El femicidio de Litzy Cordón, un crimen que nunca debió suceder, lleva un año en la impunidad

Por: Regina Pérez
País: Guatemala
9 noviembre 2021
Fotografía: Regina Pérez

Litzy Amelia Cordón Guardado era una joven llena de vida y con muchos sueños por cumplir. Así la describen sus familiares más cercanos y personas que la conocían. La joven vivía en la aldea Barranca Seca, en Teculután, Zacapa, estudiaba en la Universidad, compartía con sus amigas y amigos y atendía la tienda de su abuela paterna. Todo eso cambió el 5 de octubre, cuando fue secuestrada en horas de la mañana, un día después su cuerpo fue encontrado en la aldea Los Puentes, en Teculután, Zacapa.

El secuestro y femicidio de Litzy causó conmoción y despertó una ola de solidaridad en todo el país. Aunque no había sido el único que había sucedido en Teculután, Zacapa, ya que unos días antes, el 28 de septiembre de 2020, había sido asesinada Laura Daniela Hernández, de 22 años, quien tuvo una repercusión mediática fuerte. La familia de Litzy considera que la diferencia fue que ellos alzaron la voz cuando este femicidio ocurrió.

Al exigir justicia de manera pública, “toda la gente que no la conocía, se levantó y pidió justicia por ella” relató un familiar cercano.

Este crimen impactó mucho en el municipio porque no se registraban secuestros como en su caso, “sí han matado a gente, sobre todo a muchachos, una semana antes habían matado a Laura Daniela, una muchacha joven, de la misma edad de Litzy” dijo el familiar. Pero secuestros no, mucho menos en la mañana, refirió.

Las acciones públicas para exigir que su caso no quede en la impunidad, continúan. En marzo de este año, la Municipalidad de Zacapa autorizó que se pintara un mural con la imagen de Litzy y otras víctimas de femicidio, en el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

El pasado 3 de octubre, a un año de este hecho, su familia le realizó un homenaje en la aldea Barranca Seca, en Teculután, Zacapa, en la casa donde ella vivía con su tía Gladys Guardado. La actividad realizada a las 6 de la tarde fue para recordarla pero también para exigir justicia por su femicidio, así como el de todas las mujeres que han sido víctimas de este delito en el país.

Sus parientes reclaman que a un año de su femicidio, solo una persona, su primo Kevin Manolo Rivas Cordón, sea el único detenido. Rivas fue enviado a juicio en junio pasado por los delitos de plagio y secuestro.
Vestidas con playeras blancas y con globos violeta, niñas, mujeres, jóvenes y familias completas acompañaron a la familia de Litzy en un pequeño recorrido que salió de la casa donde ella vivía. Gritaron las consignas “Ni una más” y “Justicia por Litzy” y colocaron velas en un altar que su familia preparó.

Con la voz entrecortada, su padre Edgar Cordón se dirigió a los asistentes, señalando que hicieron el homenaje para exigir justicia, “Sabemos que hay una persona que está en proceso pero sabemos que no pudo cometerlo él solo sino que hay más personas involucradas, pedirles a las autoridades que por favor den con esas personas para que así también ellas puedan ser condenadas y juzgadas”.

Julissa Faviola Ávila Ramírez, quien fue docente de Litzy en la Universidad Rafael Landívar, donde ella estudiaba Trabajo Social, indicó que lo que le sucedió “no debiera suceder nunca más, a ninguna de nuestras hijas, a ninguna de nuestras hermanas, a ninguna de nuestras madres, a ninguna niña, adolescente guatemalteca debería de pasarle algo como lo que le pasó a ella”. Ávila Ramírez le dedicó un poema que ella escribió para ella “Estrella fugaz”.

“Hoy verán vacíos mis rincones y hasta mis redes enmudecerán, pero un coro de vigorosas voces, en nombre de nosotras las ausentes, con ahínco y convicción se levantarán. Sueños truncados, vida arrebatada, como la de muchas otras inocentes, por eso agudiza el dolor de mi gente y crecen las cifras de mujeres asesinadas, quien diría hoy, yo tampoco estaré presente” es parte del poema que recitó, en su memoria.

