Dos mujeres ante la covid-19: contrastes y experiencias

Por: Jovanna García
País: Guatemala
16 julio 2020

El 13 de marzo el presidente Alejandro Giammattei, en plena conferencia de prensa, interrumpió la misma atendiendo el teléfono diciendo que se trataba de la llamada que jamás hubiera querido recibir. Le habían confirmado el primer caso de una persona contagiada con covid-19, fue en ese momento que se hizo oficial la entrada del coronavirus a Guatemala.

Según el Ministerio de Salud y Asistencia Social -MSPAS-, hasta el 14 de julio, ha aumentado a 32,074 casos positivos, de los cuales 12,079 son mujeres, es decir el 37.66% de las personas contagiadas. Hasta el sábado 11 de julio, se reportaron 1,221 personas fallecidas por covid-19, de las cuales 301 fueron mujeres; según lo reportado por el MSPAS.

En este conteo no están incluidas las 38 personas fallecidas que el exministro de salud, Hugo Monroy, informó el 5 de junio que no estaban registradas en la base de datos. No se tiene conocimiento de cuántas personas de estas no reportadas eran hombres y mujeres, sin embargo, el MSPAS y la Comisión Presidencial a la Emergencia covid-19 -COPRECOVID- habilitará un tablero con la información actualizada los próximos días. Actualmente el foco de contagio es la Ciudad de Guatemala, pues solo en la ciudad ha habido 21,611 personas contagiadas.

Ser mujer en Guatemala

En medio de lo que sucede en toda la nación por la pandemia, ser mujer en Guatemala es algo que está condicionado por muchas variables, pues no es lo mismo ser una mujer que vive en un área rural, que una que vive en un área urbana. La vida de una mujer que trabaja por cuenta propia con ganancias diarias podría ser diferente a la de otra que trabaja en una empresa bajo planilla, con un salario fijo y prestaciones laborales. No es lo mismo ser soltera, que ser madre, y todas estas condiciones también representan un grado de dificultad distinto para cada mujer en el contexto actual en el que vivimos. Según datos recopilados por el Grupo Guatemalteco de Mujeres –GGM- en el informe “Datos Estadísticos: Muertes Violentas de Mujeres –MVM- y República de Guatemala, actualizado el 30/04/2019”, del año 2000 al 30 de abril de 2020 se registran 12,188 mujeres muertas por violencia; con base al informe “Situación epidemiológica de muerte materna en Guatemala”, de marzo 2019 del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, hubo un incremento del 6% de casos de mortalidad materna en 2019 respeto al año 2018 en los meses de enero y febrero. Los hospitales públicos concentran el mayor número de muertes registradas por maternidad y el 85% de las muertes continúan siendo por causas directas del embarazo; según datos recopilados por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales -ICEFI-, en Guatemala las mujeres reciben en promedio 14% menos ingresos que los hombres, y nunca ha existido una mujer dentro de la directiva del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Industriales y Financieras –CACIF-. Bajo datos estadísticos se muestra la desigualdad social, étnica y territorial que viven las mujeres en muchos contextos, y en ese sentido, en Ruda, mujeres + territorio conversamos con dos mujeres que desde sus posibilidades han tenido que enfrentar a este virus de distintas formas según sus posibilidades.

Dos historias

Carolina es una madre de 36 años, quien desde el 2015 no trabaja debido a distintas complicaciones de salud y operaciones. Vive en la colonia Lo de Rodríguez en zona 18.  “Hace más de 15 días, presenté un dolor en la cara y cuerpo y fui al médico y me dijeron que tenía la presión altísima, entonces me dieron medicamento para controlar la presión, pero a los dos días yo empecé a sentir otros malestares no apropiados a la presión, me dieron fiebres, sentía que no tenía gusto ni olfato, fatiga, no podía respirar. Pasado nueve días llamé a la Muni, pues ahí están dando un número de teléfono para que lo atienda a uno un médico, pero me dijeron que lo que yo tenía dengue”, comentó Carolina.

