Aborto: una radiografía de un problema de Estado

Por: Prensa Comunitaria
País: Guatemala
30 septiembre 2020

La cantidad de casos de embarazos no deseados y de abortos en Guatemala sigue siendo alta, especialmente en niñas menores de 18 años, algunas recurren al suicido como una forma de detener un embarazo no deseado. Frente a la penalización del aborto las mujeres siguen realizando procedimientos de riesgo y en la clandestinidad, la constante negación del Estado por despenalizar el aborto y de dar acceso a la salud para las mujeres sigue provocando la muerte de estas, daños psicológicos y físicos por hacer uso de lugares y centros clandestinos.

En general hay poca información disponible acerca del aborto en Guatemala y su impacto en la vida de las mujeres. Se calcula que entre mujeres adolescentes y adultas podrían estarse realizando unos 65 mil abortos por año en Guatemala, según la investigación realizada por el Guttmacher Institute en 2006. Esto ocurre en un país en donde la violencia contra las mujeres sigue acrecentándose todos los días y el Estado continúa evadiendo el derecho a la salud despenalizando el aborto.

Un informe del 2006 reportó que al menos unas 180 mil mujeres en Guatemala registraron un embarazo no planeado, de todas ellas un tercio recurrió a un aborto, es decir, unas 60 mil mujeres al año, este dato fue confirmado por un trabajo de Sandra Sáenz de Tejada llamado “Embarazo no planeado y aborto inseguro en Guatemala”. Muchas de ellas en condiciones de clandestinidad, bajo procedimientos de riesgo. Todo esto en un contexto de penalización del aborto y de negación para garantizar mejores condiciones de salud y derechos a las mujeres.

La pandemia y el aumento de la violencia sexual

La crisis de salud provocada por la covid-19 precarizó aún más las condiciones de salud y seguridad para las mujeres en todo el país, el primer caso positivo se identificó el 13 de marzo, de esa fecha al mes de julio -los primeros cuatro meses de pandemia-, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) reportó 1 mil 486 mujeres que sufrieron violencia sexual debido al encierro y las restricciones impuestas por el estado de calamidad.

A esto se suma los toques de queda y las disposiciones presidenciales, este dato fue publicado en un reportaje de Mariela Castañon el 16 de agosto en La Hora. Además las autoridades del Inacif afirman que a pesar que los datos son parecidos a los del año pasado, las restricciones por la pandemia habrían limitado la capacidad de denuncia de las mujeres, por lo que las estadísticas podrían ser mayores.

“Aún no tenemos datos sistematizados sobre el impacto de la pandemia y las medidas de confinamiento en los femicidios o feminicidios, que nos permitan llegar a conclusiones sobre tendencias o hacer comparaciones regionales”, afirmó Yeliz Osman, de la oficina regional de ONU Mujeres para América Latina y el Caribe, a la cadena de noticias DW. A finales de julio uno de los viceministros de Salud, Edwin Montufar afirmó que Guatemala podría alcanzar 1.2 millones de contagios de la covid-19 para el mes de marzo de 2021, en un contexto de abandono de las medidas de prevención y contención de la pandemia y el levantamiento de las medidas.

Guatemala reportó 90 mil 263 casos positivos de covid-19 acumulados, de ese total el 40% son mujeres, esta información fue procesada por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) hasta el día 27 de septiembre, contrario a esta información oficial, el Laboratorio de Datos realiza un análisis alternativo de los datos de la pandemia cuyo resultado revela que desde agosto el país sobrepasa los 100 mil casos positivos y que el Gobierno sigue ocultando y restringiendo información, análisis publicado en su sitio web https://labdedatosgt.com/.

Podemos entender la situación del país empezando por los casos de embarazos en adolescentes, según el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (OSAR):

¿Cuántas niñas y adolescentes interrumpieron su embarazo? No lo sabemos, pero sí podemos entender mejor las cosas hablando sobre los embarazos en niñas y adolescentes y las diferentes formas de ponerle fin a un embarazo no deseado.

