Cuatro mujeres, una misma resistencia: visibilizar su existencia

Por: Jovanna García
País: Guatemala
29 junio 2020
Fotografía: Ruda

Con fuertes protestas en las calles, gobiernos incompetentes, una pandemia mundial y una crisis de salud, este mes de junio no será posible celebrar el Día Internacional del Orgullo como en los últimos años se ha estado haciendo en Abya Yala, deberá ser de una forma un tanto atípica por las restricciones derivadas de la pandemia, sin embargo en el marco de todo esto que sucede en el territorio, en Ruda, mujeres + territorio conmemoramos la lucha de toda la diversidad con algunas de las voces de mujeres dentro del movimiento LGBTIQ, mujeres que encontraron su propio sentido de orgullo nombrando en voz alta su existencia dentro de la sociedad, reivindicándose políticamente en los espacios que decidieron asumir a lo largo de su vida.

Stonewall Inn y Marsha P. Johnson

Foto: Internet

El Stonewall Inn era un bar clandestino del que mucho se hablaba en Greenwich Village en New York, donde se reunían a finales de los 60 personas de la diversidad, sin embargo en ese entonces cualquier persona no heterosexual podría incluso ser encarcelada por el simple hecho de amar a alguien de su mismo sexo, vestir como alguien del sexo contrario, entre otras razones que mostraran su identidad. La policía local solía hacer redadas en lugares donde sabían que podían encontrar a gente de la comunidad LGBTIQ y por ello, acudieron a Stonewall Inn, sin embargo se encontraron con casi 200 personas en resistencia en el bar, entre ellas, Marsha P. Johnson. 

A pesar de que este es un suceso que ocurrió en Estados Unidos, es importante recalcar que han sido distintas las luchas que a lo largo de los años se han dado en distintos puntos de la región, pues las personas no heteronormadas han sufrido abuso y discriminación, tanto por su identidad de género como por su etnia y color de piel, como la activista Marsha Johnson. Fue una activista afroamericana y drag queen, que también estuvo presente en las protestas en Stonewall Inn, lo que quiere decir que es una de las pioneras del movimiento por los  derechos LGBTIQ y de la desigualdad en la sociedad.

Marsha nació en Nueva Jersey en 1945 identificada como hombre: Malcolm Michaels, a lo largo de su vida y desde muy pequeña comenzó a identificarse como mujer, llevando vestidos en vez de pantalones, por lo que desde niña tuvo problemas de rechazo dentro de la sociedad, en su adolescencia fue violada por un adolescente y a raíz de otros momentos duros de su vida, decidió dejar su casa e irse a vivir a Nueva York, donde comenzó a trabajar como camarera. Fue en Nueva York donde tuvo la oportunidad de encontrar su propio sentido del orgullo y nombrarse a ella misma como mujer trans de nombre Marsha P. Johnson, y poco a poco comenzó a draguearse y presentarse en distintos bares y teatros dando shows. Marsha fue una de las primeras drag queens en presentarse y frecuentar el Stonewall Inn, y la noche del viernes 27 al sábado 28 de junio de 1969 dió lugar a la liberación de la comunidad, pues ante la represión policial, distintas personas y grupos activistas pedían libertad para las personas de la diversidad sexual, por ello el 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo.

Después de estos sucesos que rodearon el levantamiento de la comunidad LGBTIQ, Marsha y la activista latina Sylvia Rivera fundaron la organización STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries), en donde atendían a los miembros más vulnerables de la comunidad, sobre todo a los migrantes, latinos, afrodescendientes y prostitutas. También fundó STAR House, un refugio para jóvenes de la comunidad, se hizo parte de Hot Peaches, una compañía de drag queens, entre otros acontecimientos como su integración al movimiento ACT UP (Aids Coalition to Unleash Power, que buscaba la visibilización del VIH Sida y legislaciones a favor de los portadores del virus, sin embargo el 6 de julio de 1992 fue encontrada muerta en el Río Hudson, lo cual fue registrado por la policía como un suicidio, lo cual nunca se supo y por ello el caso sigue abierto.