Las recomendaciones del médico de la municipalidad de la localidad fueron tomar acetaminofén y mantenerse muy hidratada, pero para entonces Carolina tenía nuevos síntomas, como falta de apetito. “Me tuvieron que dar un suero vitaminado porque yo no estaba comiendo, y a los 3 días sentí una fatiga peor y falta de aire, mucha falta de aire, entonces volví llamar a la Muni para que me vinieran a traer, pero la respuesta fue que yo no calificaba para que los bomberos me fueran a traer”, comentó. Además, su hija de 16 años de edad tenía algunos síntomas pero tampoco fue atendida por la municipalidad; también llamaron a las líneas del Estado y fueron ignorados sus llamamientos. “Después que eso pasó, yo estuve tomando tés, a puras aguas naturales, hice gárgaras de sal y bicarbonato, té de jengibre con canela, pimienta y hierbabuena todos los días, y después de una semana me sentí mejorando. Le puedo decir que esto debe estar pasando en muchas comunidades, nos cerraron dos centros de salud, el de Ruta al Atlántico y el de San Rafael, el único que está funcionando es el del Paraíso, pero de nada sirve porque lo regresan a uno y los bomberos ni vienen, hacen caso omiso, creo que solo cuando ya la gente se muere vienen y tarde”, comentó Carolina.

“Por ser líder de Cocode, creo que así fue como me contagié, en la calle. Vivimos ocho personas en mi casa, así también pudo ser. Vivimos mi mamá, mis hijos y mi persona, una de mis hijas me ayuda a veces”, comentó Carolina. Ella piensa que ya tuvo covid-19 debido a distintas exposiciones y por los síntomas a los que se enfrentó, sin embargo, al momento de hablar con ella nos dijo “si ya tuve, también ya se me quitó porque hace una semana yo no podía ni hablar la mitad de lo que le estoy hablando, ni al sanitario podía ir sin cansarme, sentía que no me daba el aire”.

 Otro factor muy importante, que supone un riesgo de contagio muy alto para Carolina, es la falta de agua en su barrio. Comenta que el cloro y el alcohol en gel no les ha faltado, pero ese “lávate las manos constantemente”, no pueden seguirlo por esas razones. “Rodríguez no cuenta con agua potable todos los días, ni cada ocho días a veces, tal vez cada mes o mes y medio, hay personas aquí que llevan más de ocho años sin agua potable a pesar de que tiene conexión de ese servicio y reciben sus recibos de cobro. La tubería ya no está apta para abastecer. Hay ocho sectores con más de 900 casas algunos sectores, y aún así hay quienes deben miles de agua, Q30 mil, Q25 mil, y hay hasta de más. Hay una señora que tiene dos convenios de pago por un recibo de Q35 mil y jamás le ha llegado una gota de agua. Nosotros usamos agua potable porque compramos garrafones y aparte el agua de río que se cura para lavar ropa”, comentó Carolina.

“Luego supe que a un familiar con una situación similar sí lo atendió la Muni, porque él sí calificaba. Mientras que yo estuve con fatiga y sin buena respiración muchos días, él nos contó que fue por cuello que logró entrar a un hospital de gobierno con cama y todo pagando su hisopado en Q4 mil, y esas son cosas que se quedan bajo de agua”, comenta Carolina. Estos sucesos ocurrieron los primeros días del mes de junio.

Valeri es una mujer soltera de 37 años, contadora de una naviera en zona 9 de la Ciudad de Guatemala. Vive en la Colonia Atlántida de zona 18, y desde que se activó la alarma en el país y comenzaron las disposiciones que el gobierno ha colocado por la pandemia, ha podido tomar las precauciones necesarias para protegerse, como el uso de mascarilla, el lavado de manos, distanciamiento social, el uso de alcohol en gel, entre otras precauciones. Sin embargo, debía salir a trabajar pues el puesto que ejerce no puede llevarse desde casa, y fue así como se contagió. “En la oficina tomamos todas las medidas necesarias, distanciamiento, limpieza constante, uso de gel y mascarilla, pero al ser yo alguien que tenía contacto directo con nuestro mensajero, me contagié, pues él salía a diario a cumplir la ruta y llevó el virus a la oficina”, comentó.

