Exploratorio* me he enterado de varias críticas a la “metodología”, al tipo de muestreo que usamos, comentarios de que no es suficientemente “técnico”. Pues, evidentemente, un Estudio Exploratorio siempre puede mejorarse, y yo más que nadie quiere continuar y hacer una investigación más profunda. Pero no voy a negar la importancia de los datos que pude generar. Gracias a esos datos y porcentajes existe una evidencia innegable de que en la USAC hay un grave problema de acoso sexual. Se tuvo alcance nacional en los medios de comunicación cuando se dieron cuenta que quién te acosa es alguien que conoces en la U, probablemente tu profesor. Ahora podemos exigir con más fuerza la implementación de mecanismos para denunciar y sancionar a los acosadores sexuales y que esto incluya a los profesores, porque tenemos evidencia de lo que vivimos en el campus y cómo nos afecta en todas las unidades académicas. Así que, sí. Siempre se puede mejorar. Pero es un primer paso. Claro que la falta de voluntad por parte de las autoridades universitarias (en su mayoría hombres) es un gran impedimento para la aprobación de instrumentos para erradicar el acoso sexual en la Universidad, pero las estudiantes universitarias nos estamos organizando para que esto cambie. Y creo que lo hará. La violencia contra las mujeres en el mundo parece de nunca acabar. Pero no se vale, no está bien. Mi experiencia trabajando el acoso sexual en la USAC me ha hecho decidir que en el futuro quiero trabajar para que ninguna mujer sufra cualquier tipo de violencia, empezando por la que sufrimos las estudiantes.

*Puedes leer el estudio aquí: https://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2019/09/estudio-expliratorio-sobre-acoso-sexual-universidad-de-san-carlos-guatemala

 

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