Embarazos en niñas y adolescentes: el tabú de enseñar educación integral en sexualidad

Cuando hablamos de derechos sexuales y reproductivos nos referimos a una serie de derechos contemplados en la constitución que deben garantizar el derecho de las mujeres y adolescentes a determinar cómo y cuándo tener hijos e hijas, a controlar sus cuerpos y su sexualidad, a acceder a información y servicios básicos de salud sexual y reproductiva y a vivir libres de violencia, según un estudio realizado por un estudio de investigación de FLACSO, estos derechos se ven restringidos por la falta de acceso e información.

De enero a mayo del 2020, los registros de embarazos en niñas son alarmantes, sólo en los primeros cinco meses del año se calcula unos 1,962 embarazos en edades de 10 a 14 años, este dato se multiplica 28 veces más en niñas de 15 a 19 años de edad, con un total de 44 mil 901 embarazos según el Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (OSAR), con información del MSPAS.

En conclusión de enero a mayo suman 46 mil 863 embarazos en menores de edad. El 26 de septiembre un grupo de mujeres denunció en la Plaza Central de la capital de Guatemala, que durante los primeros siete meses del año las autoridades de salud registraron 2 mil 289 embarazos en niñas de 10 a 14 años.

Los índices de estas investigaciones reflejan que a pesar de existir una carta de acuerdo entre el Ministerio de Educación — MINEDUC, con el MSPAS llamada “Prevenir con Educación”, dentro de las aulas hay puntos que siguen sin implementarse o sin fortalecerse como parte de la educación integral en sexualidad y promoción de la salud sexual y reproductiva como: la prevención del VIH, infecciones de transmisión sexual (ITS), embarazos de adolescentes, violencia sexual y otros temas relacionados.

“Necesitamos reivindicar los derechos sexuales y reproductivos, que se den en las escuelas educación integral y sexualidad. Esto implica, no solamente conocer el cuerpo y el ciclo menstrual, sino también las medidas de prevención de embarazos así como de enfermedades”, Walda Barrios-Klee Coordinadora del Área de Estudios de Género y Feminismos de Flacso.

En el estudio menciona la urgente necesidad del acceso a la educación sexual e integral de calidad y en el marco de un Estado laico, luego de demostrar de forma dramática cómo niñas, adolescentes y mujeres mayores no saben cómo funciona la reproducción humana. Pese a las demandas de las mujeres avanza en el Congreso de la República una iniciativa de ley llamada “protección de la vida y la familia” que en su segundo punto prohíbe la difusión de información acerca de la diversidad sexual y de género en escuelas y la censura a la discusión de otras formas de sexualidad que sean diferentes a la heterosexualidad. Ley impulsada por grupos conservadores.

La psicóloga costarricense Andrea Cuenca, coincide con Barrios-Klee que este problema de la educación sexual integral y reproductiva está fuertemente ligado a la iglesia y la religión que ha sido usada como una estrategia contrainsurgente, que trajo como resultado una sociedad retrógrada y fundamentalista que deposita la culpa y la responsabilidad en las mujeres:

“El problema que compartimos a nivel regional, es que hay una fuerte intervención de lo religioso, el patriarcado ha logrado poner en los ovarios de las mujeres el tema de la culpa, las mujeres nos sentimos culpables permanentemente por las decisiones que tomamos por nuestros cuerpos.”

Con Información del OSAR

Abortos clandestinos y de alto riesgo frente a la indiferencia estatal

Mientras el Estado deja de reconocer los derechos de las mujeres, adolescentes y niñas en su legislación y es deficiente en crear mecanismos para denunciar la vulneración de éstos y no garantiza estos derechos, según UNICEF más de 100 mil niñas y adolescentes podrían resultar embarazadas en 2020. Muchas de ellas e incluso mujeres mayores de edad recurrirán a abortos en lugares clandestinos, tomarán pastillas, plantas, utilizarán objetos e incluso atentarán contra su propia vida, para poner fin a un embarazo no deseado.