Al tener los primeros síntomas de covid-19, Valeri acudió al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social -IGSS-, para someterse a la prueba del hisopado. Por la cercanía a su lugar de trabajo, fue a la sede de zona 9, en donde tuvo que hacer más de 6 horas de cola para ser atendida, “en la cola había gente tosiendo, que se miraba que tenía síntomas más fuertes que los míos y yo no podía evitar pensar que si no tenía covid-19, ahí me estaba yendo a contagiar, porque era demasiada la gente que estaba esperando para ser atendida como yo”, nos comentó.

Después de seis horas de espera, Valeri fue atendida. Nos cuenta que la llevaron a una pequeña oficina en donde le hicieron algunas preguntas para determinar si tenía síntomas de covid-19 o no; le preguntaron si había tenido fiebre, cómo se sentía corporalmente, si tenía tos, dificultad para respirar, entre otras cosas, y luego fue llevada a otro sitio para realizarle el hisopado. Posterior a eso, Valeri estuvo en una sala de espera hasta al menos las 8 de la noche, y ya cansada comenta que empezó a escuchar un diálogo entre une doctora y una enfermera: “- ¿Estos que están aquí se van o se quedan? – No a ellos aún no se les ha avisado. – Hay que avisarles entonces”, y sin ningún tacto, la doctora se acerca a ella y le pregunta: “¿Usted puede pasar aislada en su casa?”, a lo que ella respondió que sí, y luego la misma doctora le dijo: “Bueno, es que usted salió positiva. Aquí está su receta y diagnóstico, puede pasar a farmacia”.

Valeri se sintió atemorizada y muy afectada por la noticia, por lo que decidió no pasar a farmacia y regresar caminando del IGSS hasta la oficina en donde trabaja a eso de las nueve de la noche, pues allí había dejado su vehículo para poder regresar a casa. “El camino se hizo largo para mí, me sentía muy mal y triste. En ese momento lo que piensas es en tu familia, con quienes vivís, pues se sabe que si uno se contagia es un riesgo para las demás personas que viven contigo”, comentó. Afortunadamente, los jefes de Valeri costearon una consulta con un médico privado y los gastos médicos posteriores a esa consulta. El médico, al ya saber que ella era positiva pero no tenía mayores complicaciones, le recetó Ibuprofeno MK de 600 gramos 1 cada 12 horas por 10 días e I. R. S., una cada 8 horas por cinco días, además de mantener una hidratación buena mientras el cuerpo sufre los impactos del virus.

Valeri siguió todas las indicaciones, se aisló en su habitación por 15 días siguiendo la receta, su hermana le llevaba a diario a la puerta de su cuarto su alimentación en platos desechables, los cuales ella iba colocando en una bolsa dentro de su misma habitación. “Gracias a Dios la pasé aquí en mi cuarto, con internet y buena comida, cosa que no hubiera pasado si hubiese tomado el aislamiento en el IGSS”, comentó. A pesar de contar con esas condiciones afortunadas, Valeri comenta que los 15 días fueron muy duros emocionalmente para ella, se sentía inútil y mal por llevar el virus a casa, pues vive con sus sobrinos y hermana, y el hecho de pensar que podía ser alguien que contagiara a su familia, la estaba lastimando mucho. “Lo más duro es eso, lo que significa emocionalmente tener covid-19, da mucho miedo pensar que vas a contagiar a tu familia, y también enoja mucho ver que mucha gente se lo está tomando a la ligera. Yo me contagié siguiendo todas las medidas necesarias y por salir a trabajar, sin embargo, hay gente que no sale por necesidad y eso hace que el virus se propague más. Yo lo que puedo recomendar a la gente es que se cuide, porque esta enfermedad no es un juego”, comentó.

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