El camino al plebiscito en Chile: un estallido social iniciado por las estudiantes

Por: Andrea Rodríguez
País: Guatemala
27 octubre 2020

“No son 30 pesos, son 30 años” se decía en los ciclos de protesta que caracterizaron los últimos meses del 2019 y primeros del 2020 en Chile. Las estudiantes de educación media habían rechazado el aumento de 30 pesos al pasaje del metro, y se manifestaron llamando a una “evasión masiva”. La fuerte represión hacia las juventudes dentro de las estaciones de metro, la suspensión del servicio y la indignación acumulada movilizaron a la población que desde el 18 de octubre salió a las calles denunciando a toda una historia de políticas económicas de privatización. Las pensiones indignas, el alto costo de la educación, la desigualdad, una constitución impuesta en la dictadura de Pinochet, develaron la realidad de un país que se consideraba ejemplo de riqueza y estabilidad. Entre la exigencia de la renuncia del presidente Sebastián Piñera y la reelaboración de la constitución, se logró acordar la realización de una convención constituyente para la redacción de una nueva carta magna. 

El estallido social 

“Evasión masiva” fue la convocatoria de las estudiantes ante el aumento al pasaje de metro. Con ello inicia la acción de saltarse los torniquetes en rechazo a este cobro que afectaba la economía ya precarizada de las familias. “La mayoría de las estudiantes que hicieron el salto al torniquete, quienes lo organizaron y coordinaron fueron mujeres”, menciona la estudiante guatemalteca-chilena Ana Saénz. Esto responde a que los movimientos estudiantiles han sido también liderados por mujeres, desde el nivel secundario hasta el universitario.  

El movimiento estudiantil chileno ha sido impulsor de distintas protestas por la privatización de la educación. De acuerdo con Ana, “en Chile la educación está totalmente privatizada. Sea pública o privada, la educación es muy cara”. En cada movilización, el movimiento estudiantil ha encontrado represión.  

En las convocatorias al salto al torniquete, la violencia con la que las fuerzas de carabineros respondieron a las y los estudiantes, en su mayoría mujeres, “les colmó la paciencia a los adultos, porque sabían que los estudiantes estaban protestando por algo que era válido, que no solo era por ellas sino por sus familias”. 

La distancia entre la ciudadanía y el gobierno se hizo evidente. A los cacerolazos de la gente, y la respuesta del segundo fue la represión y la violencia. A los días de protestas, carabineros y militares dispararon contra la población, abusaron sexualmente de las mujeres y agredieron a cientos de personas, dejando a 283 con ceguera total o parcial por impactos de balines en los ojos. La CIDH registró 26 muertes y más de 12mil personas heridas. 

La ciudadanía rebautizó la Plaza Italia como “Plaza de la Dignidad”, donde se alzó la bandera del pueblo mapuche. El gobierno declaró estado de emergencia y toques de queda, que las personas manifestantes recibieron con cuentas regresivas en la calle y cacerolazos. Ante la información falsa difundida por la primera dama Cecilia Morel, hubo más organización e indignación. El presidente llegó a declarar “estamos en guerra”, mientras la población gritaba “Piñera, cobarde, tus manos tienen sangre”. 

Las movilizaciones duraron muchas semanas, y al primer mes se percibían las muestras de un sentido de comunidad entre los barrios. En plazas, universidades y barrios se realizaron asambleas de periodistas feministas, trabajadores campesinos, vecindades, así como talleres con infancias. Una niña en las manifestaciones explicó sus motivos para asistir: “Vine a la marcha porque los niños acá tenemos una educación gratuita que es mala. Y los niños en las comunas tienen una mejor educación porque tienen que pagarla”. 

Esta serie de asambleas y reuniones se sistematizaron en peticiones y demandas, de las cuales se tomó como máxima la necesidad de reescribir la constitución para reformular los pactos sociales y eliminar el lastre de la dictadura pinochetista. Surge el reclamo por la asamblea constituyente.   

En noviembre de 2019 también se difunde mundialmente el performance de Las Tesis “Un violador en tu camino”, donde se denuncia la cultura de violencia sexual y la impunidad que encuentran estos casos, así como un mensaje de solidaridad entre mujeres quitándoles le culpa de la agresión. En este se hacía referencia a los policías, el presidente y los jueces como actores que ejercen, legitiman y reproducen la violencia sexual. En el performance también se realizan sentadillas en referencia a los castigos que los carabineros le imponían a las manifestantes.  

El camino al plebiscito 

Ante la presión social, el gobierno y los partidos políticos se vieron forzados a aceptar la posibilidad de cambio para la constitución. Se definió que en el mes de abril de 2020 se realizaría el plebiscito para votar a favor o en contra de cambiar la constitución, así como para el mecanismo de elaboración.  

“Yo pensé que me iba a morir sin ver que la constitución de Pinochet se sacara. Era casi imposible de pensar porque tenía tantos amarres legales y constitucionales. La posibilidad se abrió gracias a las movilizaciones. Se generó un ambiente donde la gente vio que era posible y necesario cambiar la constitución”, comenta Marisol Garcés, ciudadana chilena residente de Guatemala.  

Ante la pandemia de covid-19, el plebiscito de pospuso hasta el 25 de octubre de 2020. Las boletas contenían dos preguntas: ¿Quiere usted una Nueva Constitución?  Apruebo/Rechazo; ¿Qué tipo de órgano debiera redactar la Nueva Constitución? Convención mixta constitucional / Convención constitucional. La convención mixta implica la conformación en partes iguales por personas elegidas popularmente y parlamentarias, la convención constitucional es exclusivamente por voto popular. 

Aunque el inicio del estallido social estuvo protagonizado por las estudiantes de secundaria, ellas no podrían participar del plebiscito si no eran mayores de edad. Sin embargo, esto no impidió la participación de jóvenes como Sofía, de 17 años, que apoyó el proceso obsequiando lápices a quienes lo necesitaran para votar: 

También, se conocieron voces de mujeres mapuches como Nancy, que al preguntarle qué esperaba de la votación respondió “espero un país mejor para ti, para mis nietas que están por venir. Basta de abuso de poder en todas las cosas, espero un país para los mapuches como yo. Quiero que seamos respetadas”.  

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Los resultados fueron abrumadoramente mayoritarios para el “apruebo”, con 78,27% de votos. También ganó la opción de la convención constitucional con 78,99% de los votos. Con ello se abre la posibilidad de democratizar Chile, como menciona Marisol “botar la constitución de Pinochet no solo es algo simbólico, que también lo es, pero también te permite construir un modelo de país distinto porque, la constitución amarraba todo lo que la dictadura dejó como herencia al país: las privatizaciones, el racismo institucionalizado hacia los pueblos indígenas, los privilegios frente al bien común”. 

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