Según la OMS, los obstáculos para acceder a un aborto seguro incluyen:

– Restricción por parte de las leyes del país.

– Hay poca disponibilidad de servicios y tienen costos elevados.

– Estigmatización.

– Objeción por parte del personal de salud.

– Requisitos como autorización de terceros, pruebas médicas, asesoramiento obligatorio y periodos de espera para que los médicos decidan si se puede o no realiza un aborto clínico.

CASO ILUSTRATIVO 1

MARIANA, 18 AÑOS

Tenía un novio menor que yo, él tenía 15 aunque parecía de 19. Era mi primer año de la universidad y él apenas estaba en tercero básico. A nosotros no nos importaba la diferencia de edades, nos llevábamos bien y el sexo no era el centro de nuestra relación. Estábamos muy enamorados, o al menos eso parecía.

Resulté embarazada, lo supe desde el primer momento en que no me venía la menstruación porque yo era muy puntual. Me hice una prueba de orina, salió positiva. Compré otras dos por si había fallado la primera, y seguían positivas. Hice un examen de sangre y eso me terminó de convencer de que estaba embarazada. Pensé en todo lo hermoso de la maternidad, pero en el momento vi toda mi vida truncada. Y sobre todo la de él que era un niño. Yo no quería meterme en problemas legales, aunque la familia sabía que éramos novios, podrían acusarme ante su enojo y frustración.

No lo pensamos mucho, decidimos que abortar era lo mejor. Tomé el periódico y llamé al primer lugar que salió en un anuncio que ofrecía “solución a un embarazo”. Fui sola, mi novio estaba estudiando. El lugar era en la zona 8 de la ciudad capital, un lugar oscuro, sin rótulos. Estaba temblando del miedo. Me llamaron a una sala, me dijeron que no sentiría más que una molestia y jalones… lo que más me dolía en ese momento era el alma y la consciencia. No me dejaron más de media hora. Pagué y me sacaron. Iba mareada, temblando de frío, miedo y nervios. Estuve a punto de caerme varias veces. Esa noche tuve fiebre, estaba asustada, pero era mi secreto. Tuve cólicos y vómitos. No tenía un teléfono a donde llamar en caso de emergencia. Tomé algunas pastillas del botiquín de mi mamá para el dolor y antibiótico recetado por mí misma. Durante días me hice la enferma de gripe. Un día me paré. Luego pensé que pude haber muerto. (Entrevista Stef Arreaga, Prensa Comunitaria)

Según el artículo 134, si una mujer consciente que otra persona le cause o se cause a sí misma un aborto, puede ser sancionada de uno a tres años de prisión.

América latina es una de las regiones más complicadas para las mujeres, entre los años 2015 al 2019 la tasa de embarazos no planeados y aborto, se estimó en 32 por cada mil mujeres, con un 80% del nivel de incertidumbre entre las edades de 15 a 49 años. En contextos de mayores restricciones al acceso de salud y de penalización del aborto, en países como El Salvador, Nicaragua y Honduras está totalmente penalizado. El Salvador tiene penas de seis a doce años de prisión por practicar o asistir un aborto, del 2000 al 2014 han sido encarceladas 147 mujeres, en Honduras la pena es de tres a diez años de cárcel, y 14 mujeres han sido procesadas en los tribunales.

Los países que lo permiten únicamente cuando está en riesgo la vida de la mujer se ubica Guatemala, Ecuador, Costa Rica, Venezuela, Perú, Paraguay. En los casos de violación sexual de la mujer se le permite a la mujer el aborto en Panamá, México, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Colombia. Países como Bolivia y Colombia incorporaron el aborto además en casos de incesto. En Brasil, Chile, Colombia, Panamá y México las leyes permiten el aborto por inviabilidad de feto.

Solamente cuatro países en América latina despenalizaron totalmente el aborto, México, Cuba, Uruguay, el año pasado Argentina quedando a la espera que en 2020 esto se convierta en ley.