El posible transfemicidio de Marsha dejó abiertas muchas incógnitas dentro de la historia del movimiento, y a lo largo de los años, los asesinatos a personas de la comunidad LGBTIQ han sucedido con relación a eso mismo, su identidad de género. Según DW.com en una nota del 09 agosto de 2019, entre enero de 2014 y junio de 2019, han sido asesinadas por su identidad de género al menos 1,300 personas de la comunidad LGBTIQ y el documento denominado “El prejuicio no conoce fronteras”, contabiliza 1,292 homicidios en nueve países de la región. La mayoría de las víctimas son hombres gays y mujeres trans con edades entre los 18 y 25 años.

“La Maciste” y sus contradicciones

Fotos: Internet

Hasta nuestros días, ser una mujer lesbiana, trans, o no binaria ha sido toda una batalla en Abya Yala, y uno de los personajes que reflejan esto en Guatemala, es “La Maciste.” La historia política de Guatemala está tocada por la guerra, por el fascismo y la militarización de los gobiernos, sin embargo entender nuestro pasado es indispensable para contrastarlo con los sucesos del presente, y así, lograr que esos acontecimientos se queden precisamente ahí, en el pasado. 

María Julia Quiñonez Ydígoras nació en Retalhuleu en 1902 y murió en la Ciudad de Guatemala en 1962, según el Diccionario histórico biográfico de Guatemala. Su identidad estuvo siempre caracterizada por ser una mujer masculina, de ahí su apodo “La Maciste”, con estatura de casi dos metros y portando unas botas de militar, según el artículo de Juan Carlos Lemus (2016) “La Máter Dolorosa / La Maciste en el país de las maravillas.” Al vivir en una tierra llena de machismo y sin apertura a la libertad de identificarse como parte de la comunidad LGBTIQ, María Julia fue un personaje lleno de contradicciones entre su opresión sexual, pues era parte del grupo de personas oprimidas en un sistema patriarcal heterosexual, pero perteneció también a la clase dominante del país, como lo son los militares, al tener el poder político al que tuvo acceso debido a que su abuelo materno la relacionó con el dictador, Jorge Ubico al quejarse de ella con la autoridad departamental de Retalhuleu. Para ese momento, La Maciste no tuvo problemas con enfrentar con una actitud firme al entonces dictador, lo cual le dio la oportunidad de agradarle y luego convertirse en su mano derecha. (Lemus, 2016)

Según el Diccionario histórico biográfico de Guatemala, fue parte de las campañas presidenciales de Ubico, Jefa de Compras y Suministros de todas las dependencias del Estado cuando Ubico llegó al poder y aunque se trata de una información no confirmada y de la que muy poco se sabe, también se dice que La Maciste le “conseguía mujeres” a Ubico (Lemus, 2016). También, según Lemus (2016), era nombrada por muchos como la Coronela o la Caballón de Ubico; y aunque ella lo sabía, no había quién se atreviera a decírselo de frente. Algo que retrata a Quiñónez en la historia de las mujeres lesbianas y con una identidad masculina en la historia de la comunidad LGBTIQ, es que fue la primera mujer en ser Ministra de Educación durante el gobierno de su primo, Miguel Ydígoras Fuentes. Sin embargo, de acuerdo con Dávila (2019) en el artículo Hurgar la historia: encontrar la contradicción (I), solo duró cuatro días en el cargo (31 de enero – 4 de febrero de 1959), “pues el movimiento estudiantil y magisterial de ese entonces, se opuso a que asumiera el cargo por su aspecto masculino”. 

