Consejos psi y confusión: reflexiones desde y en torno al aislamiento

Por: Dafna Alfie y Agustina Piñón
País: Argentina
30 marzo 2020
Fotografía: Sol Avena

Pasó una semana desde que el presidente Alberto Fernández decretó la cuarentena obligatoria como medida preventiva frente a la pandemia de coronavirus COVID-19. Desde ese momento, las redes sociales explotaron con videos live en Instagram, cadenas de solidaridad, ofrecimientos de asistencias en salud mental en sentido amplio: clases de todo tipo de actividad física on line, cocinerxs compartiendo recetas con lo que hay en la heladera, astrólogues, tarotistas, listas de series, peliculas, libros, etc.

La enumeración es interminable. Una lectura posible de este fenómenos se relaciona con la potencia que surge incluso en situaciones críticas: generar estrategias colectivas para mitigar el aislamiento, reforzar lazos comunitarios, contrarrestar lógicas individualistas y solidarizarse ante la adversidad. El reverso de esta interpretación evidencia miedos y ansiedades vinculadas al aislamiento, en la soledad de nuestras casas, que mueven esa producción.

Desde una mirada de tono psicoanalítico, estos fenómenos son decodificados como respuestas disciplinarias que se orientan a “tapar” o negar la angustia, acordes con el modelo productivo del mercado. También esta teoría quizás encuentre a los consejos de cuidados de salud mental como ingenuos o disciplinarios, en torno a una crítica general a los modelos de “autoayuda” como forma de alienar a lxs sujetxs.

Sin embargo, desde nuestra experiencia como trabajadoras del campo de la salud mental en contextos de emergencias humanitarias, de guerra, epidemias y extrema pobreza consideramos que los mensajes claros, prácticos, los objetivos a corto plazo y realizables ayudan a minimizar el sufrimiento, a mantener la calma y la sensación de orden en un escenario que se presenta como adverso, caótico y, en este caso, con narrativas apocalípticas.

En este contexto, la psicoterapia del trauma ofrece como recomendación cuatro principios básicos de protección psicológica para la cuarentena:

  1. No perder la comunicación y la relación con lxs otrxs

Recordar que aislamiento no es sinónimo de pérdida de contacto con les otres. Es importante hacer uso de las tecnologías disponibles para mantener activa la comunicación con nuestras redes socio afectivas. Claro que el acceso a las redes o apps no son universales por lo que habrá muchas personas a las que el aislamiento les redoble la apuesta. En esos casos tal vez sea necesario recuperar las llamadas de línea o la comunicación entre balcones, mediante aplausos u otras líneas de fuga que seguramente se seguirán creando para generar o mantener los lazos sociales.

  1. Diseñar y mantener las actividades y las rutinas

Establecer rutinas, delimitar el horario de trabajo, si es posible el lugar donde se trabaja, realizar actividades recreativas, de relajación, no descuidar la higiene y el aseo.

Ante esto, cabe subrayar que existen desde la publicidad o desde los mismos mandatos internos, la expectativa de “aprovechar esta crisis como una oportunidad”, lo cual instala la presión de tener que ser productivx, de no parar aunque se esté dentro la casa. De este modo, las expectativas, que en un principio pueden funcionar como motivación, pueden convertirse  rápidamente en imperativos que cuando no se llevan a cabo generan frustración y/o culpa.

El paso siguiente a la organización es saber que puede fallar, o más bien, que seguramente va a fallar y que el ejercicio es ser flexibles con nuestros propios esquemas y estrategias. En conclusión, a estas expectativas productivistas, desde ya, las vetamos: la realidad es que en este contexto, vamos todes a hacer lo que podamos.

  1. Acotar la información sobre la situación

La pandemia y el COVID 19 es el tema central y transversal a todos los medios de comunicación. La actualización de la expansión del virus y de las personas que fallecen es constante. Por eso resulta necesario acotar los tiempos en que nos informamos, elegir medios afines y tener presente que el exceso de información incrementa niveles de ansiedad, miedo, paranoia o incluso sensaciones de desesperación.

  1. Encontrar narrativas de resiliencia

¿De qué manera se pueden narrar las experiencias vitales de afrontamiento de la adversidad? Hablamos de situaciones límites: personas que se encuentran pasando la cuarentena solas y que vivencian la necesidad del contacto físico, la insuficiencia de las videollamadas, es decir, el límite de lo virtual, familias con niñes o adultes mayores a cargo, personas que no tienen ingresos, y algunas que no tienen hogar.

La resiliencia busca desplegar capacidad de agenciamiento y potencia acciones personales, comunitarias y colectivas que inciden en la reconstrucción del tejido social y sus transformaciones. En este sentido operan los aplausos a las 21 horas, las redes de apoyo y las medidas gubernamentales de asistencia. En el mismo sentido operan también acciones como la creatividad desplegada en el interior de nuestros hogares para afrontar la falta de contacto, la irritabilidad, el tedio, la tristeza, el miedo y la infinidad de emociones que esta situación nos genera.

En el contexto actual, toda la población está expuesta a presentar al menos signos sino síntomas “esperables” a la situación: ansiedad, angustia, alguna reacción depresiva, respuestas fóbicas. La psicología también hace “vigilancia de salud”,  una mala traducción para decir que la salud mental tiene sus propias curvas de respuestas esperables. Entonces, lo que sentimos es “normal”. Es decir, son síntomas esperables ante una situación atípica, o normales ante eventos “anormales”.

En esta situación, hacer lo que se pueda con los recursos disponibles para cuidarnos a nosotrxs mismxs y a lxs otrxs va a ser suficiente. Si no aparece la creatividad, puede ser útil recordar cómo resolvimos anteriormente cualquier situación difícil de la vida, o cómo lo hizo alguien conocidx. Se puede pedir ayuda y también se puede ayudar porque así como la media de la población puede estar afectada por la pandemia, los grupos vulnerables —niñxs, mujeres en situación de  violencia, adultxs mayores, personas con discapacidad o con patologías diagnosticadas—  estarán más afectados.

Tener en cuenta que esta situación es transitoria nos ayudará a sobreponernos a la sensación de falta de control que inaugura la incertidumbre. Tener alguna participación en algo de la imprevisibilidad del mundo nos centra en relación a nuestras potencias y aptitudes. ¿Cómo? Tal vez recordando las narrativas de resiliencia que, históricamente, a nivel colectivo hemos tenido desde las rondas de las Madres de Plaza de Mayo hasta las asambleas barriales.

Algunas preguntas que podemos hacernos en este punto es: ¿Qué historias vamos a escribir sobre la manera de afrontar esta crisis? ¿Cuántos esfuerzos ininteligibles vamos a hacer como sociedad para procesar esta experiencia y qué formas narrativas van a tomar? El lugar desde el que escribimos es el lugar de la mixtura, es también el lugar de la expectativa y el miedo, moderado pero real. Es el lugar del compromiso, de la experiencia compartida y por sobre todo, de la afectación.

                   
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