En 2020, según datos del portal estadístico del Ministerio Público, se registraron 453 víctimas de femicidio y muertes violentas. Esto representa el 1 por ciento de los delitos más denunciados, según el MP. De enero de 2021 a septiembre, el MP reporta 104 muertes violentas de mujeres y 16 femicidios.

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A un año de su femicidio, su familia no asimila su ausencia

A un año de lo sucedido, a sus familiares se les quiebra la voz cuando hablan de ella. Ellos afirman que aún no asimilan ni comprenden el motivo por el cual le hicieron daño, siendo ella “una buena muchacha, ella estudiaba, en la mayoría de sus fotos bien formalita, ella no se merecía lo que le sucedió…ninguno lo merecemos”.

Litzy vivía con su tía en la referida aldea, ya que su madre migró a Estados Unidos cuando ella tenía 3 años, por motivos económicos. Su madre, cuentan, solía enviarle cajas con objetos y ropa que compraba en ese país. Y hablaba con ella todos los días.

La joven también pasaba parte de su tiempo con su abuela paterna. Durante el día acudía a una tienda, propiedad de su abuela y a las 3 de la tarde regresaba a su casa, “eso sí, madrugaba mucho” recuerda un familiar. Esa costumbre se la atribuye a que cuando ella era niña, su abuelo tenía vacas y siembras, “la acostumbraron a levantarse a las 4 de la mañana, a esa hora estaba despierta y se acostaba muy temprano”.
Ella salía tipo 6 de la mañana de su casa a atender la tienda, de lunes a viernes, a las 3 de la tarde regresaba, era su rutina diaria. Los fines de semana acudía a la Universidad Rafael Landívar, donde estudiaba Trabajo Social.

Esta rutina fue la que el MP describió en las audiencias en contra de Rivas Cordón, sobre el día en que fue secuestrada.

Por su parte, su padre, Edgar Cordón, la describe como una joven humilde y sencilla. “Fue sufrida” indica, en referencia a su infancia, por la ausencia de su madre. “Por lo mismo quizás ella decidió seguir esa carrera, porque pretendía ayudar a muchas personas, ese era su sueño, trabajar, por eso siguió esa carrera”.

Él la recuerda como una niña callada, fue hasta después que se empezó a desenvolver y participaba en las actividades del colegio.

Las familias que han sufrido un femicidio llevan un duelo muy fuerte, sobre todo porque cuando se da el hecho, normalmente las mujeres desaparecen por unas horas, dijo Claudia Hernández, directora ejecutiva de Fundación Sobrevivientes, que ha dado acompañamiento a la familia de Litzy. Entonces tienen esa angustia de que no están, no saben si estarán bien y tienen la esperanza de encontrarlas vivas.

“Cuando las encuentran, sobre todo en hechos donde se da mucha saña, tener que irlas a identificar a la morgue es un golpe muy fuerte, cuesta mucho salir de ese duelo en el cual se vive y es por eso que son más susceptibles durante el proceso legal, porque ellos quieren ver que camine y no entienden por qué no se da o por qué no va a prisión, por qué le dan cierta medida” indicó.

Las familias, dijo, están en esa ambivalencia entre el duelo y querer seguir luchando para alcanzar la justicia. La emoción es mayor, hemos tenido experiencias que cuando se logra salir con una sentencia condenatoria, ya sea que pasen cinco años para poder alcanzarla, es cuando las familias sueltan y empieza a verse las secuelas de esa vivencia de duelo, afirmó.

En esa fase, “las familias están cerradas en luchar para hacer justicia y es lo que los mantiene y las levanta, aunque hay momentos en que no mueven nada de la habitación de las víctimas, mantener el recuerdo, siempre está dentro de la conversación, es algo que no pueden olvidar y en los casos donde hay justicia es cuando ya se permiten liberar toda esa emoción” dijo Hernández.

Por otro lado, cuando no se logra la justicia, el duelo sigue muy latente, y sobre todo el sentimiento de que al final se luchó por tanto tiempo y no se alcanzó ese fin.

El largo camino para lograr una condena

Al igual que con otros casos de femicidio que han ocurrido en el país, el caso de Litzy Cordón no ha avanzado mucho en los tribunales.

