Cambiar el chip

Por: Tania Palencia Prado
País: Guatemala
21 abril 2020

Acepté escribir para RUDA un breve artículo que, en el contexto del COVID-19, se enfocara sobre cómo “nos organizamos las mujeres, entre letras, entre crisis”.  Les confieso que la única forma para mí posible de abordar tal mancuerna es acudiendo a la poesía misma. Después de la crisis tendremos tiempo para usar las letras con gran compromiso político sobre sus consecuencias, las que deberán enfrentar tres grandes nudos en juego: 1º. Cómo constituir territorios libres para crear sistemas de producción e intercambio que potencien las redes de la vida; 2º. Cómo constituir nuevos espacios, normas e instituciones públicas/colectivas funcionando para la salud y la diversidad; y 3º. Cómo instituir nuestro poder propio, personal y remontar nuestra incapacidad de valorar la interdependencia de todo cuanto existe. Pero me gustaría hablar de esto después, ya están cambiando en todo el mundo las relaciones de poder. Lo cierto es que hay que cambiar el “chip” desde adentro: ese es el nudo de esta civilización, nuestra idiotez, nuestra pérdida de sentido de comunidad, amarradas(os) como estamos a guerras, sometimiento y muerte. Hay que organizarnos para cambiar chips mentales y emocionales. Pero suplico ahora,  me permitan compartir con las y los lectores este poema que forma parte de mi libro Zoocomio (inédito), y en el cual algo se dice del complejo tema que me solicitaron:

Parábola de la sembradora

(Monólogo para teatro)

 

Telón arriba al día que pasó

¿Es esta la noble Tierra? ¿Quién la recuerda?

 

La muerte aquí la matan.

— En un susurro

 

De las calles vagabunda entro

vengo de pasos acosados viendo hacia atrás

en esta mano una candela y bajo el brazo

perdí la flauta vieja de arcángel veloz

señora del tiempo

disuelta en este olvido de locos

¿Dónde sembraré las flores si nadie las ve?

 

–Escuchen

–Me buscan

 

Me voy

llevo oculta esta semilla del campo verde que nadie quiere.

Está guardada en mi lomo como estrella que parece muerta. Así las ágoras que la acosaron y sus cabezas sordas no olerán el agua de su raíz.

 

¡Telón arriba señoras y señores!

me llevo su sangre germinal

arranco su cárcel con mi fuga

dejo por fin su historia

su vida es esta:

 

Se dio calor la campesina

cabía el sol en su sudor

y siendo su cuerpo su compañía

lo tocaba lo veía lo cuidaba

lo llevaba a correr como a los chivos lejos

detrás de los dioses y cerca del cielo

la campesina se hundió en barrancos de la Tierra.

 

Yo soy yo

decía terca como mosquito

tal fue la causa de su locura:

 

–¡Verse!

–¡Con ojos grandes!

–Escuchen

La muerte aquí la matan.

— En un susurro

 

Que su boca saludaba a la mañana

veía colores en la lluvia tibia que mojaba la milpa

que sus manos olían a parto de las semillas

que su cuerpo era libre de mal trabajo

que su vida era de ella de sus amantes de sus amigas

la estrella pequeña luna era tan solo un sol

y así cantaba.

 

Ninguna biblia ningún panfleto le enseñó a hablar

era maestra la campesina

dijo que llena estaba de canciones y que quería cantar

hacer lo que ella era para comer y vivir

cantadora de cantos y consejas

cargadora de sones.

 

La vida es una barca a la deriva, cantaba y se reía.

 

Trazó en la puerta de su casa

un rótulo dado a la mujer y una palabra vieja:

“me vendo”

¡y se vendió!: daba frijoles a cambio de consejos

gallinas a cambio de canciones y recibía limones

la necesidad es cabal de contagiosa

nace de sí

-sabe la estrella-

como el recuerdo y los olores.

 

— ¿Es esta la noble Tierra? ¿Quién la recuerda?

La muerte aquí la matan.

–Escuchen

–Me buscan

 

El mundo entero se dio al ejemplo con sus regazos de flores

daban huevos a cambio de tortillas

comunes en sus saberes

sinceras sus alegrías

sus sombras llenas de luz

sin desperdicios

gentes sin las vergüenzas

trashumantes migratorios caminaban

iban con su guitarra a pastar al mar.

 

¡No hicieron nada que es hacer tan peligroso!

comunas fueron para lo suyo dueñas

gente pescadora gente comedora

abonera con sus letrinas y sus parrandas

terrenal con sus entuertos pantanosos

de huertos y licores amistosos

acaso hedían

y un inventario común de buenas leyes caminantes.

 

Carpinteras albañiles panaderas

tejedoras mujeres y mujeres y hombres y mujeres y hombres y así y más

unos buenos… otras también

los sembradores.

 

¡A ella la campesina!

hecha de luz

¡A todos!

¡Los mataron a todos!

 

— Ella mi estrella la guardo aquí.

— ¿Quién la recuerda?

La muerte aquí la matan.

 

Rompió las tablas y los dineros

¡gran confusión!

porque caníbal su sociedad la sentenció

porque la muerte aquí se muere.

 

¿Dónde estarán? ¿se fueron todos?

¿las siemprevivas?

¿los ajos y las cebollas sus libros y sus canciones

sus duros trozos de pan?

¿todos se fueron?

¿se fue su tiempo?

ellos sembraban

ellos comían

cuentos contaban

ellos amaban

ellos cagaban

y sus conflictos pues allí estaban

ellos normales: ¡los ilegales!

 

— ¿Es esta la noble Tierra? ¿Quién la recuerda?

La muerte aquí la matan.

 

Ya no hay tambores

un solo golpe por mil es cada guerra y otra vez y otra vez de mil botas

las armas braman palabras

las guerras son de palabras

guerras legales

¡guerra en el teatro

el mejor teatro de guerra!

 

El gran telón de arriba al día que pasó

una mentira esconde

y otra vez y otra vez de mil botas cien mil pies al escenario rudo

 

— Silencio

 

las sombras de la guerra no se han ido.

 

¡Despierten!

vomiten todo lo que comieron

sus guerras comen las almas

comen la tierra

defecan sin bienestar.

Porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden

¿esa es su siembra?

¿de frutos que pudren a quien cosecha?

porque ni viendo ven y no oyendo nombran

y sus semillas engañan y sus caminos atrapan.

 

— ¿Es esta la noble Tierra? ¿Quién la recuerda?

 

Hay que saltar

en otros montes otros olores

otras cosechas otras semillas

otras palabras

dijo Crisanta, la campesina

en plena cara de la minera.

 

Yo me voy con su luz para otro lado

me llevo la flor que nunca muere.

 

–Aquí la matan.

 

                   
#AprenderemosAvivir #Arte #Coronarivus #Teatro

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