Ser “machorra” para María Julia Quiñónez Ydígoras fue una cuestión difícil de afrontar, pues a pesar de ser visiblemente una mujer lesbiana tuvo incluso un matrimonio y un hijo de ese mismo, Boris Arévalo,  aunque se divorció. La Maciste murió en 1962 de cáncer, sin embargo su resistencia fue estar en el poder siendo una mujer visiblemente no heteronormada. La Maciste incomodó incluso a quienes estaban en el poder, atemorizaba con su aspecto y ello le permitió evitar los posible crímenes de odio de los que pudo ser víctima por no ser lo que en un sistema patriarcal se denomina como normal. A pesar de ser alguien con contradicciones fuertes entre lo personal y lo político, es una figura “ancestral ladina y lésbica” que habitó en Guatemala. (Dávila, 2019)

Sandra Morán y el Congreso

Foto: Bancada Convergencia

Sandra Morán Reyes, es una política lesbiana y activista feminista que ha luchado de forma incansable por los derechos LGBTIQ en Guatemala. Fue parte del movimiento estudiantil normalista del Instituto Normal Centro América (INCA) y con 18 años entró a estudiar Ciencias Económicas en la Universidad de San Carlos, luego también en semiclandestinidad fue parte del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). Vivió en el exilio en México desde el 81, y luego en Nicaragua y Canadá hasta el 94, y durante esos años siguió los movimientos sociales de Guatemala a través de un grupo de música revolucionaria de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), Kin Lalat, Kin significa “nosotros haciendo algo”, y lalat “sonido agradable”, en k’iche’. En el 94, al volver a Guatemala, Sandra Morán se integró al Sector de Mujeres de la Asamble de la Mujer a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, y más adelante fue coordinadora del Foro de la Mujer. A lo largo de los años, Morán ha sido parte de distintos movimientos feministas y lésbicos como, “Mujeres Somos”, “Colectivo Artesana”, entre otros. Fue en 2016 cuando Sandra es la primera mujer que se nombra con sentido de orgullo como feminista y lesbiana, que entra al poder legislativo en el Congreso de la República de Guatemala. 

Que Morán haya llegado al legislativo, significa mucho para el movimiento LGTBIQ en el país, sobre todo porque en un país como Guatemala, según las encuestas publicadas por Colectivo Amigos Contra el Sida en 2012, en nuestro país el 72% de la población que es parte de la comunidad diversa ha sido víctima de violaciones a múltiples derechos en salud, trabajo y educación. En Ruda, conversamos con Sandra para conocer un poco más ella, siendo la protagonista de su vida como activista, mujer feminista y lesbiana. 

Para Sandra, la raíz de esta fecha es una lucha de dignidad contra la policía por la persecución de las personas de la comunidad, que iniciaron mujeres latinas, lesbianas, negras y trans, lo cual no se conoce mucho en la historia, pero así fue. Al hablar de esto, le pregunto a Sandra, cuál considera que es la diferencia entre la lucha de las mujeres en la comunidad LGTBIQ y la de los hombres de la comunidad. “La fuerza del patriarcado, está presente incluso en la comunidad y a las mujeres nos afecta el hecho mismo de ser mujeres, porque significa estar en una posición distinta. Aunque ahora somos pocas mujeres organizadas, hay más, y creo que los hombres gays se han logrado organizar mejor, al igual que las mujeres trans, pero las mujeres lesbianas no. No he logrado entender por qué no nos organizamos así de fuerte. Sin embargo creo que hay mayor control, mayor represión para las mujeres en general hay control desde las familias por ejemplo, pero a las lesbianas hay uno mayor.”

Sandra, también nos contó un poco sobre cómo fue para ella ser una mujer lesbiana, la primera cabe resaltar, en llegar al congreso. Ser primera implicó mucha responsabilidad, para ella, porque cuando como mujeres llegamos a un determinado lugar, debemos demostrar que hacemos las cosas bien, “siendo la primera en la historia, tenía que dejar una buen camino abierto, y es una responsabilidad gigantesca y afortunadamente lo logré. Hay un respeto hacia mi persona en el Congreso, incluso los trabajadores cuando me fui, me llegaron a hablar poniéndose a las órdenes conmigo y que me respetaban y agradecían mi trabajo.” El paso de Sandra por el legislativo dejó muchas brechas abiertas, sin embargo tuvo que enfrentar campañas y manifestaciones de odio que tenían que ver con su identidad de género y su orientación sexual, “la primera campaña fue en CitizenGo de España, que es la plataforma que usan los antiderechos. Era en contra mía para que yo no fuera la presidenta del foro de diputadas y el argumento era que yo no era suficientemente mujer para representar a las diputadas, lo cual era directamente relacionado con mi identidad sexual.