La captura de Kevin Rivas Cordón fue solo el inicio de la exigencia de justicia por parte de su padre y su tía Gladys Guardado, con quien ella vivía. Aunque saben que no volverán a ver ni a abrazarla, lo que buscan es que los responsables “paguen, que es lo justo”, dicen.

Una de las quejas de la familia allegada a la joven asesinada es que ha existido negligencia por parte del MP en la investigación del caso, específicamente porque ellos sospechan que hay más personas involucradas en su femicidio y que únicamente su primo ha sido capturado.

Edgar Cordón, su padre, ha ido a todas las audiencias que se han realizado en el caso. Incluso se constituyó en querellante adhesivo en el proceso debido a que la familia no estaba de acuerdo con la actuación de la Fiscalía cuando inició el proceso, desde la captura de Rivas, en diciembre de 2020. Según Cordón, ellos están pagando sus propios abogados.

Este año, los familiares solicitaron el cambio de la fiscal que lleva el caso, Maritza Salguero, por situaciones que ocurrieron durante el manejo del caso, “evadieron situaciones que estaban a la vista de ellos y no quisieron incluirlo en el caso” dijo Cordón. De acuerdo con la Fiscalía, la solicitud fue realizada en mayo de 2021, sin embargo de parte del MP respondieron que “se confirmó que la Fiscalía continuará con la investigación del caso”.

Sobre el reclamo de la familia, de que solo haya un detenido, el MP respondió por escrito que la investigación actual del caso solo vincula a Rivas, quien ya se encuentra procesado penalmente.

Rivas Cordón fue ligado a proceso el 4 de enero de 2021 por plagio y/o secuestro y asesinato. Sin embargo, para los parientes de Litzy, existen sospechas de que hay más involucrados detrás de este hecho. “Es lógico, tiene que haber más involucrados, esta persona (el primo de Litzy) ya tiene muchas evidencias, pero él no pudo haber cometido ese cruel asesinato, ese secuestro contra mi hija, sino que tiene que haber más involucrados”, manifestó, en referencia a que Rivas Cordón no puede ser el único autor.

Él dice que pide a Dios que las autoridades lleven a estas personas ante la justicia para que puedan ser juzgados y condenados.

Según el padre de Litzy, durante todo el proceso judicial han ocurrido situaciones que le causan duda, por ejemplo, que en una de las audiencias el acusado no llegó al juzgado porque supuestamente los agentes del Sistema Penitenciario (SP) no lo trasladaron y en otra ocasión fueron sus abogados quienes no acudieron.

Otro desacuerdo es que el acusado está guardando prisión preventiva en el cuartel militar Mariscal Zavala, ubicado en la zona 17 de la ciudad, una cárcel considerada “VIP” ya que es donde guardan prisión empresarios, políticos y otros acusados en casos de alto impacto. “Él es un femicida, un secuestrador, no puede estar gozando de esos beneficios” señala la familia.

Sobre este reclamo, el MP respondió que el resguardo de los privados de la libertad es algo que le compete exclusivamente al Sistema Penitenciario. “La Fiscalía tiene conocimiento que el sindicado guarda prisión en ese centro por orden del juez contralor del caso” indicó.

El único acusado en este caso fue enviado a juicio el pasado 18 de junio. Su juicio probablemente se realice en junio de 2022, dijo el padre de Litzy.

Hernández, directora ejecutiva de la Fundación Sobrevivientes señala que para las familias es difícil comprender los procesos judiciales. El tema legal cuesta mucho comprenderlo si uno no es abogado, y aunque sea abogado si uno no litiga, tampoco ayuda a clarificar algunos procesos, manifestó.

A eso se le suma la mora judicial que tiene el MP, que a su juicio, hace que los procesos se alarguen. Lo que hemos visto en la mayoría de víctimas directas o secundarias es que ellos esperan que, una vez capturado, sea llevado a prisión y vaya a juicio, pero lastimosamente no es así, dijo.