Abortos sin importar el nivel de acceso económico de los países del mundo

Si ampliamos la mirada a nivel global, las mujeres en el mundo en los últimos cinco años, sin importar las condiciones económicas de los países que habitan, sea legalizado o no el aborto en las legislaciones de esos países, estos siguen ocurriendo cada año. De 2015 a 2020 se calcula que ocurrieron unos 121 millones de embarazos no planeados y de todos estos, 73 millones de las mujeres decidieron abortar.

El 93% de casos de embarazos no deseados fueron registrados en países de bajos ingresos, de estos un 40% de las mujeres recurrió a realizarse un aborto. En los países con niveles de ingresos económicos medios, la cifra es de 66% de embarazos no deseados, de los cuales un 44% de las mujeres decidieron abortar. En los países con niveles de ingresos económicos altos, los embarazos no deseados alcanzaron un 34%, de los cuales un 15% terminó en aborto. Estos datos fueron proyectados por el Guttmacher Institute a julio de 2020, en la publicación Embarazo no planeado y aborto a nivel mundial, una hoja informativa que muestra estadísticas, cuadro de porcentajes y mapas sobre este tema.

Muertes maternas en cifras

Las mujeres que más muertes maternas registraron en Guatemala están entre los rangos de 30 a 34 años, seguidas por las de 29 a 15 años, según el área de Epidemiología del MSPAS, con información de la base de datos de los centros de salud durante el 2019. Las más afectadas por muerte materna son las mujeres indígenas, el MSPAS reporta que fallecieron en un 62%, seguida por las mestizas (ladinas) en un 30% y el 8% restante no se identificaron étnicamente.

El 58% de las muertes maternas se debió a hemorragias, el MSPAS registró solamente un 5% por aborto, un 18% por infecciones, 17% por hipertensión, un 20% por otras causas y un 1% restantes no se identificó la causa de la muerte en mujeres durante el año pasado.

La doctora Rossana Cifuentes [1], asesora de programas de salud hacia las mujeres, se refiere sobre las muertes por hemorragias que ocupan el principal porcentaje de muerte materna, estas corresponden a abortos espontáneos que ponen en riesgo la vida de la mujer.

“Estos casos deben de ser atendidos de forma inmediata porque las hemorragias pueden ser muy fuertes, a tal punto que le pueden causar un shock y provocarle la muerte. El sistema de salud pública debe atender estos casos, incluso existe el programa pos aborto en el área de Ginecología y Obstetricia para que puedan ser atendidas. Incluso si el aborto fue provocado, las mujeres deben de ir a un hospital, porque lo importante es salvar la vida de ellas”, afirma Cifuentes. [2]

Solo en 2019, el MSPAS registró 276 muertes maternas, de las cuales el 30% ocurrieron durante un evento obstetra, 25% sucedieron con una comadrona, 12% con médico general, 5% de forma empírica, 4% con un residente de ginecología, 2% por ella misma, 2% por otras causas y 20% restante aún no fueron confirmadas.

Suicidios: ¿causa de muerte materna?

Según la Organización Mundial de la Salud OMS el suicidio fue la segunda causa principal de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años y la segunda causa de muerte entre las niñas (después de las condiciones maternas) y la tercera causa de muerte en los niños (después de las lesiones en la carretera y la violencia interpersonal), afirma en una publicación de 2018. “una persona todavía muere cada 40 segundos por suicidio”, expresó Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.

“Las mujeres cometen suicidios en mayor porcentaje a edades tempranas (entre 11 y 20 años), en cambio los hombres cometen suicidios más frecuentemente en edad adulta (entre 41 y 50 años)”. Esto según un estudio en Chile sobre el suicidio (Egea, 2011:6). En el caso guatemalteco la OSAR afirma que la mayor cantidad de suicidios por embarazos son en departamentos como Quetzaltenango, Jalapa, Jutiapa y Chiquimula, el primero en el occidente del país y los otros tres en el oriente. Así fue abordado en el documento “Vidas silenciadas” Vinculación entre suicidio y embarazo en mujeres adolescentes (2009–2019), por Flacso.