Actualmente Sandra, después de salir del congreso, regresó a los movimientos sociales de mujeres y feministas con varias mujeres, y es parte de su propio colectivo “Colectivo de Poder Constituyente”, junto con otras mujeres activistas, que inició en 2019; la intención del mismo es para tener propuestas elaboradas para un momento en donde pueda ser convocada una sociedad nacional constituyente o como ahora, que se están hablando de reformas constitucionales. Sandra sigue en la lucha por los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ no solo en la sociedad, sino a nivel constitucional como lo han logrado otras naciones. También está trabajando en la coordinación de la construcción de una Escuela Internacional Feminista. Sandra menciona que su fuerza es su compromiso con la vida, “no es el trabajo en una organización u otra lo que me da fuerza, es mi compromiso de contribuir en lo que yo pueda en la vida de todas las personas en el aval de derechos.”, comenta.

Ochy Curiel y la academia

Foto: Pikara Magazine

“Soy una activista feminista lesbiana porque es el feminismo el que me da la visión política de mi lesbianismo. Mi lesbianismo es políticamente feminista porque no es solo sexual, sino, como dice Adrianne Rich, es un continuum lesbiano: un acto político continuo que busca crear mundo de y entre mujeres. El feminismo me da las herramientas para intervenir políticamente como lesbiana. Es desde esta ubicación de feminista lesbiana que intervengo en los movimientos lésbico y de mujeres afrolatinoamericanas y afrocaribeñas.” así se define Ochy Curiel. 

Rosa Ynés Curiel Pichardo nació en República Dominicana el 15 de marzo de 1963, es una de las más grandes teóricas en toda Abya Yala sobre feminismo lésbico latinoamericano y caribeño, además también es antropóloga social y cantautora. Ha sido parte de distintos movimientos, fundadora del Grupo Latinoamericano de Estudio, Formación y Acción Feminista (GLEFAS), integrante del Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género (GIEG) de la Universidad Nacional de Colombia, y parte del movimiento feminista en Bogotá “La Tremenda Revoltosa”.

Ochy Curiel se caracteriza por siempre haber fomentado un feminismo activo, que sale incluso de la academia, de la Universidad y que toma parte en las calles y en las luchas cotidianas. El objetivo principal es la transformación social: “transformación social no es reforma, transformación social no es inclusión, transformación social es acabar con las desigualdades, todas las desigualdades.”

Para ella, la academia es el espacio para fomentar y desarrollar el pensamiento crítico, pero no uno donde se dé un proceso real de descolonización y por ende, de emancipación, pues considera que el conocimiento no puede circular solamente en la academia, porque hay una responsabilidad de hacerlo circular en todos los espacios que nos sea posible. 

Su perspectiva feminista se compone de elementos coexistentes y en permanente relación: la teoría postcolonial y el feminismo. “Yo siempre he dicho que, de hecho, un proceso de descolonización significa reconocer las teorías que salen de las prácticas políticas. Y quiero empezar planteando este primer elemento que me parece muy importante, como un centro que cuestiona la relación saber-poder. La mayoría de los conocimientos a los que hemos tenido acceso fundamentalmente en el feminismo a partir de nuestras primera y segunda ola tuvieron como referencia las teorías europeas, y posteriormente, norteamericanas. Sin embargo, desde las prácticas políticas también se han producido muchísimos conocimientos, sobre todo en nuestro contexto de América latina y el Caribe, que luego se convierten también en teorías y esto tiene mucho que ver precisamente con la teoría postcolonial y la teoría descolonial y quiero hacer una diferencia entre las dos.”, dice una entrevista con Mónica Cejas de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Curiel llegó a Colombia en 2006 y empezó a interactuar con la academia colombiana en la Universidad de Colombia, la más importante del país, donde hay muchas propuestas y expresiones del pensamiento crítico. “Como espacio académico, es uno que articula mucho el pensamiento contrahegemónico tanto desde grupos estudiantiles, como de también desde la docencia y la investigación. No es casual que en estos momentos la mayoría de los grupos feministas más críticos salen de la Universidad Nacional. Entonces, por eso me interesó la Universidad Nacional. En la Escuela de Estudios de Género me ofrecieron primero docencia con dos cursos centrales que yo doy: Racismo y Patriarcado, y el otro: Teoría lésbico-feminista, que tienen mucho éxito, sobre todo el lésbico-feminista que es el primero que ofrecí, y luego me ofrecen la coordinación curricular de los postgrados en Estudios de Género (maestría y especialización), y hasta ahora estoy ahí, impulsando en la medida de lo posible un pensamiento crítico, porque yo no me trago el cuento de que en las universidades se hacen revoluciones, por más pensamiento crítico que haya, pues al final son instituciones.”, dijo en la misma entrevista.