A decir de Hernández, una de las mayores frustraciones en las familias es cuando se empiezan a dar las cancelaciones de audiencia. Ellos no entienden por qué se alarga tanto un proceso si ya habían citado y luego dicen que no, pero lastimosamente dentro del mismo proceso si no está el sindicado, no se puede llevar a cabo la audiencia, dijo. Esta misma situación se repite si no están los abogados o el fiscal que lleva el caso.

La situación que describe la directora de Fundación Sobrevivientes fue lo que ocurrió en las audiencias de Litzy, cuando el SP no trasladó al acusado o cuando no se presentaron sus abogados, lo que llevó a la suspensión de las mismas.

Pero si uno siendo víctima o querellante no se presenta a la audiencia, lo dejan fuera del proceso, indicó Hernández.
Esta lentitud en los procesos provoca desesperación, falta de credibilidad y desconfianza en el sistema de justicia, al pensar que los victimarios están siendo beneficiados. “Pero es parte de ir entendiendo cómo va el proceso y con eso de la mora, con la pandemia, las agendas de los jueces, la espera para llevar a cabo una audiencia se ha alargado todavía más” señaló.

“Nunca pasó por mi mente que ese sería el último día”

Son las seis de la tarde del 3 de octubre y la familia, amigos y vecinos de Litzy se preparan para rendirle un homenaje. En la casa donde ella creció y vivía se han preparado dos altares, uno con una fotografía de ella con la leyenda “Hoy se cumple un año de su partida, seguimos exigiendo justicia. Litzy, no te olvidamos” y otro con un álbum de recuerdos, donde las personas que la conocieron le dejaron mensajes.

“Tengo un recuerdo y un momento el cual está grabado en mi mente y es: Viernes 2 de octubre del 2020. Estabas en la tienda de tu mama Amada, te vi a medio día yo venía en la moto con la Eymi, cuando te vi le dije ‘Mira la Litzy’ y recuerdo muy bien tus palabras ‘Ve y ese milagro que andas afuera y que cargas la moto de tu mamá, que es todo eso. Hoy llueve” y yo te dije, ya vas vos y tu risita no pudo faltar, lo más chistoso que ese día medio calleron gotitas de agua ese día en la noche. Nunca pasó por mi mente que ese sería el último día que te iba a ver. Siempre te llevo en mi mente y en mi corazón”.

“Te escribí un poema para recordarte pero la verdad es que estás todos los días en mi mente, te vi el viernes, sonreíste y nos dijimos “va pue” tu noticia llegó el día lunes, más no la creí, agradezco a Dios y a la vida por permitirme conocerte y estar compartiendo con vos esos meses donde formamos una amistad, ir a la paca, cortarnos las cejas, plancharte el pelo, cocinar mientras te ibas comiendo lo que hacía, un mensaje diciendo “¿Qué haces”?
Ávila Ramírez, quien fue docente de Litzy en la universidad, indicó que “todo mundo la quería” y después de lo que ocurrió todos se quedaron impactados en la Universidad y vieron como la comunidad de Teculután se volcó en solidaridad con la familia. Ella considera que el hecho de que la comunidad alzara la voz fue una forma de presión para las autoridades para que actuaran pronto.

La docente señaló que Guatemala tiene la obligación de respetar y garantizar los derechos de las mujeres, a quienes se les cosifica y maltrata, física, psicológica y sexualmente.

“Nosotros como sociedad guatemalteca tenemos una responsabilidad también, como sociedad tenemos que alzar la voz, seguir clamando justicia, pedir que esto ya no vuelva a pasar, porque ellos son los dolidos, pero esto puede pasar en nuestras familias y eso no debe de suceder más”, dijo.

A un año de su femicidio y ante la falta de justicia, el padre de Litzy indicó que la ausencia de su hija les afecta cada día. “La ausencia de ella, pesa cada día más, porque era una niña que ganó el corazón de todos, por lo mismo, la ausencia de ella, cada amanecer, cada noche, pesa más” dijo Cordón, quien pide a los jueces que lo condenen por los delitos de los que está acusado.

Para su familia “Ella está en un mejor lugar, algún día nos vamos a volver a ver, pero queremos justicia porque hay muchas niñas más, hermanas, vecinas, primas, sobrinas y estas personas están ahí en la calle, sueltas”.

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