Suicidios y violencia sexual

La OMS define que el suicidio es un fenómeno que involucran elementos psicológicos, sociales, biológicos, cutlurales y ambientales, todo esto de forma simultánea que se llega a convertir en un problema de salud pública.

“Vidas silenciadas, una tragedia de la que no se habla” es un estudio realizado por el Programa de Estudios de Género y Feminismos de Flacso-Guatemala, que habla de la relación entre suicidios y embarazos en adolescentes, mencionan a través de entrevistas a profundidad a adolescentes e informantes claves, testimonios de suicidio derivado de embarazos no deseados. Ana Lucía Ramazzini, socióloga, feminista, educadora y coautora de este estudio nos dijo: “realizar este estudio ha sido uno de los procesos investigativos más fuertes e intensos porque, como dice el título, son “vidas silenciadas” a partir de una compleja problemática de la que no se habla: el suicidio de niñas y adolescentes por embarazos no deseados, no planeados, forzados, derivados de la violencia de género. Cada una de las 14 historias que presentamos son vidas que fueron arrebatadas. La mayoría de las adolescentes de estas historias tenían sueños: querían seguir estudiando, trabajar, tener carrera, pero estos proyectos son truncados por los embarazos.

Según Ramazzini, la mayoría de las informantes eran madres y comentaban que era la primera vez que hablaban sobre la muerte de sus hijas.

¿Cómo puede haber gente que no mira el embarazo y el aborto seguro e inducido en estos casos?, se pregunta la autora Walda Barrios-Klee. Quien agrega: “La idea de hacer este estudio sale del primer estudio que realizamos llamado Me cambió la vida, porque las jovencitas afirmaban que querían morir, querían matarse porque no encuentran apoyo en el camino”

El embarazo en niñas, adolescentes y jovencitas, el aborto y el suicidio, son temas con un alto estigma social que recae en culpar a las mujeres que lo llevan a cabo, así lo dice Ramazzini. Quien menciona además, la preocupación del tema pues la sociedad machista y patriarcal sigue trasladando la responsabilidad de los embarazos a las mujeres y depositan en ellas toda la carga y culpa.

CASO ILUSTRATIVO 2

BLANCA, 15 AÑOS

Blanca estudiaba primero básico, tenía 15 años y era originaria del departamento de Guatemala. Era muy sociable, amaba la vida y era muy directa para hablar. Soñaba con estudiar ingeniería en sistemas en la universidad. Cuando su mamá se iba a trabajar, quedaba a cargo de todos los quehaceres de la casa y de su hermana de 13 años, fue quien la encontró ya sin vida.

Al morir, dejó una carta donde mencionaba que se sentía incomprendida, que su mamá no la había escuchado y que le había delegado muchas funciones, en la carta también le pedía perdón y mencionó que estaba embarazada y quién la había embarazado. También escribió que esa persona le había dado dinero y dónde lo había guardado.

Inicialmente se llevaron al hombre preso, pero la mamá quitó la denuncia. A Ana se le practicó una prueba de embarazo como parte del peritaje y se determinó que tenía 3 meses de embarazo. El abuso de este hombre fue constante. La mamá se enteró del embarazo de la hija hasta el día que se suicidó. Fuente: Flacso

En este sentido, la psicóloga feminista Andrea Cuenca habla sobre el cúmulo de situaciones que deben cumplirse para que una jovencita tome la decisión de llegar al suicidio frente a un panorama desalentador para enfrentar un embarazo:

Hasta el momento no existen estadísticas en Guatemala que mencionen el suicidio como parte de una causa de muerte materna. Aun así, la tasa de mortalidad en niñas de 15 a 19 años es alarmante. La mayoría son mujeres mayas. Pero aun así, sigue siendo una dificultad obtener información pública relacionada con este tema del que pocos hablan.