Curiel como teórica, define a la heterosexualidad como un régimen político hegemónico que afecta a todas las relaciones sociales, y por ello declararse y actuar desde el lesbianismo feminista atenta contra esta normativa, lo cual es su mera resistencia, tanto en la práctica sexual como en la práctica política, ya que considera que llegar a ese punto, le otorga cierta independencia de las mujeres en muchos órdenes, cuestionando la sexualidad legitimada, atentando a la dependencia económica en las familias nucleares y en el matrimonio heterosexual y saliendo de sus lógicas. Ser lesbiana es un acto subversivo de por sí. 

*Fe de erratas
En la primera entrega de este artículo, publicada el 29 de junio de 2020, debido a errores de edición no se habían colocado correcciones sobre las citas correspondientes a: Dávila, N. (2019), Lemus, J. (2016) y Suárez, A. (2012) referentes a la historia de vida de María Julia Quiñónez Ydígoras. En esta segunda entrega se coloca la versión final y corregida donde se han agregado las citas correspondientes así como las referencias a continuación. 
Referencias:
Untorelli Press. (s. f.). Street Transvestite Action Revolutionaries. Recuperado el 22 de junio de 2020 de: https://untorellipress.noblogs.org/files/2011/12/STAR.pdf 
DW.org. (2019). Latinoamérica: 1.292 personas LGTBI han sido asesinadas desde 2014. Recuperado el 25 de junio de 2020 de: https://www.dw.com/es/latinoam%C3%A9rica-1292-personas-lgtbi-han-sido-asesinadas-desde-2014/a-49958089
(s. a.) (s. f.) María Julia Quiñónez Ydígoras. Wikiguate. Recuperado de: https://wikiguate.com.gt/maria-julia-quinonez-ydigoras/
Dávila, N. (2019) Hurgar la historia: encontrar la contradicción (I). Recuperado el 26 de junio de 2020 de:  https://queerpoeticas.wixsite.com/queerpoeticas/hurgar-la-historia 
Suárez, A. (2012). Ubico y las mujeres. Recuperado el 24 de junio de 2020 de: https://www.plazapublica.com.gt/content/ubico-y-las-mujeres 
Fundación Asociación de Amigos del País. (2004). Diccionario histórico biográfico de Guatemala. p. 763. Recuperado el 27 de junio de 2020 de: http://www.fundacionhcg.org/libros/dhbg/#p=781 
Lemus, J. (2016). La Máter Dolorosa/ La Maciste en el país de las maravillas/Personajes chapines. Recuperado el 26 de junio de 2020 de: http://cabalgarticulos.blogspot.com/2016/08/la-mater-dolorosa-la-maciste-en-el-pais.html
Gamazo, C. (2015). Sandra Morán, una feminista en el Congreso. Recuperado el 23 de junio de 2020 de: https://www.plazapublica.com.gt/content/sandra-moran-una-feminista-en-el-congreso
Cardoza, M. (2004). Ochy Curiel: El movimiento lésbico feminista necesita redefinir sus políticas y retomar su radicalidad. Rebelion.org. Recuperado el 24 de junio de 2020 de: https://rebelion.org/ochy-curiel-el-movimiento-lesbico-feminista-necesita-redefinir-sus-politicas-y-retomar-su-radicalidad/
Cejas, M. (2011). “Desde la Experiencia”. Entrevista a Ochy Curiel. Recuperado el 25 de junio de 2020 de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632011000300009

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