CASO ILUSTRATIVO 3

ROXANA, 22 AÑOS

Yo rechacé darme cuenta que iba a ser mamá. A pesar de que todos mis compañeros me miraran feo sabiendo que iba a ser mamá yo seguí yendo a clase. La mayoría de la gente te tacha como si tú tienes la culpa. Para mí fue difícil. Yo hacía de cuenta como si yo no tenía nada. Recibí muchas críticas de mis docentes y también de mis amigos. Yo estaba en básico. Me sentía rechazada en todo.

Fui víctima de una violencia sexual cuando tenía trece años. Estaba pequeña. Solo recuerdo que una persona me hizo daño. Me hizo creer que era mi papá, una figura paterna que yo nunca había tenido, que era una persona de confianza, una persona que uno puede llegar a querer. Lo quería como si fuera un padre.

Resulté embarazada. Mi niño ahora tiene nueve años y algunos meses. Para mí fue una decisión muy dura el decir, bueno, lo voy a tener porque prácticamente era una niña teniendo otro niño.

Me costó mucho hablar. En el lugar donde vivo la gente vive en otro mundo. Hablar de eso está prohibido. Todos piensan que tú tienes la culpa, que tú te lo buscaste. Lo que se podía hacer se ha hecho. Pero hasta la fecha no hay tribunal. El sistema de justicia en nuestro país es demasiado nefasto. Cuesta mucho poder lograr algo. Además, él era hermano del juez. Así que nos quedamos con las manos atadas.

Yo estoy a favor del aborto. Cuando resulté embarazada pensé que Dios me iba a castigar si quitaba la vida a mi hijo. El médico nos dio la opción, pero en mi mente no cabía la idea de volverme asesina. Quizás no entendía bien el concepto de aborto, era una niña, pero en mi interior no quería hacerlo. Así que le dije a mi mamá que quería tenerlo a pesar que me cueste.

Si tú me preguntas cómo era mi bebe de pequeño no me acuerdo. Yo bloquee todo. No tengo recuerdos de mi maternidad. La relación con mi hijo fue muy complicada. No estamos muy unidos por un lazo maternal porque yo por mucho tiempo lo rechacé, miraba a mi agresor en mi hijo y eso afectó nuestra comunicación. Por eso, ahora estoy a favor porque pienso que todas tenemos derecho a decidir. Tenemos el derecho de ser dueñas de nuestro cuerpo.

Además de todas las cifras anteriores, en el país se determinó que cada día al menos siete niñas se enfrenten a la maternidad producto de una violación, una cada 3 horas.

Frente a este panorama, el Estado de Guatemala, continúa justificando las razones por las cuales el aborto más allá de poner en riesgo la salud de la mujer no puede ser una opción dentro de su legislación. El Estado y la sociedad siguen poniendo a discusión lo que una mujer puede o debe hacer con su cuerpo.

Las cifras son alarmantes y los casos presentados solamente son un reflejo de la situación de muchas niñas, adolescentes y mujeres que diariamente enfrentan situaciones diversas que podrían llevarlas a decidir interrumpir o continuar un embarazo. Mientras tanto, seguirán recurriendo muchas de ellas a métodos y lugares inseguros que ponen su vida en peligro o incluso podrán llegar a atentar contra su propia vida como último recurso. Continúa siendo una preocupación que no exista información actualizada sobre la dimensión real de este problema de salud de las mujeres.

[1] Doctora Rossana Cifuentes, ex directora de la Asociación de Mujeres Médicas -AMM-. Esta asociación trabajó de forma paralela el modelo de Atención Post Aborto -APA- para el MSPAS con El Centro de Investigación Epidemiológica en Salud Sexual y Reproductiva -CIESAR-.

[2] Revista Ruda. Entrevista a la Dra. Rossana Cifuentes, Asesora de programas de salud hacia las mujeres. Jovanna García. Septiembre 2020.

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